¿Para qué la belleza?

En mi jardín ha nacido una flor, su progenitor-a un caztus trepador, o algo parecido. Anteayer era una bola, una preñez a punto de dar a luz. Como si tuviese reparo en ser vista , tuvo el alumbramiento por la noche. Al amanecer ya lucía espléndida. Me sentí abrumado ante tanta belleza que inundaba mis retinas, llevando por el circuito de mi sangre el mensaje que yo interpreté era de amor por mí. Mi corazón fue el primero en sentirlo, luego mi cerebró se preguntó por qué para mí. Quise tenerla en mis manos, pero me conformé con acariciarla; era más grande que la palama de mi mano. Podía hacerle un foto imperecedera, que miraría cuando me sintiese deprimido. Y así fue:

Buscando la transcendencia, definí la flor. Esa especie de cuchillos fueron en su momento los que la protegieron hasta llegado el momento de abrirse para mí el vientre que la contenía. Un vestido blanco la arropaba como se arropa a un niño recién nacido; así de sutil, así de delicado. En el interior todo lo que hace de una flor un ser vivo, que en este caso no supe interpretar.

Pasó el día y ya al final la encontré triste, alicaida. Pensé que estaría fatigada de dar gratis tanta belleza y a la que yo en nada contribuía. Quizá esperaba algo más de mí, como sucede en esos amores unilaterales entre los seres humanos. Pero como un ser humnano, esperé a que me comprendiera, enfundado en mi mi vanidad, y volviera a lucir para mí. ¿No era suficiente mi admiración? ¿No supo entender que tampoco ella tenía la exclusividad de mi amor? Me acosté y soñé que unos insectos se adueñaban de ella. Al despertar fui a verla. Quizá le faltó algo que no supe darla y apareció así:

Ya no volvió a ser la flor que admiré y amé. Sólo duró un día su intento de seducirme como ella hubiese querido, y terminó cayendo al suelo donde fuen engendrada. Guardo la foto, pero ya no es lo mismo; sólo el recuerdo.

Pareidolia

Pareidolia es un ilusión optica que procesa nuestro cerebro de una figura que creemos identificar como real. La figura naterior muestra las famosas caras de Belmez. Muchos años han pasado desde que las famosas «caras» despertaron el interés de los amigos de lo paranormal. Aún hoy continuan algunos erre que erre. Detrás de de todo esto sólo hay un hecho cierto: algunos se han lucrado de mentener vivo el misterio al que la Ciencia no le ha pretado nunguna atención para no perder su seriedad. Y como este caso ya histórico, otros han surgido y siguen surgiendo; detrás de todo, como digo, un montaje que los ingenuos asumen como real y pagan por ello.

Si yo me encuentro en el bosque esta figura

Mi cerebro comienza a buscarle un significado no natural. Se dirá que es mucha casualidad que el arbol tenga tatuada la figura de un rostro humano y comenzará a atribuirle un significado paranormal. A partir de ahi, es posible, incluso, montarse una historia que hasta puede ser difundida y crear polémica. Pero las polémicas se sostienen porque hay dos opiniones contrarias. Y ya tenemos los defensores y los detractores, que mantendrán sus posiciones a ultranza porque La Ciencia, no se ha interesado de esa ¨tontería» que ha calificado como una pareidolia.

¿Cuantas pareidolias más ocupan espacios en tertulias, libros, películas, etc. que mantienen entretenidas a muchas personas que, sin mala inteción, aceptan como «cosas del otro mundo?

El día que conozcamos del todo cómo funciona nuestro cerebro, muchas ideas se caerán atraídas por la gravedad de lo que en otro escrito llamo pensamineto vertical de lo real y objetivo. Mientras tanto, nuesto cerebro, misteriosamente, gusta de utilizar el pensamiento horizontal de la imaginación para entretener al personal que no se conforma con la realidad porque, dicen, la realidad está por descubrir.

