el proceso del fin

 

El proceso del fin
Comienza un nuevo año, el 2005, y debería celebrarlo, como hacen todos, o casi todos. Los nuevos años vienen cargados de posibilidades y de promesas. ¿Hasta cuándo un hombre puede disfrutar de ambas? Tengo 66 años. Pareciera una edad que, eufemísticamente, se diría de plena madurez. ¿Y qué es la plena madurez? Puestos a definir tamaño concepto, diría: La sazón; más allá, y casi de inmediato, sobreviene la podredumbre. ¿Y cuánto puede durar la madurez plena? Bien, es aquí donde quiero pararme, antes de que me ilusione. Pero primero quiero intentar definir la “madurez plena”. Entiendo que, alcanzado ese estado, el hombre divaga menos, consolida unos cuantos principios por los que se rige, tiene una cierta capacidad de autocrítica que le permite no cometer errores de bulto y, sobre todo, ya no se hace ilusiones. Ilusionarse es un estado de debilidad mental. Una mente fuerte sólo vive de realidades que ya posee o por las que trabaja. En este sentido, y bajado de las formulaciones teóricas, yo dispongo de algunas realidades: mi entorno familiar y mi entorno anímico. En relación a mi entorno familiar, digo que vivo inmerso en él, sin que yo tenga ya capacidad para modificarlo en ningún sentido. Podría, tal vez, ayudar a sostenerlo en el status actual, que me parece bueno Bien, en este sentido creo que simplemente ayudo, sin mayor mérito por mi parte. ¿Y del anímico? Aquí, cuando el hombre se lo plantea, sólo puede recurrir a un voluntarismo las más de las veces ineficaz. El ánimo va y viene y hasta tú eres el primer sorprendido. Bueno, porque hay ocasiones que, sin tu advertirlo, alguien te dice: te veo bajo de ánimo. Es entonces cuando te das cuenta de que es así, que estás apático ante casi todo. Pero lejos de buscar impulsos nuevos, o viejos eficaces, lo que haces es reconocerlo y hasta quererlo así. No le ves negatividad alguna, hasta te complace que los demás lo hayan advertido; es como tu venganza personal ante el declive de tus impulsos vitales; es como decir: ya no me importa nada. ¿Qué puedo decir en concreto de mi estado anímico? Lo que decía antes: va y viene. Por va, quiero decir que se va, me deja inerme ante mi realidad. Y por viene, lo que quiero expresar es que, a veces, debido a mi debilidad mental transitoria me abandono a una ilusión, y hasta parece que la vivo y disfruto. Cuando esto sucede, me olvido de casi todo lo que es accesorio a mí y me sumerjo en esa nube de ensoñación que me acoge incluso en estado de confortabilidad. En definitiva, algunas cosas que son tangibles y otras que son evanescentes es lo que conforma mi plena madurez. Pero lo trágico de todo esto es que las tangibles pueden durar toda mi vida, mientras que las evanescentes terminarán disolviéndose como volutas de humo. ¿Qué haré cuando eso suceda? Supongo me aferraré a las realidades tangibles y cerraré para siempre la puerta de los sueños. Vegetaré, sería la definición.

 
 
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