¿Qué fui y qué soy?

Aun tengo lucidez para conocerme. Tiempo atrás, ese conocimiento estaba, en ocasiones, embarrado con ilusorias imágenes de hombre pletórico de satisfacción personal. Nunca me puse a prueba públicamente más allá de algunos escritos que confesaban mis verdades y también mis mentiras. El reflejo público era engañoso y el primer engañado era yo. Pero me ayudaba a vivir en la burbuja que me ponía al abrigo de las frustraciones. No suponía que llegaría el momento en el que las imágenes auto creadas dejarían de venir en mi ayuda porque los espejos los rompería el tiempo. Todo hubiese sido diferente si yo hubiese sido comedido con aquella euforia, hoy, en una transición brutal, ya no tengo espejos en los que mirarme travestido de alegre payaso capaz de embaucar la mediocridad de mi público. Tómese mediocridad como capacidad media para separar el grano de la paja, y no un calificativo de inferioridad; todos somos mediocres en tanto que no somos genios.

¿Por que digo que aun tengo lucidez para conocerme? Tampoco se trata de un esfuerzo por parecer humilde, si concluyo que hoy me veo con capacidad inferior a la media. Quizá el desgaste ha rebajado todas mis capacidades otrora aceptablemente en el límite. Cada día entro en bucle que repite mis vivencias ya sin ilusión. Sin contar con la sensación de que la muerte, si no es fulminante, se va produciendo lenta pero sin pausa ni retroceso. ¿Sólo me sucede a mí? No lo creo, sí sólo somos fisiología, hoy por hoy no existen máquinas perfectas, y ni los lubricantes más refinados impiden el desgaste.

Entrar en un diagnóstico explícito de lo que me sucede, todavía puedo ocultarlo mientras la ocasión no me obligue a ser descubierto. Y salvo que me falte también el criterio, voy a no asumir ese riesgo.

¿Somos Ícaro?

Muchas historias de la mitología griega son un recorrido por la ambición humana. Pero la historia de Icaro es un paradigma. Y lo es porque ninguna historia podría aplicarse mejor a ese afán del hombre por alcanzar metas, en muchas ocasiones, inalcanzables. En ese empeño no se nos ocurre acercarnos al sol pero casi. En ocasiones emprendemos vuelos temerarios que nos devuelven a la realidad de forma traumática. En otras alcanzamos las metas que nos proponemos, muchas de ellas inaccesibles para el común de los mortales. Cuando esto sucede, decimos que hemos alcanzado la gloria, se nos reconoce la relevancia de lo logrado, se nos premia. Se nos llega a calificar de inmortales, aunque fallezcamos sin remedio.

Ícaro fue un estúpido que no escuchó la voz de la experiencia de su padre. Hoy hay muchos jóvenes Ícaros estúpidos que no atienden las advertencias de sus padres, de la misma sociedad escarmentada que les pone delante los riesgos de su ambición desmedida. No hay para ellos intermedio entre el todo y nada, alargan la mano para coger lo que desean más de lo que les permite el brazo, sin darse cuenta que arriesgan todo el cuerpo a meterlo en un callejón sin salida, en ocasiones en el abismo. A todo esto, nada de esfuerzo, su filosofía de vida es el hedonismo, el derecho que se arrogan a tener lo que desean sólo por desearlo. Dales unas alas para que vuelen ni muy bajo ni muy alto y ellos no tendrán en cuenta las limitaciones, forzarán esa alas hasta que se rompan, porque todas las alas tienen un límite.

Si leyeran el relato de Icaro, quizá dijeran: no podemos acercarnos al Sol, pero sí a las estrellas. Y en eso están.

Se acabó la fiesta

¿Celebramos el nacimiento de Jesus, o es un pretexto para tomarnos unas mini vacaciones, reunir a familia desperdigada, inflarnos a comer y beber, subir el azúcar en sangre y cantar rancios villancicos?

¿Y despedimos el año con esa payasada de las serpentinas, los matasuegras los gorritos de papel, las uvas (aquí en España), en una transición bacanal al año nuevo que empieza, como si al despedirnos de la noche vieja nos esperara una mañana luminosamente nueva?

En fin, dos ocasiones de hacer el payaso, perder la compostura y joder el hígado.

Por mi parte, nada más que reseñar, mis navidades me las pasé cocinando para la familia y unos amigos. En prueba de agradecimiento por mi buen hacer, los amigos me regalaron un letrero en lugar de estrellas Michelin. Helo aquí:

O sea, que mi casa lo han convertido en el CAFÉ DE PAPÁ. Son un amor.