No te encontré

Te busqué, te busqué en la luz y sólo vi un resplandor. Te busqué en las sombras y sólo vi un fantasma. Te busqué en la noche y sólo vi oscuridad. Fatigado, desilusionado, ya sin esperanza, te busqué en mis sueños y allí te encontré. Ibas y venías, suplantando la realidad, y yo pretendía que te quedaras a mi lado para siempre. Luego el sueño me dijo que para siempre no existe, que siempre se despierta y todo vuelve a ser igual. Y desperté. No era de día, ni al atardecer, ni de noche, estaba en otro universo del que tanto me habían hablado. En ese universo ya carecía de sentidos; no pordía ver, ni tocar, ni gustar en mi inesistente paladar, tampoco oir si me llamabas, era como algo que existe sólo en la imaginación, y me sentí afortunado que, al menos, me hubiese quedado la imaginación. Con mi imaginación te escribo, y hasta te puedo tocar, paladear, oir, ver el cuerpo que siempre soñé. Pero cuando quise abrazarte para retenerte, yaciste en mis brazos; habías muerto, y esta vez para siempre.

Recordando que escribí

A VECES UNO SE QUEJA TANTO DEL PASADO, QUE NO DISFRUTA EL PRESENTE Y EL ENSUEÑO DEL FUTURO. MI LO QUE SEA A MI NIETO NO PODÍA TERMINAR COMO TERMINÓ; NO TENÍA DERECHO.

Duerme, mi niño, la ausencia de presagios de tu lelo, las pesadillas que aún le rondan. Eres, durante el día, una feliz contingencia de lo bueno a lo mejor, y la ausencia del miedo a vivir que yo tuve en mi infancia. Duerme, mi niño, y sueña que los monstruos son buenos, que es  sólo jugar el  presente sin otros desvelos. Duerme, mi niño, que yo vigilo tu sueño para que  ese  insecto no perturbe tu calma. Porque nada puedo hacer en mi empeño de proteger tu cuerpo y tu alma de los males que sufrí de pequeño. Será por eso que sólo mis temores vislumbran presagios sin razón ni causa. Y no para mí, que ya sin pausa me sumerjo en la noche de mis terrores. Duerme, mi niño, y no escuches a este viejo que sólo cuenta cuentos de sus horrores.

Pero no, mi niño, no te voy a contar
tiempos pasados que aún me acongojan.
Esa vida que en ti empieza a rodar
lleva, sin duda, un mensaje de nueva alianza.
Yo, viviendo en ti, me permito gozar
de un tiempo nuevo, que no se me alcanza
si es poco o mucho lo que ha de durar,
sí, en todo caso, de ventura a ultranza.
Porque ventura es mi sangre morar
en esos tus ríos nuevos con sabia nueva
que riegan espléndidos tu cuerpo hermoso, no verme más el viejo lecho y la sangre vieja, pues renazco en ti y ya soy dichoso.
No te me asustes, mi niño, y buen reposo.
(JDD 2001)

El cabrero y Mark Twain

La joven Teresa era algo especial. No tenía amigas y, por supueso, tampoco amigos. Se pasaba el tiempo estudiando, leyendo, pensando; los amigos o las amigas suponían una distración para lo que ella llamaba «yo soy yo y mis circunstancias», frase leida en algun lugar y que la encontró afortunada para definirse.

Gustaba de pasear sola, siempre observando todo lo que quedada al alcance de su vista y resto de los sentidos, luego lo procesaba y lo incluía en su acervo personal, sin ningún tipo de duda. Quedó huerfana a tempan edad. Nunca fue a la escuela y mucho menos a la universidad, consideba que estas instutuciones sólo harían que su mente fuese direccionada segúan los cánones ya establecidos con el nombre de enseñanaza. Teresa creía tener un don especial para conseguir un conocimiento de su realidad y eso le parecía no sólo suficiente sino más provechoso para valerse en cualquier circunstancia que le presentara la vida.

Un día decidió salir de la ciudad donde vivía y adentrase en el campo con el prósito de estudiar la vida de otros seres ignorados por la mayoría de la gente.

Tomó su viejo vehiculo y, sin pensar en un lugar preconcebido, se adentró por un camino rural que, aunque de tierra, su vehiculo se adaptó a él sin contratiempos. Al comenzar su viaje, a los lados del camino había tierra de labor, con sembrados de estación, algunos pequeños arbolados que Teresa identificó como abetos, arboles que no tienen otro aprovechamineto que la madera, y a Teresa le sorprendió que aún no los hubiesen talado.

