Whiplash

El titulo no dice de qué puede ir mi refexión y el propósito de la misma. Es el título de una película. Quizá porque el argumento debía tener un motivo concreto. Whiplash es una pieza de jazz muy complicada. Los músicos que la interpretan son grandes músicos que intentan la perfección.. Interpretarla es un reto lleno de esfuerzo, dirigirla es adoptar el cruel papel del que no acepta errores a sus músicos. Quizá no es necesario llegar a los limites que muestran los personajes de la película, pero ese es el fin que persigue. Ser los mejores en cualquier oficio no es sólo esfuerzo, inteligencia y aptitudes, es, principalmente, marcarse la meta de ser el mejor. Peros esa meta no es alcanzable o, con seguridad, cercano a ella sin una gran dosis de sacrificio. En la película se ve todo eso y confieso que me ha sorprendido. Una conclusión que he sacado es que productor, director, actores tuvieron al hacerla que llevar hasta el extremo sus misiones respectivas, y lo consiguieron. Por eso la película llegó a ser una de las mejores, por eso ha sido premiada con todos los premios que se otorgan a este séptimo arte y a los que la hicieron posible, seguro que con sangre, sudor y lagrimas.

Siendo la perfección aquel estado que consideramos insuperable, no se debe dejar de tener en cuenta que, para ser exactos, la perfeccion siempre es relativa. Para hablar de perfección se ha de contar con un arbitro perfecto que la juzgue y la determine como tal. Y es aquí donde entra el concepto relativo. porque ese arbitro deberá ser perfecto e, igualmente, su perfección será relativa. En la película se nos quiere mostrar ese arbitro perfecto, obsesivo con la perfección, capaz de exigir a sus músicos la perfección más allá del límite. Para que no quepa duda, su brutal exigencia a los músicos que dirige, le convierte en un tirano. Sus métodos son crueles, invasivos que llenan por completo la personalidad de aquel al que se dirigen o aplican, y lo transforman en un avatar perfecto, sírvase de cualquier método, incluso inmoral. «Estás acabado», se le dice si no ha alcanzado el propósito del que lo crea, y la resignación, y hasta el suicidio, se sigue en aquel ente muerto, muerto en cualquier caso.

Perfección, la autosuficiente lleva a un estado de autocomplacencia con ausencia de espíritu crítico; la exigida por un árbitro exigente, sólo lleva a la resignación de haber dado satisfacción del que le ha dirigido, porque previamente se anuló su rebeldía. Sólo existe una perfección, aquella que se persigue sin descanso y sin jamás alcanzarla.

P.S. La película se puede ver en Netflix

El presente y el destino

Mira donde pisas, mira la huella que dejas, retenla en tu mirada y archívala en tu cerebro, porque nunca más pisarás en ella. La huella señala la dirección que tomas, la fuerza con que lo haces. Tenla presente.

Te preguntarás para qué me ha de servir, si una huella sólo es una huella. El simplismo de tu pregunta me hace suponer que has venido caminando por la vida sólo buscando un apoyo para tu cuerpo, al que le buscas un destino. Pero, amigo, sólo se alcanza el destino si no olvidas las huellas que te llevaron a alcanzarlo. Es mi definición, seguro que es la única.

Hoy, que todo parece ser relativo, queremos alcanzar el destino sin necesidad de caminar hacia él; el destino no es tal, no es un lugar a donde va dirigido alguien o algo. No es el uso o función que se da o se piensa dar a una cosa, según la definición académica. Hoy el detino es el presente, el lo quiero ahora, ya, como sea.

La consecuencia de esa exigencia perentoria, al que no se le concede prórroga deriva en, la mayoría de los casos, en frustración, en ansiedad que aniquila el propósito y sumerge al individuo en el ser ad limitum , en el límite de sus posibilidades de marcar su destino.

Quizá importe nada esta advertencia en la mayoría de las personas, pero que luego no se quejen de que el destino fue cruel con ellos. Quizá, en cualquier caso, será cruel, pero se puede estar seguro que no se tuvo otro, y la conformidad dara paso a la resignacion. Renuntiatio est pax hominis determinati, como ya se dijo in illo témpore. Un tiempo en que se nos dijo, en latin y quizá en otras lenguas, para qué la vida sin dejar huella.

¿Por qué fue ayer?

