Este mundo no es el tuyo

Los incendios, provocados por la mano del hombre, han asolado Galicia. Muchos seres humanos han sufrido y sufren las consecuencias. Lamentables todas. La foto muestra a una perrita que transporta a su cría calcinada por el fuego. El fotógrafo estaba allí.

Que esta foto se incruste a fuego en el corazón de los responsables, Pero también en todos los seres humanos, para que, definitivamente, despierten de su desidia y prevean hasta los límites de lo posible las consecuencias. La perrita no entenderá nada, a ella sólo le importa que su cría sigue siendo suya, y quizá intenta salvarla.

Me niego a hacer más literatura de este testimonio gráfico, cualquiera con sensibilidad podrá leer la tragedia con sólo mirarlo.

México: El cartel de la verguenza

Recibo este cartel de  la solaridad con Mexico. Cartel para enmarcarlo en el muro de la verguenza. Sí, porque con alguna excepción, lo que muestra es hasta qué punto algunas corporaciones quieren borrar su mala conciencia con aportaciones que las retratan como miserables. Las autoridades evaluan en más de mil quinientos millones los daños materiales causados por el seismo. Los 57 millones del cartel adjunto son un escarnio, una verguenza incalificable. Alguna de esas empresas que aparecen como benefactores, llevan obteniendo beneficios de México ,que me atrevo a fijar en miles de millones de dólares. Y habrán tenido que hacer cálculos minuciosos para ver en qué capítulo de imprevistos apuntan esas cantidades como pérdidas.

En fin, denunciar el escarnio que esto supone no pasarìa  de testimonial. Pero en mi insomnio crónico, quiero aprovecharlo para que mi testimonio hoy se lo dedique a ese querido pais que, como en tantos lugares de la tierra, a él, y sólo a él, le toca recuperarse de la tragedia. Luego, que no olvide.

No es un cuento

A veces, cansado de las noticias que me traen los seres humanos, previsibles casi todas, sintonizo una cadena de televisión que casi siempre habla de los otros. Los otros, digo, porque así le quito el carácter peyorativo que supondría llamarlos especies animales.
No voy a hablar de lo que somos capaces nosotros para procurarnos la supervivencia y de lo que son incapaces los otros para lo mismo. Son infinitos los testimonios a los que sólo les concedemos la categoría de normalidad. Qué es lo que la televisión me ha mostrado que alcanza la categoría de fantástico, sorprendente hasta parecerme increíble?

Una charca africana muestra una población de renacuajos sin apenas espacio para moverse. La cámara, en time lapse, muestra cómo gradualmente la charca se va desecando por falte de aporte de agua, mientras, a salvo, la rana macho, que debe ser el padre de toda aquella numerosa descendencia, observa. Los renacuajos están abocados a morir pronto si nada sucede. A la rana macho le queda poco tiempo para procesar cálculos matemáticos, mecánica de fluidos, el principio de Pascal y los vasos comunicantes, si quiere salvar a su prole. Ha debido encontrar la solución, la única posible, porque enseguida se pone a excavar. De un animal como una rana se podía pensar que no lo hacía siguiendo una pauta inteligente. Podía excavar un hoyo, arañar la tierra en una muestra de desesperación. No, la rana sabe lo que tiene que hacer y lo hace, como lo habríamos hecho los humanos, aunque quizá no todos.

Como el video es todo lo que esa rana se merece como homenaje, yo dejo de añadir más torpes palabras.

México 2

Remitido y transcrito.’


” Ojalá y esté equivocado, pero observo y leo miles de personas donando tiempo , dinero, fuerza y comida, sus bienes y herramientas, vi dueños de tlapalerías y ferreterías dando todo lo que tenían , gentee con tienditas y pequeños abarrotes regalando hasta el último chicle , panaderías de barrio regalando pan. Sin embargo vi un Costco , Walmarts vendiendo a placer , todo lo que la gente donó y ofreció de corazón, Home Depot sin regalar un solo clavo, un taladro o una barreta, al contrario ni un descuento dieron!!, ojalá y no se te olvide esto al momento de decidir a quién comprarle el día mañana, a los pequeños negocios que siempre estarán ahí, y te necesitarán para recuperarse o a los corporativos que solo le importa vender. Comparte si estás de acuerdo y ayúdame a hacerles llegar este mensaje a Costco, SAMS, Walmart, Home Depot.
Es un orgullo y un honor para mi tener el privilegio de haber nacido como mexicano…

Soy de ese país donde piden que ya no lleguen mas voluntarios, porque ya hay demasiados.