Muy cerca del arbolado, un joven pastoreaba una vientena de cabras. No causaban daño a los sembrados, era una zona de nadie. Teresa aparcó el coche a un lado del camino dejando expedito el paso para otros que pasasen por allí y se dirigió al arbolado, o quizá al cabrero.

El cabrero era un joven de parecida edad a la de Teresa. A medida que se acercaba, el joven que estaba sentado sobre una piedra, se volvio para ver quién era aquella persona que andaba por allí. Teresa no vio hostilidad en su mirada, y decidió acercarse él. Nunca había tenido a un cabrero tan cerca, quizá valiera la pena hablar con él si a ello se prestaba.

—Buenas, tardes, señor cabrero—le dijo al joven.

—Buenas tenga usted. ¿Qué le trae por aquÏ? — respondió y preguntó el cabrero.

—Nada en especial. Estos árboles con poca utilidad. Nunca hablé con un cabrero y me gustaría esta nueva experiencia.

—Pues usted me dirá qué quiere saber de mí. Los ärboles dan sombra en verano a las cabras. Ya ve lo que hago, saco a pastar a las cabras, las vuelvo al corral al atardecer, las que han parido las ordeño después de que alimenten a su crias y llevo la leche a una fábrica de queso que hay en el pueblo. Luego me voy a casa, hago la cena y a dormir. Asi todos los días, sin fiestas que guardar ni eso que ustedes los de la ciudad llaman vacaciones.

— Una vida sencilla, sí, ¿no tiene usted otras inquietudes?

—¿Inquietudes, eso que es?

—Me refería a que si no ha pensado que le gustaria hacer otras cosas?

— Mi abuelo fue cabrero, mi padre fue cabrero, yo no he conocido nada diferente a ser cabrero. Si vendo las cabras, no sabría que hacer con el dinero, lo gastaría y luego ¿qué?

—¿No fue a la escuela de pequeño? Aprendería a leer por lo menos, y no veo que tenga un libro para leer mientras las cabras comen.

—Sí, fui a la escuela hasta los diez años. Entoces vivía mi padree y era él el que sacaba las cabras. Mi madre falleció el día de mi parto.

—Vaya, lo siento, ¿quién cuidó de usted?

—Una hermana de mi madre, mi tía Luisa.

—Bueno, ya veo que la vida no le ha ofrecido otra alternativa. ¿Pero está usted contento?

—Como no conozco otra cosa, no sé si estaría mejor haciendo algo que no fuese esto.

—Lo entiendo. Pero ha pensado, al menos, que hay otras cosas que no son ser cabrero?

— Señorita, yo quiero a mis cabras, ellas me necesitan, sin mí no sé qué sería de ellas, sólo por eso no quiero otra cosa. Y usted, ¿a qué se dedica?

Teresa no supo contestar. En realidad ella no se dededicaba a nada pues había heredado lo suficiente para no tener necesidad de ocuparse a otra cosa que la que había elegido: pensar en sí misma y tener las ideas claras sobre su vida. No se reprochaba no haberse proyectado en la socidedad siendo útil en algún sentido. Ni era dependiente de nada ni nadie le pedía cuentas por no ser util de alguna forma para los los demás. Pero aquel cabrero le había dado una idea que de regreso a casa decidió poner en práctica. Se puso en contacto con una protectora de animales y se ofreció a acoger y cuidar en su casa a todos los gatos callejeros que le mandaran. Hoy apenas tiene tiempo para pensar en ella misma, por lo menos tiene en su casa veintitantos gatos, cuidarlos le ocupa todo el tiempo. Teresa ahora cree que su esistencia tiene sentido, ya todo lo demás que antes creía importante, ha dejado de serlo. Le faltó preguntarle al cabreo que pasaría con las cabras cuando fuese mayor y hasta muriese. Esa pregunta referida a sus gatos se la hacía ahora Teresa. Pero Teresa sí tenía respuesta a esa pregunta: dejaría todos sus vienes a una institución que se hicese cargo de ellos. Así de sencillo, a la vez que liberador de inquietudes transcendentes, inútiles por otra parte. Mark Twain había hecho buena su frase: “dos cosas son importantes para el ser humano, el día de su nacimiento y el día que supo para qué “

