Me llamo José y escribo

Me parece que soy modesto en la apreciación de mis méritos literarios. Escribo, lo pongo a disposición del mundo y curiosos ocasionales y, directa y concretamente, a una docena de amigos. No puedo presumir de halagos numerosos ni menciones especiales, y, sin embargo, yo sigo escribiendo de temas variados, siempre cortos, ya hace muchos años abandoné escribir novelas de más de doscientas páginas. Supongo a nadie interesaron, pues ninguna fue premiada con una crítica mas o menos benevolente, generosa o indulgente. Pasarán a formar parte del cementerio de los libros insepultos mientras esta página siga abierta, que probablemente mi hijo la cerrará cuando muera, pues cuesta mantenerla. Hace muchos años, y lo mantengo, ofrecí a alguien no que tomara alguno de mis escritos, los copiara y los reprodujera bajo su nombre; lo que le ofrecí para no ofender su dignidad, fue que tomará alguna de mis ideas y las desarrollara a su manera. De lo escrito, si algo tiene valor, es la idea, que cualquiera con más destreza puede hacer de ella una obra meritoria. La persona en cuestión ya no forma parte de mis afectos, pero mi disposición se mantiene como si lo fuera. Esa persona es libre de despreciar mi oferta, sin dar explicaciones.

Habré cumplido con un deseo de esos que se tienen a muy temprana edad. Ser escritor es una pretensión fatua, me cuesta llamarme escritor; prefiero decir que escribo, como hago muros de piedra o cualquier otro oficio de los que no pasan a la historia. Casi prefiero que nadie hable de mí cuando me convierta en cenizas. Sea para bien o para mal, ya será tarde para cualquier desengaño o vanidad.

Pero sí tengo una curiosidad. El sistema de control del uso de mi página que utilizo me dice quiénes entran en mi página, no sus nombres, sí su procedencia y el IP. Algunos llaman mi atención cuando observo que son de China, de Japón, de otros países exóticos donde el español debe ser minoritario. Fieles a diario lo son de los países Sudamericanos, pero esto no me sorprende, de esos países guardo amigos, o amigos que lo fueron hace tiempo. También me sorprende, lo tengo dicho, que no hay día que dos temas no sean objeto de curiosidad : «Mi madre fue una puta» y «Cómo me hice maricón». Quizá supongan por los títulos que hablo en primera persona, cuando no es sino la historia de dos personajes de ficción. Lo sorprendente no es el morbo a que inducen esos títulos, lo casi imposible de creer es que esos títulos están entre cientos de otros menos atractivos, y encontrarlos es una tarea que me cuesta comprender que algún curioso sigue un indice interminable hasta que los encuentra y los abre. Siento decepcionarlos, aunque son para mí dos historias meritorias.

Hoy no tenía esa idea que provoca el que siga escribiendo. Tampoco sé cómo titular esto que he escrito. Pero algo tengo que poner en la casilla.

Soñar? Tal vez

P

Son las 9:37h y me dispongo a dormir. Tomo una pastilla de diazepan para que me ayude. Lo consigue en las primeras horas, 3.4. Me despierto, creo que tengo que vaciar la vejiga. Abro el teléfono y ojeo algunas cosas. Ahora todos o casi todos los periódicos online son de pago. Me da igual, también antes me limitaba a leer los titulares. Pero un titular llama mi atención: “ La NASA comunica que ya es seguro que hay vida en Marte”. Me gustaría leer ampliada la noticia, busco donde poder leerla pero no la encuentro . Me sorprende que de ser cierto no sea una noticia que con, carácter general, no aparezca en todos los medios de forma destacada. Quizá esperan se concrete. El sueño me vence, cuando me levante iré al water, me sentaré en la taza y abriré el teléfono.

En el periódico donde apareció la noticia no hay rastro de ella, en los demás tampoco. Deduje que lo había soñado. Ya no estaba seguro ni de mi existencia. Quizá toda mi vida no era otra cosa que un sueño.