Soy de ese país donde la gente vacía los supermercados, comprando comida y agua para damnificados.

Soy de ese país donde los centros de acopio están llenos de víveres y tienen que enviar a los donantes a otros lados.

Soy de ese país donde no importa la hora, estamos buscando a aquellos que nos faltan.

Soy de ese país donde TODOS trabajamos hombro con hombro, sangrando las manos hasta que sea necesario.

Soy de ese país lleno de héroes sin capa.

Soy de ese país donde la gente ofrece comida gratis en las calles, hospedaje a extraños en sus casas y las empresas de telefonía sus servicios gratuitos.

Soy de ese país donde las madres le dicen, a sus hijos, ve y ayuda, eres mi orgullo.

Soy de ese país donde no solo aprendimos a cantarle, sino que le demostramos a nuestra madre patria que en cada hijo mexicano hay un soldado dispuesto a lo que necesite.

Soy de ese país donde veo a la gente dando toda su fuerza por los suyos y no vamos a parar.

Soy de ese país en donde no vamos a dejar a nadie atrás

Soy de ese país que se llama México.”

***

Recibo la anterior proclama de una amiga mexicana (omito el autor). Según la apreciacion del autor, los hombres, mujeres y niños se han volcado en ayuda a los damnificados por el terremoto, y hasta en elgunos casos de forma heróica. No así, las S.A. (sociedades sin alma) que más bien han hecho su agosto con el incremento de las ventas.

Bien, suele suceder. Cuando una tragedia nos es cercana, todos a una tratamos de paliar los efectos. Lo llaman solidaridad. Pero la solidaridad humana sólo es un subterfugio para sentirse uno bien consigo mismo. Es el caritas cristiano, dar de lo que nos sobra al que necesita de todo. Falta por ver cuánto de cáritas precristiano ha habido en la conducta de esos ayudantes espontáneos. Cuántos estarán dispuestos a acoger permanentemente bajo su manto protector a alguno de los que ya nunca más van a ver el horizote. Cuántos ofrecerán sus casas vacías a los que se han quedado sin techo.

Me parece estupendo lo que el escritor dice de sus paisanos. Yo le sugeriría que espere algun tiempo, el tiempo que diluye las emociones y vuelva a escribir lo que está viendo, incluso que diga lo que está haciendo él. Sólo entonces no tendré inconveniente en rectificar y aplaudiré al pueblo mexicano.

Yo he cumplido dándole publicidad, como pide.

 

México

Hace unos años, en plena efervescencia literaria, escribí el poema siguiente

 

México

Agua y fuego

Sangre

Historia y prehistoria

Sangre

Orgullo y pasión

Sangre

La tierra te abraza

Sangre

Tus gentes te aman

Sangre

El viento te besa

Sangre

La mar te fecunda

Sangre

Despierta, México.
 que te desangras

Son muchos tus enemigos y tú no haces nada

Mueve tu espíritu,
 reinicia la danza de tus ancestros

Ellos atraparon el sol con las garras del águila.

Tienes hombres y mujeres que forman tu alma.

Despierta, México, que  sólo te mata tu calma. (JDD 2003) .

Ante los trágicos acontecimientos vividos estos pasados días, me pregunto qué vigencia tiene ese sentimiento enmarcado en un ejercicio literario mas o menos logrado, a juzgar por las críticas.
Cuando un territorio, en el que una población que sufre y goza orgullosa de su identidad, se ve sometido a una prueba tan brutal como un terremoto en un alto grado destructivo, se infiere del poema que lo sucedido es lo que se merecen los mexicanos. Lo contrario, que la naturaleza, en un intento de compensar los desequilibrios en otras regiones menos favorecidas, quiere, así, mostrar su poder justiciero con ese castigo. Y que, en definitiva, ese castigo ha ido contra los mexicanos en general, y en particular contra los ancianos que dormitan en las solanas, contra los niños que aseguran su futuro preparándose en la escuela, contra los enfermos que ya penan por sus miserias, contra esas gentes innominadas que se levantan cada día con el único impulso de la supervivencia. No se entiende. Los creyentes deben estar muy confundidos con ese dios imprevisible. Los científicos, abochornados por no tener a mano los medios que anticipen el desastre. Culpables  las autoridades que no han impuesto los reglamentos para evitar que las casas sean como guillotinas para sus moradores.