Será la edad, será que ya tengo un motivo, Será que ya no me importa… Discurría la tarde plácida, Mis hijos y mi nieto me compañaban sentados en una terraza del centro de la ciudad. Los churros y el chocolate habían sido el motivo o pretexto, nada importante. En la conversación, no recuerdo por qué, yo hablé de mis proximos 83 años, una edad por lo demás simbólica, y es que de nadie se dice que murió a la temprana edad de 83 años, en ocasiones se envidia edad tan tardía. Mis chicos, casi al unísono, me corrigieron: papá, abuelo, que no son 83, que son 84. Me quedé pensando un instante, ellos estaban en lo cierto, seguro que porque habían hablado del regalo que me pensaban hacer y la clásica vela que iluminaría la tarta, esperando que formulara en silencio un deseo. Claro, yo había nacido en 1938 y el año en el que debía cumplir era el 2022. Una vez aclarado el lapsus, lo siguente fue pensar qué significado tenía; ¿sería porque me asustaba tener un año más que me había pasado desapercibido? No, tampoco porque no me importara. En realidad ya habían pasado muchos años de los que no recoradaba nada que constituyera una efemérides inolvidable. Sí podía extraer de mi mente algún importante acontecimiento familiar, pero sin fijarlo como el año en que… Pareciera que los años, menos los días o meses tuvisen una importancia en que habían sido decisivos.

Ahora, que rememoro ese acontecimiento en el que un año más se añade a mi calendario privado, extraigo una conclusión que no había tenido nunca antes: ¿me regalo un año más de vida o me quito un año de la vida que me queda? La conclusión, que anuncio a posteriori, es que el inadvertido año transcurrido sólo tiene un significado que, llegado el día en el que hace 84 años nací, me preguntaré cuántos años inadvertidos me quedan por cumplir, que sólo mi familia y algún amigo me lo recordarán. Y yo, como si no lo quisiera, me haré de nuevas, como si conmigo no fuese la cosa.

Y fuiste tú

Eran tiempos en los que todos buscábamos algo. Ese algo, y era la moda, pensábamos encontrarlo en Internet. No, no era información, era un reconocimiento de tu propia existencia. ¿Y cómo se lograba eso? Eran abundantes los foros que se apellidaban literarios. Si tu pensabas que podías aportar algo que alguien leyera y alguien comentara, sin importar si el comentario era bueno o malo, ya te sentías que existías. Yo pertenecí a tres o cuatro de esos foros, con diversa fortuna. Se me reconoció, se me criticó encarnecidamente, pero nunca me envanecí o me frusté; ese era el juego de opiniones, que apreciabas porque, de alguna manera, hablaban de tí

En uno de esos foros, una mujer apareció dubitativa. En sus aportaciones, en las que me mecionaba, su obsesión era confundirme con otro forero y, en consecuencia, traterme poco menos de impostor.

Pero con el paso del tiempo, ya retirado de aquel foro, la mujer comenzó a creer en mí. Mantuvimos ya una comunicacion bilateral desprovista de los focos que proyectaban luces y sombras en los foros y todo discurrió con la normalidad de una amistad creciente. De mí, creo que apreciaba la cálida sinceridad con la que me expersaba, capaz de atravesar el Atlantico sin enfriarse. De ella, el no merecido aprecio a las muestras de cercanía que le prodigaba con mi correspondencia a sus correos, y digo no merecida, porque creo que lo hacía más por mí que por ella. El conocimiento que dos personas pueden llegar a alcanzar de una sobre la otra es un conocimiento parcial, pues no se da aquel que proporciona la presencia física. Aún así, y a fuerza de intercambiar ideas, descripción de situaciones y alguna foto, pienso que ambos, mujer y hombre, hemos mantenido una relación asexuada. Una relación que nos ha permitido una amistad sin complicaciones, sin renuncias a nuestros respectivos estatus familiares.

Hoy, despues de muchos años, seguimos donde lo dejamos, pero el tiempo ha traido para ambos nuevas inquietudes que, curiosamente, son coincidentes. Es como si ninguno de los dos quisera estar mejor que el otro y tenerse envidia, aunque fuese sana. Ambos, con poco intervalo de tiempo, hemos venido en padecer de una dolencia que se considera grave. Ambos nos hemos manifestado describiendo aquello que nos preocupa y el estado anímico y físico en el que estamos sumidos, cada uno buscando su salida.

A ella la encuentro, por sus manifestaciones, con la ansiedad propia de un acontecimieneto inesperado, con la incertidumbre de que sus médicos acoten la gravedad y las consecuencias; yo, con más tiempo, y superado el dolor que me lo recordaba, apenas sí le dedico pensamiento. Para ella todo está presente, todo le duele: el cuerpo, el alma, el amor a los suyos… Y yo, que podría darle consuelo y firmeza, no sé como hacerlo por más que quisiera.

Sí puedo decirle: amiga, yo pasé por eso, y sin darte esperanzas futiles, espera con la capacidad de dolor que soportes, físico y anímico, que si aún no está todo dicho por tus médicos, la probabilidad de que llegues a superarlo está en un 50 por ciento. Y si es peor de lo que supones, pon de tu parte todo el empeño en vencerlo. Es un forma más de lucha a la que nos enfrentamos en nuestras vidas hasta que se apagan.

