Volver a escribir

Escribo de nuevo porque así es posible que no se pierda en olvido. Y escribo de algo que pensaba esta mañana, al despertar, en esos instantes en los que no estás seguro de incorporarte a la vida consciente. Ahora, ya en mis plenas facultades cognoscitivas, puedo discernir que en aquel momento de penumbra, las ideas que afloraban de mi cerebro tenían una razón de ser. Pareciera que algo que había hecho en mi vida no había alcanzado los objetivos últimos y que amanecía para que retomara aquella voluntad que suspendí hace algún tiempo: la de escribir. Siempre tuve pudor para definirme como escritor, que yo sustituía por la de “escribo”. Lo que puedo considerar nuevo es que esta mañana, como digo, me desperté con esa idea postergada de ser un escritor. ¿Para qué? Escribir es una tarea, ser escritor un oficio. ¿Cuándo escribir se transmuta en ser escritor? ¿Haber escrito cincuenta mil folios me permitía obtener un certificado de escritor? Esa era la cuestión que esta mañana me planteaba, y el para qué, debería ser la respuesta inmediata que obtuviera yo mismo o me propondría no volverme  a plantear.

 

Y es por eso que estoy aquí, tecleando palabras que fijan mi pensamiento. Perece pueril que tal asunto ocupe mis inquietudes del momento, teniendo motivos más sustanciales en qué pensar o desarrollar. Al final de este breve escrito no puedo haber caído en la tentación de que parezca un estudio complejo  o académico sobre estos dos conceptos, debe ser una especie de testamento ológrafo que cierre esa inquietud existencial del hombre por dejar las cosas claras en relación a su autodefinición como ser, no ya humano, sino como entelequia, definición ésta que cuadra más con la existencia irreal de nuestro paso por la vida.

 

¿Que he escrito, y mucho? Parece ser cierto. ¿Que fue en su momento una necesidad vital? Puede que no tanto, más bien fue la forma de justificar mi tiempo ocioso. ¿Qué alcancé la maestría suficiente para que lo que escribía fuese del agrado e interés de aquel al que llegaban mis escritos? Podría responderme que sí, aunque debo ponderar que mis escritos no llegaron a ser universalmente conocidos, por más que desde muchos países alguien cayo en mi página, no sé si por accidente o por voluntad propia. En definitiva, todo esto me hace concluir que cuando algo que haces trasciende a tu propia vitalidad y más o menos intensamente compartes con otros seres, dejas de ser una entelequia y comienzas a definirte como ser humano. No es para gritar: ¡eureka, por fin sé lo que soy! Pero sí para poder salir del armario y, aunque tímidamente, poder decir: soy escritor. Ahora deberé definir si en activo o jubilado.

Poemas viejos

¿Lo que hay escrito aquí abajo es poesía? Me da igual como se llame; si la poesía es sentimiento, algunas cosas podrían serlo por las lágrimas que derramé al escribirlo.

Odio la poesía
de las dulces sutilezas
la del amor sublimado
la del propio dolor
Te invoco, poesía
al desgarro de la vida.
Háblame si puedes
de cosas ignoradas
por el común de las gentes:
de un niño apaleado,
de un perro abandonado
de un pájaro que no vuela
porque tiene un ala rota.
Háblame si puedes
de un sueño interrumpido
por una realidad.
Háblame poesía
de las cosas sencillas
que me pasan ignoradas
o cállate como una puta
que no reconoce su oficio.
(JDD. 30-6-2001)

 

Mujer, me pides amor
como si se fabricara
en algún lugar de mi cuerpo.
Por qué no me pides pasión
si es lo único que siento…
Toma mi pasión, si quieres,
y llámalo amor, si lo prefieres
(JDD. 20-6.2001)

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Comunicado

Quierido lector:

Si últimamente has entrado en mi blog, habrás percibido que no tiene el formato que conocías. En efecto, éste en el que te encuentras es nuevo. Al igual que el anterior, también éste responde a la dirección www.josediez.com, y los contendos son los mismos. El cambio ha sido por una puesta al día, y espero te resulte fácil manejarlo.