Pero quién soy yo para señalar víctimas o repartir culpas? Además, si como parece seguro que México es indestructible como tierra aislada,  ( la destrucción del entero mundo sería explicable), sólo cabe pensar que lo mataría la calma de los mexicanos, al menos  haría, así, bueno el poema en su diagnóstico, y yo me lavaría las manos ante la tragedia.

 

 

jeda y jasida

 

 

 

 

 

 

 

Ay! mi jasida, estos tiempos modernos no los previó Mahoma. Tampoco nos impuso vestir el Burka, que es cosa de extremistas islámicos. Ya ves que yo no lo llevo, aunque a veces me siento desnuda con este shayla, que deja al descubierto una parte de mi cuerpo. Siento vergüenza verte así, desnuda, jasida mía. Que Alá te perdone y Mahoma te guíe por el buen camino.

Pero jeda, tú sabes que nuestro profeta sólo imponía llevar el velo a sus mujeres, y era para no sentirse perturbado continuamente por ellas.

Sí, jasida, así era, pero tu vas desnuda, una provocación para los hombres que te vean. La mujer mahometana sólo pertenece al hombre que la adopta como esposa, no hace falta que se exprese, es una consecuencia. El Paraíso que se describe en el Corán está concebido para el goce del hombre, sin mención alguna al placer de la mujer.

Pero, jeda, aún no estamos en el paraíso, quiero que mi cuerpo se beneficie del sol, del aire que viene del mar, que lo bañe la espuma de las olas. No veo por qué mi cuerpo ha de esconderse, si es, además, bello.

Claro, según tú, yo escondo el mío porque es viejo, arrugado y ha perdido la voluptuosidad que exhiben tus formas. Yo también fui joven y nunca mi cuerpo provocó deseos de lujuria en los hombres. La mujer encarna y simboliza el desorden con su poder sexual y seductor, armas destructoras del orden establecido, y en consecuencia un peligro potencial para el hombre y la sociedad.

Pues mi jeda querida, creo que, te voy a hacer caso, y desde ahora voy a intentar destruir el orden establecido, llevar al abismo al hombre que me observe y acabar con esa sociedad que ha hecho de nosotras , las mujeres, meros objetos sexuales a su disposición. Cuando sea vieja como tú, seguramente me pondré un burka.

Jeda: abuela

Jasida: nieta

España y yo

Qué lejos quedan los días del brazo en alto, pantalón corto, botas de cuero, camisa azul tatuada con el haz de flechas abrazadas por el yugo, y arremangada para la lucha. El Cara al Sol como canto de afirmación y el carné que me acreditaba como Jefe de Centuria del Frente de Juventudes, de La Falange, y como avanzado de la defensa de la patria, una, grande y libre. Era lo que había, lo que te permitía jugar al futbolín, al billar, a pasar un mes en un campamento premilitar con piscina y algo de hambre, a utilizar el campo de deportes y participar en torneos de atletismo. Podías renegar de todo eso, pero no existía contrapropaganda, y la oficial lo impregnaba todo. Eras, además, inocente.
La España de entonces era lo que había quedado de una sangrienta guerra civil, y no recuerdo si era una, grande y libre, como se cantaba, o era el resultado de un puzzle unido por remiendos mal cosidos. Era lo que había.

He vivido muchos años desde entonces, y la vida o mi propia inteligencia ha ido conformando mi pensamiento actual. Soy escéptico con cualquier verdad que tratan de imponerme, descreído con mis propias creencias, incrédulo con lo que parece evidente, indiferente a que el mundo gire en sentido contrario o se pare en la sombra, dudoso de querer o ser querido , ateo no sé por qué, receloso de mi propia verdad.

Ahora, en la España que sobrevive a sus padres y lucha por sobrevivir a sus hijos, una región, o si se quiere una parte de España quiere ser amputada del resto. Tenía creído que eso era cosa de los vascos, y si me dicen hace unos años, cuando visitaba habitualmente a mi hijo, estudiante en Barcelona, con vivienda propia, situada a la vera de Gaudi, que Cataluña iba a ser hoy la que pidiera romper la piel de toro y navegar sola, habría puesto en guardia mi escepticismo para negar tal posibilidad, pero sólo porque Cataluña me parecía la región con más sentido común de España, no porque resurgiera en mí una Falange redentora. Y hoy se está en eso, no sé si es verdad o mentira, y hasta me parece, por lo menos curioso, que este asunto me sea indiferente.