Los chinos y la cara oculta de la Luna

Ellos sabrán del propósito de hacer aterrizar un robot en la cara oculta de la luna. Los chinos son bastante herméticos a la hora de informar sobre sus intenciones. Mientras nos las ocultan, los que nos somos chinos, no nos queda más remedio que intuirlas. A los árabes no les ha debido gustar ese logro de la TÉCNICA CHINA. En torno a la Luna, la medialuna y sus creciente, los árabes han montado su historia, su significado, su razón de ser bajo su influencia. Digo que este hito de la técnica no les debe haber gustado, pues es como dejar a la Luna con el culo al aire. A ver qué dicen, que algo dirán.

Para nosotros el poder ver la cara oculta de la Luna, en lo que los chinos nos la dejen ver, el significado lo fijamos en algo más prosaico. Ahora diremos: tanto tiempo ocultando el otro lado, y ahora unos hombres, (chinos por más señas), han descubierto que, como todo, tienes dos caras, la que muestras y la que ocultas. Ahora no podrás engañarnos con esa dualidad misteriosa y dejarás de ser interesante. Como humanos insaciables, intentaremos joderte por delante y por detrás.

El primer vuelo de la paloma

Me complace incluir este escrito de Annika, una jovencita norteamericana de 17 años invitada a pasar la Navidad con mi familia. Apunta maneras de escritora al convertir una experiencia, nada extraordinaria, volar, en un texto lleno de figuras literarias. La animo a que persista, el camino es largo, pero ya está en él.
Original y traducción

Flying

Por Annika

She flew. She looked down at the ant-sized people and flew. She zoomed through the sky and the people looked above but they thought nothing of it. To her it was the world. The icing on the cake. The prime cut of steak. 100 dollars of flight. 100 dollars of dreams. She was invincible. She flew like Zeus. With the power of the sky, she could bring down rain and thunder.

Bravo Zulu, her instructer praised. Nine letters that raises her confidence like the pitch elevates the plane. She was finally in control. Of the plane and of her life. She could and would do anything to get where she wanted.

Time ticked as she flipped, flathatted and flew. She was as free as a majestic bird. And she felt that way too. She finally soared out of the wretched net and into her unfinished nest. But she only had an hour of freedom until she had to land back on reality. But she knew that reality before this flight and after were two very different things. Flying was her heroin. And she shot up a little bit too much this time. She was now addicted to this dangerous drug. And she wouldnever break from it.

Traducción algo libre

Volar

Ella voló. Miró a la gente del tamaño de una hormiga y voló. Ella hizo un zoom a través del cielo y las gentes miraron hacia arriba, pero no pensaron en nada. Para ella era el mundo, la guinda del pastel. El primer corte de carne. 100 dólares de vuelo. 100 dólares de sueños. Ella era invencible. Ella voló como Zeus. Con el poder del cielo, ella podría hacer descender la lluvia y los truenos.

Bravo Zulu, su instructora elogió. Nueve cartas que elevan su confianza como se eleva del terreno el avión. Ella finalmente estaba al control  del avión y de su vida. Ella podría y haría cualquier cosa para llegar a donde ella quería.

El tiempo transcurrió mientras ella se volteaba, flotaba y volaba. Ella era tan libre como un pájaro majestuoso. Y ella también se sentía de esa manera. Finalmente se levantó de la miserable red y se metió en su nido sin terminar. Pero ella solo tuvo una hora de libertad hasta que tuvo que volver a la realidad. Pero ella conocía esa realidad.

Antes de este vuelo y después había dos cosas muy diferentes. Volar era su heroicidad. Y ella se elevó un poco demasiado esta vez. Ella ahora era adicta a esta peligrosa droga. Y ella  nunca podría romper  con eso.

2019 y el reloj de arena


El tiempo, inexorable, nos va marcando el reloj de la vida. No tiene minuteros ni segunderos, es como un reloj de arena que se nos dio lleno y se vacía continuamente, a unos le queda por pasar arena, a otros vemos que queda poca. Mientras esto sucede, nosotros estamos inermes, podemos detenerlo si lo rompemos, pero es imposible si nos limitamos a contemplarlo. Tampoco podemos ralentizarlo ni acelerarlo, podemos, sin embargo, invertirlo, volver atrás recordando, pero el reloj de arena también, en este caso, nos indicará cuándo comenzó todo para nosotros, ¿vale la pena? No sé, la nostalgia sólo  es un sucedáneo de vida. Podemos hacer algo que, sin ser un consuelo, sí reafirma una voluntad positiva que justifique la arena que nos queda: el carpe diem llevado sin nostalgia ni desespero. Si lo conseguimos, podemos romper el reloj de arena y guiarnos sólo por las estrellas del tiempo eterno.
Haced lo que podáis, queridos.
José