La fascinación por lo imprevisible

No se puede precisar si era un hombre o una mujer; sí alguien con figura humana. No se sabe por qué tomó la decisión de encerrarse en una habitación de su casa, situada en una décima planta. Tampoco se sabe qué hizo que ordenara que le instalaran una puerta de máxima seguriad a prueba de apertura por intrusos. La cerradura bien podría servir para una caja fuerte. El ser que se encerró en esa habitación giró tres veces la llave, la extrajo de la cerradura y se dirigió a la ventana. La abrío, miro para abajo y debió concluir que la altura era suficiente. Acto seguido tiró la llave y siguió su trayectoria hasta que golpeo en el suelo, rebotando varias veces hasta que quedó oculta bajo la mata de un seto. Cerró la ventana y observó todo lo que había dentro de la habitación. En realidad no había nada que la convirtiera en una habitación amueblada con algún fin concreto; no había sillas, mesa, armario, cama, cuadros en la pared, sólo un lámpara que estaba suspendida en el centro del techo y una cortina semitransparente en la ventana que deslizó de un lado al otro. Dio varias vueltas en círculo tocándo con la mano las paredes e hizo amago de abrir la puerta con tirones en el manillar. La puerta ni se movió. Siguió dando vueltas sin dejar de tocar las paredes. Ya habría dado cien vueltas, que debió sentirse cansada o decidió que era lo que debía hacer: se sentó en el centro de la estancia adoptando la postura del loto, cerró los ojos y pareció entrar en trance de meditación profunda. No se sabe cuánto tiempo permaneció así y en qué consistió la materia de su meditación. No se sabe cual fue el final del ser que tan extrañamente se había comportado.

El que esto escribe tampoco sabe cómo seguir esta historia, darle un final feliz o trágico, tampoco tiene idea de por qué la comenzó. Si se hubiese tirado por la ventana y estrellado contra el suelo, el lector tendría derecho a pensar: vaya estupidez obvia que se le ha ocurrido a José. Pero Jose escribe para que sus lectores piensen, quizá hasta encuentren fascinante esta historia.

El lenguaje universal

Todos los sonidos que emien los seres vivos es una forma de lenguaje. Los humanos hablamos, y es un privilegio no siempre copartido. Las mútiples lenguas nos obligan a no entendernos o intentar aprender lo que llamamos idiomas. Pero tambien nos expresamos llorando, gritando, onomatopeyas, etc. Los animales, cada uno en su especie, tienen su lenguaje para comunicarse. A veces los humanos emiten sonidos muy parecidos a los del resto de los animales, tal es asi, que hemos aprendido, en muchos casos, a comprender qué quieren expresar, bien entre ellos o incluso decirnos a nosostros mismos. ¿Sucede lo mismo con las cosas inanimadas? El viento, la lluvia, las olas del mar, la Tierra misma, suenan con su propio lenguaje? Claro que sí. Por el sonido que emite el viento sabemos de qué viento se trata, de la lluvia igual, del mar si está en calma o embrabecido. Y así podríamos seguir con cualquier cosa. Pongo aquí un video de los sonidos que han sido captados por la NASA procedentes de diversos lugarses en el Universo. ¿Aterradores? Creo que este término es una licencia gratuita del autor del video, dudo que la NASA los calificara así. No los comprendemos, pero algo quieren decir que sabremos algún día

Con esto quiero decir que todo quiere comunicarse con todo y que deberíamos intentar llegar a comprender el idioma que utilizan entre ellos y porque también llega a nuestros oidos. Si formamos parte del Universo, no es admisible que nos consideremos unos privilegiados locales, con algún interés por comprender a los que viviven más allá de nuestras fronteras. Y por predicar con el ejemplo, yo creo saber interpretar los diversos sonidos de mi perrita, de mi gatita, así como ellas comprenden el mio cuando les quiero decir algo, de unos mirlos que anidan en los árboles de mi jardín en la epoca del apareamiento, las estridentes cigarras, etc. todos utilizan sus peculiares lenguajes para decir algo, llamar a las hembras, seducirlas, protegerse de otros enemigos.

No, no es exagerado decir que existe un lenguaje universal, es más, añadiría que existe un lenguaje para entendernos todos con todo. Lástima que también a casi todo esto le prestemos oidos sordos.

Guerra mundial Z

Es una película , y hay una secuela que anda por ahi, Guerra mundial Z 2, que aún no he visto. Pero ya la primera señala un mensaje claro: la humanidad está amenazada. No por una guerra nuclear total, aquí el protagonista es un virus, una vacteria, algo desconocido que ataca al ser humano y lo convierte en un muerto vivo, un zombi que ataca al resto de los seres aún no infectados, no se los come, los muerde y pasan a pertenecer a la nueva especie. Desolador. Brad Pitt es el héroe que salvará a la humanidad.