Quizá, por esta falta mía de compromiso, debería emigrar a otro lugar y olvidarme de haber sido español. Lo estoy pensando.

Luces de la ciudad

Chaplin, el maestro del mimo y del silencio, llena todo con sólo esos dos instrumentos y el año 1931, fecha en la que fue concebida esta obra maestra. Universal, en cuanto no es sonora, porque no era necesario. Considero un error que se hayan introducido algunos subtítulos, no hacían falta.

Y me ha hecho llorar. No el argumento, que podría encuadrarse en una historia sensiblera, y hasta previsible. Cada fotograma es un pellizco en el corazón. En ocasiones, la hilaridad que provocan algunas escenas, te da un tiempo para recuperarte, si no fuera así, el corazón desfallecería. Los dos personajes centrales, el mendigo y la violetera ciega son tan cercanos, que tienes la sensación de estar viviendo a su lado, aunque como comparsa en su extraordinario mundo. Lloras porque sus aciagas vidas te dan la dimensión del vacío que crea la soledad, y tú sientes ese vacío como propio.

Con el ánimo compungido se llega al final, y yo hubiese querido otra cosa muy diferente. Pero no es mi creación literaria y tampoco tengo intención de recrearla; mis palabras harían demasiado ruido y no sabría cómo lograr el silencio que hace de esta película una obra excepcional.

desaparecer y reaparecer

Estaba preparando mi muerte como el que espera coger un tren en un andén de estación. Lo veo venir lejano, en una recta que comienza en el horizonte. Aún tenía tiempo para hacer alguna reflexión. Una, que ya había sido recurrente, era que no me preocupaba la muerte sino desaparecer.
Pero desaparecer, haciendo una contrareflexión, no es grave si desaparecer no es para siempre. Y como el tren aún venía lejano, volví a reflexionar apoyándome en esa última. Suponiendo, me digo, que se reaparece, y se reaparece definitivamente para no tener nunca más que volver, ¿qué sentido tiene este periodo transitorio, en el que el tiempo es como una mueca en la infinitud de la eternidad? El tren seguía renqueante y podía seguir reflexionando. Lo obvio y siguiente era la otra posibilidad, que se reaparezca para volver a desaparecer. Si esto fuese así, ¿para qué volvíamos a reaparecer? ¿Para corregir los errores, para una nueva oportunidad? Podría ser, de hecho yo corregiría muchos errores que he cometido y también para esperar alguna oportunidad que no había tenido.
El tren ya estaba cerca y aún me quedaba una reflexión. Finalmente, me digo, ¿y si desaparecer es para siempre…?
El tren llega a mi altura, da dos pitidos, y pasa de largo, sin pararse. Bueno, me digo, este no era mi tren.

Luzi II

Pero Luzi no acepta su mala vida, su mala suerte. Ahora es así, no ha encontrado alternativa. No deja, sin embargo, de pensar que ella no ha venido a este mundo para ser una puta, pasto de buitres de medio pelo, asquerosos por dentro y por fuera. A veces piensa que su cuerpo no se presta a tener derecho de elección y no puede soñar con príncipes que se rindan a sus encantos. Si tuviera algún dinero ahorrado, podría ir a la peluquería, comprarse un vestido y zapatos bonitos, hacer una dieta rica en proteínas e hidratos de carbono que la metieran en carnes y buscar algún trabajo digno. Ella no siempre fue la mujer escuálida, desaliñada, mal vestida. Cuando hizo la primera comunión era una niña preciosa, de entonces guarda celosa algún recordatorio con la fotito en la que aparece vestida de blanco. También otra con unas amigas de la escuela, donde destaca su altura y su buen parecer. ¿Qué pudo pasar para que Luzi no mantuviera el proyecto de mujer, en línea con aquel primer boceto? Quedó huérfana a muy temprana edad, cuando todavía no había aprendido a volar sola. Una tía la acogió más por interés que por cariño. Se ganaba alojamiento y comida sirviendo a su tía, una mujer déspota que le exigía total sumisión a sus órdenes. Cuando no cumplía, a decir de aquella mujer, la dejaba sin comer.

Luzi, como tantas mujeres desorientadas, un día se escapó de casa de su tía. Un transportista de fruta la llevó a la ciudad a cambio de dejarse tocar y follar por el camino.

