piel de mujer

 

Las pasarelas de la moda, sin concesión a la idea que los hombres tenemos de la mujer, nos muestran un tipo de mujer a la que le han suprimido la carne. Probablemente las mujeres no tienen carne, que suena espantoso. Los hombres sólo vemos formas cuando miramos a una mujer. Los modistos, persuadidos de que sus modelos no tienen carne, lo que hacen es vestirlas de una piel manufacturada. Una piel que insinua formas sobre un espectro, un espectro que no tiene formas propias por carecer de ellas. El resultado es el que ellos pretenden: que veamos la piel que ellos han creado. Es como dibujar alberos en el cielo, nubes sobre el agua, oasis sobre los desiertos. Cuando el efecto desaparece, no quedan trazas; el cielo vuelve a ser cielo, las nubes nubes, la arena arena, y el espectro espectro. Y nosotros, los hombres, con la idea que tenemos de las mujeres, volvemos a ver formas. Porque no hay idea sin sustancia ni imaginación que no se deposite en la trastienda de la retina. Cierro los ojos después de ver un pase de modelos y sólo percibo que la mujer cambió de piel para ocultar sus formas. Un error. La piel de los modistos se evapora, sin ni siquiera dejarnos el espectro que la portaba.

 
 
 
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