Para no pecar de spoiler, destriper, según la RAE, no voy a dar detalles de la peli, que recomiendo al que tenga acceso a Netflix. Me interesa, sin embargo, sacar una conclusión de lo visto en esta primera entrega: Cuando veo una película, no un documental, que presenta un argumento distópico, me pregunto por qué fue imaginado por los guionistas ( en este caso un libro como fuente), qué les hizo pensar a los productores que el tema podía ser interesante en el sentido comercial, qué mensaje pretendían dar a la humanidad con algo que se pasa excesivamente de cualquier supuesto catastrófico que acabe con ella. Para el sosiego que regalan a tanta incertidumbre sobre el devenir de la humanidad, en todas estas películas siempre dejan una salida a su supervivencia. Pero dicho lo que hay, cualquiera que vea una de estas películas no podrá evitar pensar que no por irreal pueda ser posible. En estos momentos tenemos una situación con la pandemia del coromavirus que hace unos años de haber aparecido, se pudo hacer una película imaginando la situación. Lo habríamos considerado exagerado, como exagerado nos parece Guerra Mundial Z. Y aquí está, sin que nadie se atreva a dar por seguro que la humanidad estará a salvo porque un héroe, una solución extrema consiga que el hombre, un puñado de hombres y mujeres elegidos, consiga repoblar una Tierra que el UNIVERSO diseño para perdurar más allá de la pruebas a las que es sometida.

Pero lo que sí parece inevitable, es que se acabarán las películas, porque no quedarán guionistas que las escriban.

Estar solo

Tengo, tenía amigos y amigas que voy perdiendo. No ha llegado la hora de mi funeral y supongo que tampoco el de ellos y ellas. Si la sensación que tengo es que, inexorablemente, me voy quedando solo, antes quisiera decirles, a ellos y a ellas, que que no les echo de menos, y no les echo de menos por una razón que me ha dado mi amigo Antonio en varias ocasiones. «Los amigos que dejaron de ser amigos, nunca fueron amigos». ¿Fui yo el que dejé de ser amigo y, en consecuencia, ellos y ellas me han abandonado? Pudiese ser. Soy difícil de entender cuando pretendo que se me entienda. Así es imposible crear empatías que conduzcan a amistades indisolubles. Pero si es así, nada puedo hacer. Yo también podría formular una frase al respecto: la amistad perdura aún cuando no se está de acuerdo. Pero sólo son frases para salir de la incertidumbre: son ellos, ellas o yo los culpables. El dilema me obligaría a tomar posición, pero la pretensión de ser yo el que lo decida me lleva a que el dilema sea emocional, afectando a dos aspectos de mi vida que son incompatibles entre sí: la soledad y el abandono Esto parece estar claro, si puedo discernir esos dos aspectos y niego una de las proposiciones. Por supuesto que no estoy en condiciones de elegir; ellos o ellas ya no están presentes para que me digan por qué me dejaron. Y yo me voy acostumbrando a estar solo, sin buscar explicación, porque no siento tristeza. La foto que acompaño Define perfectamente mi estado emocional.

Marvin ponce (@Marvinponce11) | Twitter

Tendría que definir en qué veces, pero las emociones no tienen definición.

El sueño y la vida

Son las 20 horas, ya estoy en la cama siguiendo mi costumbre vital, que es un ciclo universal para todas los seres vivos. Dormir. Sólo los humanos dormimos por la noche como hábito común. Las diferencias horarias hacen que no todos durmamos al mismo tiempo, esto supone que mientras unos duermen otros hacen guardia. La Tierra, así, permanece vigilante y vigilada.