Gracias por tenerme en cuenta…

José

Concisión

Se propone que el escritor sea conciso, que exprese la ideas con economía de palabras. Los cuentos deben ser concisos, siempre. Las novelas se pueden permitir mayores desahogos en aras al naturalismo y al realismo.
En la concisión del lenguaje hasta Guinness de los récords tiene el conciso más espectacular, como todos sus récords. Es una palabra de origen yagán (una población antiquísima de Tierra de Fuego): «mamihlapinatapai». De acuerdo a la definición que de ella dio René Haurón, este vocablo significa nada más ni nada menos que “mirar a otra persona a los ojos, con el deseo y la esperanza de que nos devuelva una mirada invitándonos a realizar juntos una acción que los dos estamos esperando pero que ninguno se atreve a iniciar”. Bonito, ¿verdad? Claro que lo que, supuestamente, seguía a esa expresión no tenía por qué ser tan esquemático.

He tomado la referencia de algún lugar en Internet. Es espectacular, sin duda ¿Podría intentar hacer yo algo así? De ninguna manera mi intento trataría de competir con esa cultura milenaria, pero un reto es un reto y allá voy.
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Se puede ver el significado en un de mis últimos escritos, no es difícil, dejo el reto al lector. Ah!, y prometo, en lo sucesivo, no ser tan conciso.

Julia y el poeta seductor

Julia es una joven tímida, tal que si un hombre la mira se pone colorada, y si la toca se pone lívida, envarada, como si esperara de un momento a otro el ataque de una cobra. Con esa disposición, no es de extrañar que le sucediera lo que a continuación se relata.

Julia busca en Internet sensaciones que llevarse a la entrepierna estéril, pasando, desde luego, por su corazón sensible, que es el que filtra todo aquello que es simplemente grosero.

Julia ha encontrado un blog buscando en Google por la palabra clave, “poeta inédito”. Los poetas consagrados no debe pensar que estén a su alcance, además de estar muy manoseados.

Julia pica con el ratón una entrada sugerente, se trata de quien se autodenomina “poeta para el desconsuelo”. Julia no atisba de momento el alcance, pero le suena a que ese poeta se dirige a ella. Entra temerosa en el blog,  y lo primero que fija su mirada es la foto del autor. Lo ve un poco desaliñado, pelo revuelto por done quiere, barba por donde le da la gana, camisa  con cuello aparentemente mal abrochada, pero la boca, eso sí, es la de un hombre capaz de hacer cualquier cosa con ella. Julia se pasa la mano por los labios intentando ocultar un suspiro. Julia saca una conclusión, quizá precipitada, se trata de un poeta auténtico, los poetas verdaderos no cuidan su aspecto externo, de tan ocupados como están de mostrar la belleza que ocultan.
Julia, seguidamente, busca esa belleza y lee el poema que el poeta a colocado al lado de su fotografía a modo de tarjeta de presentación. Julia lee mascando cada palabra, como si cada una de ellas proporcionara una delicada sensación. El autor de este escrito no puede sino constatar que se debe tratar de una sensación, sin precisar su etiología, sólo con ver a Julia morderse el labio inferior y cerrar intermitente sus ojos, deduce que debe tratarse de una sensación preorgásmica.

Julia termina de leer aquel aperitivo y se dispone a devorar todo el menú que el poeta le ofrece.
Han pasado dos horas de intensa lectura y Julia yace exhausta en su butaca reclinable, los ojos en blanco, el labio inferior, de su boca, sangrando y la falda remangada hasta la cintura. El autor de este escrito da por supuesto que el lector@a ya tiene una composición más menos exacta sobre lo sucedido, por lo que obvia los detalles.

Julia no pierde el tiempo. Una vez repuesta del trance, copia el enlace a un correo que el poeta ofrece, y llena de valor guerrero, se dirige al poeta en estos términos:

Mi admirado poeta. Quiero expresarte mi agradecimiento por haber puesto a mi alcance tu  maravillosa poesía. Jamás un poeta me proporcionó las sensaciones que he experimentado leyéndote. Espero que no te parezca una descarada si te digo que me gustaría conocerte cualquier día, a cualquier hora, donde quieras. Tu rendida admiradora

Julia

Y como era de esperar, al poeta, al que tampoco le sobran ocasiones, le falta tiempo para responder a Julia que se siente muy honrrado por tener una lectora tan entregada, y propone un encuentro para el día siguiente, a las 10 AM, en la cafetería del supermercado Carrefour, para desayunar juntos.

A Julia no le parece muy apropiado el lugar, habría preferido un lugar más romántico, pero también piensa que los poetas son imprevisibles y que el lugar era concordante con el aspecto del hombre, algo que a aquellas alturas bien debe ser considerado irrelevante.