Ha nacido una estrella

Lady Gaga canta, ¿canta? No, es un lamento al que le ha pusto música. Traducción, aunque los lamentos son dificilmente traducibles. Aquí lo dejo, por si alguien al leerlo, siente que nunca voloverá a amar. ¿Y yo, participo de un lamento parecido? Tendría que definir qué es amar. Tengo ya muchos años, ha pasado mucho tiempo en el que esa frase «NUNCA VOLVERÉ A AMAR» tenía sentido. El amor se enraizaba para toda una vida, «hasta que la muerte nos separase», jurabamos porque lo sentíamos. Hoy, según mi parecer basado en lo que percibo, ya no es lo mismo. Se ama a tiempo parcial, ya no se cumple con el juramento. Al jurar se debe estar pensando» no hasta que la muerte nos separe», sino hasta que el amor se diluya en excusas de todo tipo. Da la impresión de existir más divorcios que casamientos. Se siguen casando por una cuestión de formalidad social en el contrato, contrato que no obliga a su cumplimiento cuando falla una clausula. Luego, con la misma facilidad, se firma otro, y otro con el mismo propósito de enmienda.

Pero no he respondido a la pregunta que me hacía. No recuerdo cuando el amor formó parte de mí ni cuando dejé de mar, lo que si puedo decir es que cuando mi esposa falleció, no pronucie «Nunca Volveré a amar». Ya han pasado algunos años y nunca he vuelto a amar. ¿Podía? No, mi amor nunca murió. Hablo en serio, no se rían.

Nunca Volveré a Amar

Ojalá pudiera
Pudiera decir adiós
Habría dicho lo que quisiera
Tal vez incluso habría llorado por ti
Si hubiese sabido
Que sería la última vez
Habría partido mi corazón en dos
Tratando de salvar una parte de ti

No quiero sentir otro roce
No quiero iniciar otro fuego
No quiero conocer otro beso
Ni otro nombre nombre saliendo de mis labios
No quiero regalarle mi corazón
A otro extraño
O dejar que otro día comience
Ni siquiera dejaré entrar la luz del Sol
No, jamás volveré a amar
Jamás volveré a amar, oh, oh, oh, oh

Cuando nos conocimos
Jamás creí que me enamoraría
Jamás creí que me encontraría
Acostada en tus brazos, mmm mmm
Y quiero fingir que no es verdad
Oh cariño, que te has ido
Porque mi mundo sigue girando, y girando, y girando
Y yo no sigo adelante

No quiero sentir otro roce
No quiero iniciar otro fuego
No quiero conocer otro beso
Ni otro nombre nombre saliendo de mis labios
No quiero regalarle mi corazón
A otro extraño
O dejar que otro día comience
Ni siquiera dejaré entrar la luz del Sol
No, jamás amaré

No quiero saber de este sentimiento a menos que seamos tú y yo
No quiero desperdiciar un momento
Y no quiero darle a alguien más la mejor parte de mí
Preferiría esperar por ti, ooh

No quiero sentir otro roce
No quiero iniciar otro fuego
No quiero conocer otro beso
Ni otro nombre nombre saliendo de mis labios
No quiero regalarle mi corazón
A otro extraño
O dejar que otro día comience
Ni siquiera dejaré entrar la luz del Sol
Oh, jamás volveré a amar
Amar otra vez
Oh, jamás volveré a amar
Jamás amaré
Otra vez