En la ciudad, Luzi pudo sobrevivir sirviendo como limpiadora, por horas, en algunas casas, mientras en su vientre y cuerpo aparecían los síntomas de la maternidad. Estaba embarazada. Sin duda el padre tenía que ser el transportista de fruta, pero ¿podía pretender Luzi encontrarlo y pedirle que compartiera la responsabilidad? Luzi pensó que lo haría. Visitó la entrada a la ciudad varias veces, quizá volviese a pasar por allí. No fue así.

Luzi parió en la maternidad de la Seguridad Social, en su condición de indigente. Una semana alojada allí y a la calle cumpliendo con el protocolo.

Había alquilado una habitación con derecho a cocina, que le suponía el gasto de la mitad de lo que ganaba limpiando. Pero a perro flaco todo son pulgas, y Luzi ya no pedía limpiar y cuidar a su bebe durante el día, la alternativa era dejar a su bebe en la cuna dormido y salir por la noche a buscar unos euros como fuese. Una compañera de piso se prestó a echarle una ojeada al bebé mientras se ausentaba. Ese como fuese fue probar con la prostitución callejera, el horario era el más flexible y le permitía, a la vez, ser una madre responsable.

Ya resignada aunque no vencida, Luzi un día salió muy temprano de casa, llevaba a su bebe en un carrito que alguien había dejado abandonado al lado de los contenedores de basura. Había tenido una idea. Recordó que el hombre de la fruta le había comentado que llevaba la fruta al mercado de mayoristas. Y allí se dirigió, no tenía nada mejor que hacer. El mercado estaba en pleno trasiego de camiones que entraban y salían. Luzi se situó a la entrada del recinto observando cada vehículo. La frecuencia de estos era menor a medida que pasaba el tiempo. “Quizá hoy no tenia que venir”, se decía Luzi a modo de consuelo y sin perder la esperanza.

Luzi siguió viniendo en sucesivos días, y cada día que pasaba su esperanza, que no era infinita, iba disminuyendo.
Uno de esos días, ya regresando a casa, un camión disminuyó la velocidad al llegar a su altura. Luzi miró a la cabina del conductor y se cruzó, también, con la mirada de éste. Se habían reconocido. Luzi con la mano pidió que parara y éste se paró un poco más adelante, en una zona abierta que no dificultaba el tráfico. Luzi aceleró el paso hasta llegar a su altura. Su corazón pugnaba por salir por su boca.
—Hola, Luzi, ¿qué haces tú por aquí? —Le dice sin salir de la cabina.
—Quería verte
—¿Para qué? No creo que aquel polvo fuese lo mejor que te ha pasado en la vida y quieras repetirlo.
—En cierto modo sí. No por el polvo, sino por las consecuencias, —le dice Luzi adelantando el carrito.
—Oye, ¿qué consecuencias? Yo soy un hombre casado, ¿no querrás liarme endosándome ese niño que llevas contigo?
—No pretendo tal cosa. El niño es tuyo, o tú eres el padre, y ahora que lo sabes, tú sabrás qué quieres hacer con él. Seguramente alguna vez pensaste que correrte dentro de mí podía tener estas consecuencias. ¿No quieres verle la cara? Quizá le encuentres algo parecido. Luego haz lo que quieras, no te preocupes, no te demandaré el reconocimiento de la paternidad.
—Pues bien parece que es eso lo que pretendes. Luzi, hacer eso arruinará mi vida familiar, ya tengo dos hijos y una hija, ¿cómo podría explicarlo?
—No lo sé, y tampoco sé bien lo que quiero que hagas. Creo que sólo quería que mi bebé conociera a su padre y el padre a su hijo. Parece justo.
Aquel hombre se bajó del camión y se dirigió al carrito. Miró al bebe. Se fijo en un lunar en la mejilla, el mismo que tenía él en idéntico lugar. Nadie lo hubiese considerado definitivo, pero para aquel hombre fue como un pellizco en su corazón.
—Está bien, creo que no me engañas, pero esto me supera, nunca pensé que me pudiera suceder. ¿Qué quieres que haga?
—Ya te he dicho a qué he venido, eres tú el que debes decidir. Si quieres, nunca más nos volverás a ver.
—Luzi, ahora estoy confundido y no sé qué decir. Deja que lo piense. Te prometo que haré algo. Dime donde vives.

Ese algo tardó en llegar. Luzi ya no pensaba en ello. Un día, una joven pregunta por ella.
—¿Tú eres Luzi?
—Sí, ¿qué deseas?
—Vengo a conocer a mi hermano.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.