Y se conocen. Julia está tan obnubilada, que es incapaz de ver en su poeta algo más que la música celestial que suena en sus oídos cuando habla.

Dionisio Multicapas, que así se llama el gran sueño de Julia, tarda una semana en llevar al huerto  a su más que entregada admiradora. A Julia le parece que no debe dar la sensación de ser una estrecha y tampoco facilona, así que va dando tiempo al tiempo. Un motel es el lugar donde consumar aquella especie de adoración exprés. El motel tampoco a Julia le parece lo más idóneo, pero acepta sin dudarlo los términos propuestos por Dionisio, en aras a descubrir la verdadera esencia del poeta.

Julia está expectante a la vez que excitada. Si aquel poeta es la mitad de lo que insinúa en sus poemas, el encuentro, en esta ocasión con todo incluido, puede ser de infarto.

Pero Julia pronto es presa de desencanto. No es necesario dar más esperanza a hallazgos ocultos que la hagan cambiar de criterio. Aquel poeta, desnudo, es incapaz de   llenar ninguna perspectiva, no ya poética, incluso prosaica. Julia, repuesta de su estupor, se viste ante la mirada incrédula de Dionisio,  y sale de la habitación si dar ninguna explicación.

El autor de este escrito no es capaz  de describir lo que a Jiulia le pareció determinante para romper el sortilegio que la palabra le había proporcionado, lo que sí puede decir es que la poesía y los poetas son, en la mayoría de la ocasiones,  esencialmente incompatibles.

Mi perro

Mi perro se llama Simba, aunque lo comparto con la familia y mi nieto se cree su dueño, mi perro ya ha elegido al lado de quién quiere dormir, a quien acude para esperar una caricia, a quién le trae cualquier cosa para pedirle que juegue con él. Yo no soy su dueño, soy su amigo, parte de él mismo, mi perro no comprendería su existencia si yo le faltara.

Hoy creo que le he hecho sufrir. Era día de limpieza general en mi casa y, lógicamente, Simba no podía estar por medio soltando pelos y llenando de babas el suelo mientras duerme. Yo le miraba al otro lado de la puerta de cristal que da a la terraza. El me miraba sentado, siguiendo con la cabeza todos mis pasos por la casa. A veces le oía quejarse, y yo no podía interpretar otra cosa que era su forma de pedirme que le dejase entrar, estar cerca de mí, rozarse y lamerme cualquier parte desnuda de mi cuerpo. pero debíamos ser consecuentes, Simba es un pastor alemán de raza grande, es como un pony, y debe estar lejos de querer ser un un perro faldero. Debería saber que aquel aislamiento no era para siempre, pero la mente de un perro no es analítica y obedece solo a impulsos volitivos, como define Lain Entralgo la amistad. Mi perro no quiere ser simpático conmigo, amable, quiere formar parte de mí porque ya siente que yo formo parte de él, esa es la amistad. Toda la mañana aislado detrás de un cristal y viéndome inaccesible al otro lado, debía suponer para él una realidad que no dejaba espacios para la fe en suponer que existía y que volvería a compartir espacio conmigo. Por qué me rechazas, por qué te aíslas?, se preguntaría.

Ya terminó la limpieza y Simba a vuelto conmigo, quiero decir a mi lado, y a mi lado yace dormido, llenando de babas y pelos el suelo. De vez en cuando miro el reloj para ver lo que falta para darle su comida. No es necesario, porque a las siete en punto se despertará y se acercará a mí, me lamerá y yo le diré, vamos, Simba, debes tener hambre. Por el camino, pensaré que es triste tener que dejarlo.

Los muros del silencio

Maldito silencio que construyes muros sobre simas insondables
Simas que te acogen y nunca te devuelven.
Y te callas, y no gritas que la vida es tuya y no se resigna.
Pero eres cobarde y  te resignas, o te resignas porque no era vida.
Sólo estabas fuera de la sima que se abría silente a tu lado.
Ahora contemplas lo que ha de ser por inevitable.
Y si te opones, el médico te empuja a tener confianza.
El está ahí no para poner barreras, sólo te invita a no asomarte.
O te ofrece cuerdas  para agarrarte.
Y que no sientas el vértigo que te atrae esperándote.
Lo que nunca comprenderás es por qué el muro de silencio
Que tu mismo construyes callándote.
Si desde el fondo de la sima puedes gritar que ese no era tu destino.
Aunque no te ha de servir para librarte, nadie te podrá llamar cobarde.