Del pensamiento vertical y el pensamiento lateral

Si con ese título buscais en Internet, os encontraréis con un sinfin de tratados sobre el tema, en conjunto o por separado. Me pareció interesante y me adentré en el bosque encantado. Abrí algunos enlaces y los leí por encima. Me quedé con las definiciones más simples: el pensamiento vertical es el el pensamiento basado en la logica; el pensamiento lateral es el pensamiento basado en la intuición imaginativa. Que ambos se complementan como un buen maridaje no cabe la menor duda. Un científico busca soluciones a los problemas que se plantea utilizando únicamente ( o preferentemente) métodos lógicos. Pero el científico desiste de seguir investigando cuando se topa con una contradicción, y espera a que, pasado el tiempo, otro científico despeje le camino. ¿Cómo pudo suceder si ambos siguieron procedimientos lógicos? Sólo cabe una explicación: el segundo científico echó mano del pensamiento lateral, de la intuición. Ese eureka que todos alguna vez hemos escuchado cuando se halla una solución inesperada a un problema, es eso, es el resultado de una intuición afortunada.

Lo dicho quizá no sirva de mucho. No he pretendido dar una lección magistral sobre algo que ya se han vertido ríos de tinta, y si lo expuesto no os dice gran cosa, podéis informaros ampliamente con Google. Para mí, una cosa sí me ha quedado clara: si «el saber no ocupa lugar», quiere decir que sigue quedando espacio para saber más.

La senda.

Caminaba yo por una senda nunca transitada y tampoco tenía información a dónde te llevaba. La única noticia que tenía era lo que se decía por la gente del pueblo: «que nadie que se adentró por ella había vuelto». Yo no creía en esas historias, ¿qué podía impedir regresar? Sólo admitía una posibilidad: que al final de la misma hubiese un precipicio por el que se caerían los caminantes, bien porque se les había hecho de noche y no lo veían o porque, voluntariamente, se dejaban caer con resultado mortal, en ambos casos. La primera era improbable, no todos habrían llegado al precipicio de noche, pero otros misterios más absurdos existen, así que no la descarté. Yo, teniendo en cuenta estas dos posibilidades, me decía a mi mismo: «si caminas con cuidado, y no siendo el suicidio algo en lo que estuviese pensando, no debo temer que yo no rompa el maleficio del que hablaban en el pueblo». Me empujaba la curiosidad, la información podía ser cierta y debía tener una explicación; era esa explicación la que me había hecho emprender esa especie de aventura.

Ya la tarde quedaba atrás y comenzaba a oscurecer. Pusé más cuidado en cada paso que daba adelante a fin de evitar que terminara allí mi andadura. Pensaba que aún siendo motivo de temor, habrían sido bastantes las personas que con sus pisadas crearon la senda, pero también muchas lo habrían hecho por el mismo motivo que yo: la curiosidad. La diferencia entre las supuestas personas que no regresaron y yo no podía ser otra que yo iba muy prevenido y dificilmente me podría suceder nada que me impidiera regresar.

Si cuento esto es señal de que he vuelto sano y salvo. En realidad no llegué al final del camino, así que no puedo asegurar si la senda terminaba siendo fatal o no terminaba nunca y las personas que no volvieron continuaron por ella indefinidamente; otra posibilidad que más bien era una fantasía. Fuese como fuese, las personas que me vieron llegar de vuelta me preguntaban qué había visto y cómo había conseguido regresar. Yo les dije que no había llegado la final de la senda y que, por tanto, no podía saber lo que había al final.

En el pueblo siguieron como antes, con el temor a algo que aquella senda guardaba en fatal secreto y nadie mostraba curiosidad por conocerlo.

Había pasado mucho tiempo desde aquella experiencia mía. Quise saber si ya en el pueblo alguien había regresado con la respuesta, así que me acerqué por allí y mi asombro fue grande, pues la senda había desaparecido. Los habitantes del pueblo la habían borrado de adelante hacía atrás, hasta los límites que consideraron prudentes y regresaron. La leyenda se fue desvaneciendo a medida que los más viejos del lugar fueron muriendo. Los que quedaron nunca supieron de nadie que hubiese desaparecido, así que a mi pregunta se encogían de hombros o me decían: «nosotros no sabemos nada, sólo las historias que contaban los que se fueron, si usted quiere saber si hay algo de verdad en ellas, deberá crear una nueva senda que le lleve hasta el final, y si no regresa, volveremos a creer en el misterio».

No lo intenté, de haberlo intentado, quizá sólo yo habría conocido la respuesta. Los del pueblo seguirían alimentando su fantasía, como sucede con la vida.