Cuento sin mala intención

En abril de 2019 me quedaría solo en casa. En mi cabeza comenzaba una especie de efervescencia sobre la oportunidad que me brindaba tal situación. Internet me ofrecía citas a domicilio. Me gustaba cocinar, disfrutar de una denostada soledad que a mí me atraía. Pero nada de eso me hacia sentir inquieto. Como un monotema recurrente, algo se fijó en mi cerebro: coincidiendo con la Semana Santa, ella estaría libre, le ofrecería pasar unos días conmigo. Si aceptaba, intentaría que me secundara en un deseo que siempre se había quedado en pensamiento. Íbamos a vivir juntos una aventura, no ya erótica, profundamente sexual, quizá algo más, vital. Mi casa por esos días la convertiría en templo de los asentidos. Contaba con mis limitaciones, las clásicas en un viejo versus una joven, pero aunque estuviese plenamente dotado, tampoco sería una perfomance nada original. Tenía que apelar a mi imaginación para que me diera pautas nuevas, no restrictivas para según qué edad. Y a ello comencé a dedicarle tiempo, porque improvisar algo así te puede arruinar el intento.

Si algo no encontré habitual en las prácticas sexuales, después de visionar múltiples videos porno, tampoco recordando películas o lecturas eróticas, fue de qué forma podía yo penetrar, a través de la vagina, todo mi cuerpo en el cuerpo de mi compañera de juegos. Esto, que parece una barbaridad, es la culminación del acto sexual. Cuando se penetra a una mujer, con tu pene, con tu lengua, con los dedos. Y ella goza en el intento, más cuanto más profundo, y tú te esfuerzas en llegar a lo más profundo, lo que está sucediendo es el deseo de penetrar y ser penetrada en la totalidad de los cuerpos. El orgasmo es la culminación de ese deseo, deseo frustrado por la incapacidad física. ¿Cómo, pues, superar esa incapacidad física y lograr que se obtenga la suma satisfacción de fusionar dos cuerpos que vivamente se desean?

No te retires cuando tu cuerpo se frustra en el intento. Abraza a tu pareja con fuerza creciente, hasta que sientas, hasta que sienta dolor. Los medios utilizados para abrir camino ya no sirven, fueron los adelantados en la exploración que acabó cuando el camino se cerró en angostura y se batieron en retirada. Ahora son los brazos los que protagonizan el intento, hasta que sus músculos se aflojen llenos de ácido láctico, de creatina, y si así no lo consigues, mejor caminar en solitario.

¿Le parecerá suficiente a ella? Lo intentaré, no dispongo de otros recursos que nos haga gozar intensamente y de forma inolvidable. Lo ya conocido se olvida, o se reemplaza.

Radiografía de un octogenario

Hoy he cumplido 80 años. No es que lo quiera recordar a mis lectores, por ver si tienen el detalle de felicitarme. De momento voy bien, son las 11 AM y van tres, una amiga y dos familiares.
A fuer de ser un pesado con esta matraca de los ochenta, se me ocurre que una radiografía no me viene mal, aunque sólo sea para ver la posición que ocupo en el universo. ¿Y qué sintomatología se puede ver en esa radiografía, que es una multicopia de otras radiografías que se hagan otros al cumplir esa edad
Veamos.
Creo que lo más sobresaliente es las pocas ganas que tienes de casi todo. Te observas y concluyes que lo que te queda por vivir, por gozar, por dejar algo que te sobreviva, ya no aparece en tu agenda. Es como si el querer no es poder, no te planteas nada, y si algo quieres reiniciar, revivir, ni ayudando a tu imaginación con un placebo consigues, si no algo notable, al menos algo medianamente digno.
Y no hay marcha atrás para recoger el testigo que se te escapó de la mano, la meta está cerca, a ella intentarás llegar aunque sea arrastrándote. Una estupidez notable.

Ocasión perdida

Ayer fui, como de costumbre, a hacer mi compra semanal al supermercado. Lo que no tenía previsto era encontrarme en la puerta a la rumana, disfrazada de mendiga, que siempre está allí, sentada en una esquina de la puerta, con la mirada llena del suelo y una mano extendida implorando caridad. Digo que no tenía previsto verla, porque estas cosas habituales no se gravan en la memoria, son como el mobiliario urbano que, inamovible, está ahí por si lo necesitas, siempre en el mismo lugar de la calle.