Creo que me estoy volviendo tierno

Un niño de siete años rompió la hucha de barro, recogió las pocas monedas que contenía y las metió en uno de los bolsillos del pantalón. Escondió los restos de la hucha entre unos matorrales y, muy decidido, se dirigió a una tienda. Allí vendían petardos y cohetes, aún no los habían prohibido, aunque sí los más potentes, que  sólo estaban a disposición de personas adultas. Con el dinero de la hucha, aquel niño compró un cohete y regresó a casa. En la habitación donde dormía había una mesa pequeña que le servía de escritorio para estudiar. Se sentó,  cogió un papel en blanco y un boli, y, sin dudarlo, se puso a escribir.

Querida mamá,  papá me ha dicho que estás en el Cielo. Quiero que sepas que he sacado muy buenas notas en el cole, y que  te vas a poner muy contenta cuando te enteres. Te quiero, mamá. 

El niño enrolló el papel escrito alrededor de la cañita del cohete y salió de su casa.

Y mirando al cielo, hacia allí lo dirigió. El cohete se perdió entre las nubes. Al otro lado debía encontrarse la madre de aquel niño esperando noticias.

De mí, capítulo 2

Pues  ya pasó. Fue una violación inodora, insabora e insípida. No me ha dejado ningún vestigio de dependencia. Pero,¿para qué ha servido? La doctora ha sido imprecisa, anfibológica. Tengo pero no tengo cáncer. Los informes médicos están escritos en un lenguaje sólo para entendidos. Ni en Google encuentro similitudes y explicaciones correspondientes, será porque soy un caso único. La doctora se acerca a mí cuando aún sigo bajo los efectos de la sedación. Me susurra, para no despertarme del sobresalto, que debo hacerme pruebas complementarias. A medio de estar consciente, interpreto que la colonoscopia no ha sido determinante, más bien determinante de que tengo algo que, por su naturaleza, habrá que someterse a una inspección exhaustiva. Biopsia y un TAC, luego ya hablaremos, termina la doctora diciendo.

Estas situaciones de verdad que acojonan  al más valiente, al más seguro de ser un caso fuera de lo común de los mortales. Y así estoy yo, valiente entre los valientes, seguro de que esas cosas no van conmigo, con el tembleque propio de la terrorífica duda, a la espera de un resultado, esta vez sí,  sin ambages, para bien o para mal.

De mí

De qué puedo escribir hoy? Es una obligación que me he impuesto, sugerida por mi neurólogo. El ejercicio de la mente es, si cabe, más aconsejable que el del cuerpo, y más cuando la edad ya comienza a dar señales de disfunción multiorgánica. El cerebro no es recuperable, sólo permite que lo mantengas en forma, no óptimo, pero utilizable aceptablemente. Hasta que diga basta, como el del amigo que glosé hace un par de días.

Hurgo en las ideas que flotan y no encuentro ninguna que merezca ponerme a la tarea. Paso, entonces, a mi peripecia personal, y ahí si encuentro un motivo. Me da pereza hablar de mí mismo, pero, en esta ocasión confío en que valga la pena.

Mañana, a las 10AM, me van a practicar una colonoscopia, y,  ya puestos, una gastroscopia.  Vamos, en el argot de las prostitutas, un completo. Pero eso mañana, porque hoy tengo que prepararme, como Don Quijote velando armas para la batalla tremenda que los siglos no presenciaron. No es para menos. Agua, caldos, zumos colados y unos polvos que, por lo caros, deben de ser de lo más eficaces, pues te obligan a llevar el water pegado al culo. Se trata de que mi desagüe esté limpio como los chorros del oro y el medico pueda ver en qué estado se encuentra. Lo peor es que voy preso de incertidumbre, pues este órgano es silente y no te avisa de lo que puede guardar para tu sorpresa o tranquilidad. El estómago ya es otra cosa, suele avisar con tiempo de cualquier anomalía, aunque te puede engañar con varias apariencias de disfunción. En fin, que mañana me enfrentaré a la doctora, porque es una doctora, y quizá le diga, Doctora, en tus manos encomiendo mi espíritu, tráteme con cuidado, soy virgen.