Observo mis dos mascotas: mi perrita Lola y mi gatita Nia. Con ellas no va la cosa, duermen a cualquier hora durante el día. Y es entonces que me pregunto si el sueño de ellas es como el mío. Durante mi sueño mi actividad cerebral sigue funcionando, sueño cosas inconexas sin trascendencia alguna, todo sigue igual cuando despierto, no he hallado soluciones a ninguno de los problemas que tendré una vez despierto. ¿Qué me aporta el sueño? ¿Son un promedio de ocho horas baldías de cada día de tu vida? Y dicen los entendidos que son importantes, que si no durmiéramos moriríamos, que son muchos los procesos que regeneran el cuerpo y la mente durante el sueño. Ocurre igual con el resto de los seres vivos? Mi perrita y mi gata duermen mucho más que yo. ¿Significa que sus organismos necesitan más sueño para equilibrar el desgaste de sus vigilias? Aquí lo dejo, leo que es uno de los grades misterios no resueltos. ¿Para qué, entonces, seguir elucubrando sobre algo que pertenece a la desconocida existencia que llamamos vida?

Raquel y el cielo deseado (revisado)

Un ángel se hizo hombre por la gracia de Dios. De ángel sólo le quedaron las plumas en sus alas ocultas y un gusto por el amor  etéreo, angelical sería más propio decir. Los ángeles son espíritus puros, así que para hacerse perceptible a los sentidos humanos, se configuró como un apuesto joven, algo afeminado, pues no sabía bien de los gustos de la mujer con la que habría de encontrarse en la tierra.. Y fue la de una mujer de figura anémica, probablemente sifilítica, seguramente tuberculosa, desde luego con poca carne. El ángel, nada experto en amores carnales, la colmó de flores silvestres, de versos con rima asonante que no había preparado previamente, de suspiros porque le parecían propios del efecto primario que causa la presencia cercana de una mujer . Y claro, la mujer estaba encantada. Como le quedaba tan poca carne no tenía deseos libidinosos y, por tanto, no echaba en falta retozar, cuerpo a cuerpo, con aquel hombre, que para ella le parecía, nunca mejor dicho, llovido del cielo. Se llevaba las flores que le ofrecía a su pecho para arropar a su corazón cansado y frío; escuchaba sus versos como el que oye complacido caer la lluvia en primavera y se deja mojar para sentir su caricia; y los suspiros, ¡ay, los suspiros!, los hacía suyos como transfusiones de sangre vivificadora que le permitían inspirar un aire demasiado denso para ella. Hablaban, siempre hablaban. No comían ni bebían. Él le hablaba de paraísos, de cielos, del Padre Celestial, de ángeles, de praderas infinitas donde la tierra era una nube blanca como el algodón cardado, cubierta de margaritas. Ella, arrobada, dejaba volar su imaginación y comenzaba a danzar un vals, casi levitando del suelo, mientras le decía: amor, amor que me haces transportar a los cielos, antes ignotos, pero ahora perceptibles, ¿cuándo será el momento en que me lleves allí? Ya nada me retiene en la tierra, donde sólo te piden que te confundas con los cuerpos de los hombres para sentir esos cielos de que me hablas. Nunca supe de ellos. Los hombres me rechazaron siempre por mis pocas gracias.  Dadme esta oportunidad, ángel de amor, que ninguna mujer debe morir en sí misma para sólo ser pasto de los gusanos. Y el ángel hecho hombre,  volvió a su condición de ángel, la tomó en sus brazos, desplegó las alas ocultas y con ella voló hacia el infinito cielo.

La mujer se llamaba Raquel, y la encontraron muerta en un banco del parque. Los hombres, precavidos ante aquel despojo, provistos de máscaras, la retiraron de allí para conducirla al crematorio. Puede que su alma, digo puede, tuviese otro destino, pero de estas cosas nunca se sabe.

Maldito!