Yo, como no podría ser menos, te deseo suerte, aunque este deseo se apague con el tiempo que nos quede para seguir comunicándonos.

Tu amigo

El camino

Si vas por ese camino, no llegarás

si vas por ese otro, quizá llegues

Hay un tercero, que intentarás

Un cuarto y un quinto, si puedes

Un sexto no intentes, que morirás

Te lo digo yo, que no pasé de dudarlo

Al final no pude pasar por ninguno

Se me pasó la vida en pensarlo.

¿Metaverso? No, gracias

Que estamos avocados a vivir experiencias nuevas no originadas por nuestras percepciones sensoriales; los cinco sentidos, es algo invitable. El mundo en el que vivivos nunca está conforme con lo que originariamente nos ofrecio, y el ser humano siempre busca ir más alla, por disconformidad o por algo innato que surge sin proponérselo. Luego que aparece esa necesidad, ya sólo le queda asumirla como algo inevitable.

Ahora se habla de Metaverso. ¿Y qué es Metaverso? Ya es de uso común la digitalización. Metaverso es un ámbito digital, enteramente digital. Pero para que esto nos sirva de algo, pasar de la teoría digital al uso practico de esa herramienta, nos hemos de valer de instrumentos físicos: ordenadores, gafas especiales, cascos especiales, dispositivos especiales para obtener servicios de realidad aumentada, etc. Dicho de otra forma: nuestros sentidos no son suficientes para conseguir esa inmersión en el mundo virtual que propone el Metaverso, se ha de valer de instrumentos ad hoc que le permitan ese ir más allá.

Y lo más parecido, ya viejo, son los videojuegos. Si el lector ha usado o se ha fijado en un videojuego, podrá haber percibido que jugar implica crear un avatar, más o menos perfecto, que a voluntad del jugador, interactúa con un escenario inmersivo, tridimensional, en el que, con los instrumentos adecuados, consigue estar en el escenario y, a voluntad, ser un actor más y crear situaciones nuevas. Esto es viejo, y el Multiverso está de moda. ¿En qué se diferencian? Los videojuegos nos permiten una evasión lúdica, sin otras pretensiones. «Pero  la industria se encamina en una dirección que tenderá a la puesta en marcha de “plataformas abiertas”, en las que “los creadores puedan diseñar sus mundos propios”, leo y copio de Internet. O sea, que de un intrascenedente videojuego, se ha pasado a crear unos espacios nuevos, digitales, como decía, que nos permiten mejorar nuestras capacidades físicas e intelectuales. Es como cuando el ser humanos inventó la rueda y lo que supuso de avance en el transporte. El Multiverso auna todos los sentidos y los potencia, logrando una percepción mayor y mejor en los objetivos que persigue.

¿Por qué digo: No Gracias, en el título de esta entrada? No por estar en contra de los avances de la ciencia o de los anhelos del ser humano. El Multiverso infiere que el que lo usa no tiene reglas que le limiten, en conclusiones erróneas que puedan ser perjudiciales, extremo éste al que el ser humano es muy propenso. Sólo puedo imaginarme un escenario futuro en el que el ser humano haya dejado de ser el que es y se haya convertido en un avatar, disconforme consigo mismo, un pragmatismo humanista para el que los valores que proyectamos son aquellos para los cuales tenemos buenas razones. Donde lar reglas universales se han convertido en proyecciones personales, sólo personales.

Y poco más podría decir sobre el término que traigo a colación. No viviré las sombras que proyecta en su neonacimiento, pero el solo imaginarlo, me permite sacar una conclusión catastrofista; no toda la ciencia creó instrumentos para una vida mejor.

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Recuerdos

No tenía un tema par justificar esta página. Leyendo aquí y allá lo que me ofrecía Internet, me sedujo la especulación que se hacía sobre el origen del universo y lo que vino después. Levanté la vista de la pantalla y me quedé mirando por la ventana, absorto en el horizonte que divisaba. Y fue, que de forma recurrente, traduje en mi mente Universo por mi nacimiento y lo que vino después. El primer paso por la vida tuve que improvisarlo, como se hace con el Universo. No vale la pena que fije sobre él una idea, supongo que fue un paso sin convicción, quizá adelantado a mi edad. El primer recuerdo, y aquí todo mi cuerpo se convirtió en mente, concentrado, como si de un flashback espontáneo, sin alucinógenos que lo motivaran, una imagen apareció bastante nítida: el niño josé, no más de cinco años, abría temeroso un arcón que mi abuela tenía en la cocina. Y temblando, intrucía mi mano en él para alcanzar una hogaza de pan. Entonces el pan se producía en la casa y en el horno del que disponía. Era un pan blanco, esponjoso, que duraba sin endurecer una semana. No preciso si también cogí un cuchillo o tronché un pedazo con la mano. Una vez conseguido, cerré con cuidado el arcón y me alejé a algun lugar de la casa que creía seguro. Con avidez, comí aquel mendrugo y debí sentirme satisfecho.