La inquietud

Conmoción, el alboroto, el desasosiego, la desazón,  abstinencia del abuso de drogas, hospitalización, ansiedad generalizada, fobias, pánico, trastorno de estrés postraumático, trastorno obsesivo compulsivo, miedo, desubicación, intranquilidad, zozobra, agitación, preocupación…

Palabras que pueden sustituir a la inquietud. Todas son importantes, porque impiden la quietud del espiriru, el sosiego del individuo que las padece. Todas superables. Pero he encontrado una definición que por si sola ya el ser humano se ve impedido de superararla. Se refiere a la:

«La inquietud fundamental que se define como la constante necesidad que tiene el ser humano, desde hace millones de años, de buscar una razón o esperanza para vivir y justificar su existencia»

Esta situación no admite postulados estadisticos; todo ser humano, en más o en menos, la padece.

La esperanza para vivir no es otra cosa que la inquietud ante la muerte. Y la falta de justificación de la existencia es ¿para qué he nacido si voy a morir». El individuo normal no tiene respuestas a estos dos postulados, de ahí que que padezca la llamada por alguien inquietud fundamental. Debe ser llamada así, porque todas las demás causas de inquietud son , de algún modo y como digo, superables. Si buscamos definiciones para intentar sustituir el desasosiego o la inquietud que nos provoca estos dos supuestos fundamentales, nos podemos encontrar que nos sirven sólo para comunicar nuestra tranquilidad al respecto, pero ya el solo hecho de buscar motivos que nos cuentan o que nuestra mente los instale en nuestro pensamiento, se debe concluir que esas personas viven en un estado de inquietud permanente, muy superior a cualquier motivo de inquietud que no sea fundamental. Y que nadie diga que vive en paz consigo mismo porque ha superado esas dos inquietudes con las que se nace y perduran hasta morir. El pensamiento puede ser una droga que adormece los estados de ánimo del individuo, pero este pensamiento no está instalado de forma fija en nuestro cerebro, es intermitente, de modo que la inquietud convive con los estados de tranquilidad. No existe ninguna definición de inquietud que se refiera a una cierta clase de individuos con el cerebro funcionando dentro de la normalidad; es a estos a los que me refiero.

Depresión.

Pensamientos suicidas o suicidio.

Vida después de la muerte

Escucho muy atento a las personas que están a favor de esta «realidad» ( no digo probabilidad porque son firmes en sus convicciones). Yo, escéptico, debo ser lo que dice un apostol de este tema, un ignorante desinformado. Por supuesto que no leo sus libros, siempre presentes en sus disertaciones, y quiza intente mover mi vergüenza y desee comprarlos para estar «informado». No, prefiero la vergüenza de ser un ignorante desinformado a dejarme llevar por lo que es una evidente propaganda de este señor. Por hoy no parece posible, pero llegará el día que inevitablemente sus libros aparezcan en PDF gratuitos en Internet, si eso sucede, quizá les eche un vistazo.

Bien, volviendo al tema del título, afirmo que no puedo afirmar nada al respecto. No me me valen los testimonios que, supuestamente, han expresado personas que o se lo contaron o estaban allí cuando sucedió. Me refiero a aquellos hechos que demuestran que hay vida después de la muerte. Si de verdad esto fuese como declaran, los testimonios serían millones, tantos como personas muertas por una u otra causa. ¿Qué razón hay para creer lo que declaran unos pocos, contrario al silencio de millones que despues de su muerte no dicen nada.? Serio, no escéptico para que no me llamen ignorante, manifiesto que quizá algun día se descubra que era verdad los que hoy son meras especulaciones de cerebros con neuronas que van por libre. Quizá ya no esté vivo para gozar de tan buena nueva, y como no puedo hablrar de mi posmortem, me limitaré a esperar. Hoy por hoy, trato de curarme de mi cáncer para retrasar en lo posible el obtener la información irrefutable de la que goce mi espíritu. Aprecio mucho lo que perciben mis sentidos y creo que en mi cabeza las neuronas está perfectamente haciendo su trabajo dentro de la norma.