Duermo con intermitencias funcionales. Dos, tres, cuatro horas a lo sumo seguidas y me despierto inquieto. Intento otra postura y parece que me sosiego. Pienso que en algún momento mi mente entrará en fases previas al sueño REM, y volveré a soñar, es como pasar a otra vida. Siempre tengo a mano un sistema antimosquitos, esta vez observo que se ha agotado el líquido. Temo que en cualquier momento aparecerán y aprovecharán la ocasión para chupar mi sangre. Para prevenirme me tapo todo lo que puedo con el embozo de la sábana, pero siento que me falta el aire y descubro parte de mi cara, hasta la nariz. De pronto, lo que me temía. el zumbido característico de un mosquito penetra en mi oido hasta las profundidades de mi cerebro para procesar su ataque. Con una mano intento aplastarlo contra mi cara. Se produce un silencio que me anima a intentar dormirme; lo he matado, me digo. Pero antes de entrar en la ausencia de la realidad, el zumbido aparece. El mosquito lo intenta de nuevo. ¿Y si dejo que se sacie de mi sangre y me deja en paz? Pero soy alergíco a sus picaduras, la desazón que me provoca es el motivo principal del odio que tengo a estos bichos. Enciendo la luz, confiando verlo posado en la pared. Soy bastante habil en estos casos. Con la mano no conseguiría aplastarlo, volaría al sentir la presión del aire al acercarse a él, y lo perdería. Suelo utilizar la almohada para cubrir más espacio de su vuelo. No lo veo. Sabiendo que está vivo, no vuelvo a intentar dormirme, volvería a desesperarme con su zumbido y quizá con su picadura. Un ser tan pequeño, pienso, y con ese instinto de supervivencia que la consigue chupando la sangre, mi sangre. La curiosidad por este enemigo de mi descanso me ha inducido a estudiarlo. Es la hembra la chupadora, y la sangre les proporciona el alimento que leas permite desarrollar los ciclos de vida que les fueron diseñados. Es un animal curioso, curioso en el sentido que bien puede considerarse extraordinario. » los mosquitos tienen cuatro etapas de desarrollo en su vida: huevolarvapupa y adulto. Necesitan el agua para completar sus ciclos de vida, porque las larvas son acuáticas.» Está definición que tomo de la Wikipedia me sugieron dos pensamientos contradictorios: uno contradictorio con el otro. Todo ese proceso de desarrollo es sorprendente, cuanto menos. Me obliga a pensar que su vida es tan importante como la mía. Pero enseguida pienso que su vida está intimamente ligada a la mía, o la de cualquier animal con sangre caliente. ¿Fue un error de la naturaleza? Se dice que transmiten enfermedades, ¿qué razón se da para que existan? Trasciendo en las consideraciones que me surgen en mi vigilia forzada: la vida no es otra cosa que devorarnos los unos a los otros para que funcione. ¿Quién diseño tamaña monstruosidad? Mañana, sin falta, me proveeré de insectida; todavía, a algunos nos quedan recursos para luchar contra la lógica de nuestros pensamientos, la que nos obligaría a aceptar el derecho de todos los seres vivos a procurarse su supervivencia. O el mosquito o yo, no parece que sea un dilema. Lo tengo claro, maldito mosquito, no a mi costa.

Saber y conocer

Solemos presumir de saber; no lo hacemos de conocer. Parece que ambos verbos se refieren a una misma cosa, pero no. Cuando decimos saber de algo nos referimos a tener cierta habilidad para manejar algo que hemos practicado y aprendido. Cuando decimos conocer, nos estamos refiriendo a tener cierto conocimiento de algo, sin que ello suponga poder dominarlo, si la cosa lo requiere. Espero que quede claro, porque…

Voy a hablar de un tema que conozco pero no puedo decir que sé.

Llevo unos días , en esta ocasión con más interés que siempre tuve, sobre un tema que se presta a estas dos posibilidades: saber y conocer. Me refiero a la Física o Mecánica Cuántica. Que nadie deje de seguir leyendo, que si de algo puedo presumir es de que nunca me meto en jardines sin tener nociones de botánica. Estudié Física en el Bachiller y en dos cursos en la Universidad. De todo ello sólo me queda el recuerdo de que apenas si comprendí nada. Por entonces, hace sesenta años o más, no se hablaba de la física cuántica, quizá la filosofía.

Pues, nada, que sigo conociendo del tema sin saber de qué trata. Los científicos de hoy parecen saber mucho del asunto, pero los más humildes se atreven a asegurar que no conocen cómo funciona. Esta paradoja me sirve para que yo siga afirmando que conozco de qué se habla cuando se habla de la mecánica cuántica, pero me acojo a la humildad de los sabios que dicen no saber, por ahora, cómo funciona un asunto que no parece tener pies ni cabeza en los esquemas de la física clásica.

Y como esto, otras muchas cosas que conocemos de oídas o estudiadas, sin saber si son ciertas, aunque las defendemos como dogmas de fe, ese recurso que nos sirve para seguir siendo unos sabios ignorantes.