Empujando el carro de la compra me disponía a entrar en la tienda, cuando un sonido ininteligible me hace volver la vista al origen del mismo. Había sido emitido por la mujer que ya constituía para mí un accesorio conocido. Sin levantar la vista del suelo, extiende el brazo para acercarme más la mano, con la palma hacia arriba, una mano sucia, unas uñas indescriptiblemente largas y sucias. Apenas si se distinguían las rayas de la palma. Detuve mi caminar fijándome en las borrosas lineas por ver si podía adivinar algo de aquella mujer. La observación fue enojosa cuando, no percibiendo con claridad lo que pretendía, acerqué mis ojos a aquella mano. Imposible obtener una información medianamente concluyente. Tampoco podía dialogar con aquella mujer para confirmar o desmentir lo que apenas percibía en un ejercicio quiromántico de circunstancia. Fuese por la suciedad o porque la mano que observaba no tuviese lineas claramente definitorias, tuve el presentimiento de que ocultaba deliberadamente aspectos de su vida que podían no estar en consonancia con su realidad aparente.

La mujer no manifestó ningún desagrado al verme parado frente a ella, si esperaba algo más de mi que curiosidad. Y yo, frustrado en mi intento de obtener alguna idea sobre la que pudiese escribir en este blog, abandone la escena y penetré en el local.

Apenas si mantuve la concentración en lo que deseaba comprar o en lo que me ofrecían las estanterías. En mi cabeza, por más que lo intentaba, no podía pergeñar un esbozo mínimo de relato que, necesariamente, habría sido de ficción basado en las apariencias. Pero, ¿sería justo que lo hiciese? ¿Y si mis elucubraciones se excedían en considerar la vida de esa mujer el desecho que aparentaba? Era común que la mendicidad no siempre representaba la realidad que nos quería transmitir, y podía ser el caso.

Hoy, en mi ausencia de ideas que llevar a mi blog, escribo la crónica de una frustración. Porque frustrante es no poder conocer la realidad de una persona y ser consecuente con el sentimiento que te puede inspirar. Quizá me perdí la ocasión de encontrarme con un ser humano interesante que hubiese dado significado a la linea de la vida que está marcada en mi mano.

Nada

Me despierto inquieto. Son poco más de las 3 AM. Voy a la cocina. Tomo una bebida fría. Como unas galletas. Me enjuago la boca en el aseo. Orino. Me dirijo a mi escritorio. Me siento frente al ordenador de consola y lo conecto. Por unos segundo me quedo mirando los iconos del escritorio. Abro una imagen; es un rostro de mujer joven, la foto es de estudio, han resaltado sus ojos y boca. Es muy sugerente, y luego dicen que la mujer es dueña de su cuerpo. Es todo lo que puedo hacer y esperar de esa mujer, es ella la que me lo ha ofrecido. Le digo: “adiós, mi amor”,  y cierro la ventana, seguro de no haberla molestado. Abro Safari, mi navegador habitual. Abro un diario, otro y otro. Leo los titulares de portada, ninguno me invita a abrirlo y leer su contenido.Paso a otras cosa. El correo marca dos mensajes no leídos; son publicidad y los borro. Nadie me ha escrito, tampoco enviado un mensaje. 42 correos en la “Carpeta de no deseados”, que envío a la papelera sin mirarlos.Borro el contenido de la papelera. ¿Qué me queda por hacer en el ordenador? ¡Ah, sí, mi blog! Lo abro. En el escritorio  todo es viejo, sólo se actualiza  el cuadro de estadística. El mapa del mundo aparece impoluto, sin manchas de visitantes, quién va a entrar en mi blog a estas horas… Podían hacerlo desde Suramérica, allí viven con seis horas de retraso, aún no han ido a la cama. Consulto “Ayer”. “Bueno, esto es otra cosa”, me digo. América casi al completo, países exóticos, algunos de Europa, China, mi fiel chinita de todos los días. “Tengo que escribir algo para mantener vivo este blog”. Abro “Nueva entrada” , y en el título pongo “Nada”.

Escrito lo anterior, estoy de acuerdo con el título, Son las 5:10 AM, v vuelvo a la cama.

Son las 8 AM. Releo lo anterior, ¿vale la pena dejarlo? Y por qué no, “Nada” es algo.