Secuencias de actuaciones parecidas con otras cosas que me apetecían y que me estaban restringidas, se sucedieron. Con algo más de edad, quizá diez años, las imágenes se agolpan. Vivir con mis padres en una sola habitación con derecho a cocina, el hambre endémica, el frio del invierno sin otro fuego que calentara mis piernas que la lumbre a la que la casera me autorizaba a arrimarme sentado en una banqueta, sin esperar que las cosas cambiaran y fuese como otros niños más afortunados, pues aún no había procesado la envidia, soñaba, sí soñaba. Pero no eran sueños lúdicos, sueños NREM que me sumían en un lugar del espacio-tiempo profundo, y de los que alguno recuerdo. Y es paradógico que los recuerde cuando ahora me despierto y no soy capaz de recordar lo que he soñado la pasada noche, quizá mi mente no los archiva ya por considerarlos innecesarios para tener la seguridad de estar vivo, tampoco muerto, sólo sueños inconexos que, en ocasiones , me convierten en alguien que siempre se pregunta si los sueños que no se fijan corresponden a un estado ya sin deseos incumplidos.

Que la mente es maravillosa, se dice con frecuencia y se apostilla que todas son maravillosas, creo que la mía, como el Universo, esta más compuesta de materia oscura y agujeros negros que de estrellas rutilantes.

De lo inevitable y lo contingente

Todo ser vivo tiene estas dos premisas que concluyen en un silogismo. Pero el reduccionismo al que me voy a referir no casa con la complejidad del, por ejemplo, ser humano. En esos dos extremos, inevitable y contingente, falta algo: las alternativas. Si un ser humano se preocupa por lo inevitable, puede que no tenga la posibilidad de convertirlo en contingente. Adoptar una u otra postura desde un punto de vista de un razonamiento lógico, es mas bien cosa de la voluntad que del destino. Voy a poner un ejemplo.

Yo, tú , él, tiene un cancer terminal y pasa de los 8o años de edad. ¿Qué es lo inevitable y qué es lo contingente. Tener 83 años es una edad en la que ya la vida muestra signos de fecha de caducidad. Tener un cancer terminal, es fecha que ha sido fijada por los médicos. En ambos casos cabe introducir matizaciones: Como con los alimentos, la fecha de caducidad no es inevitable ni contingente, se pueden consumir sin riesgo a equivocarse más alla de esa fecha, por lo que nos lleva a que contingente es más apropiado a considerar. Una de las matizaciones que cabe introducir, sin que destruya el silogismo, es que será el tiempo el que haga que venza una u otra. Por supuesto que ambas, inevitable y contingente, son válidas para enmarcar el destino de un ser humano. La alternativa es difusa, pero puede ser válida para evitar caer en ese reduccionismo que lleva a una conclusion sin salida. Esa alternativa podría ser algo así como «no pienso en mis circunstancias», con lo que el ser humano que adopta esa postura, podrá verse como algo que está por definir, y que no le importa si el fin de su vida es inevitable o contingente. Vive el carpe diem como si con él no fuese la cosa. Asi puede que viva sin especular sobre su destino. Morirá, eso es inevitable, pero cuándo, no deja de ser contingente. Sí, ya sé que es dificil adoptar una postura indiferente, pasota, pero conseguirla le da una tregua a la inquietud del ser humano y podra vivir relajado.

Coda

De esta película sólo me ha interesado el mensaje que yo percibo, aunque no fuese el propósito de los que la filmaron. Todo parece reducirse a cómo un afamado pianista llega al su ocaso y una jove periodista consigue que se reahaga y vuelva a ser lo que era; eso es, más o menos, lo que coda significa en la música: volver a empezar desde un momento dado y seguir hasta el final.

El mensaje viene a ser algo que se parece. El viejo pianista llega a momento de su vida en el que ya le falta seguridad para enfrentarse al público que le ha aclamado. Aparece en su vida la joven que le da nuevo impulso. Pero no funciona. El pianista es consciente -quizá tambien porque aparecen problemas físicos por artrosis- y el miedo escenico se instala en su cabeza como limitador de sus capacidades. Ya no tocará más en píblico, su devenir es la contemplación de todo aquello que había pasado desapercibido.

Y en eso estamos. Todo, o casi todo ser vivo, tiene ese mismo proceso: inicio, plenitud, ocaso. Yo me pregunto si puede haber algo que te dé impulso para reiniciar y llegar con él en plenitud hasta el final inevitable. Que aprezca una joven que te confiesa que te ama es una bobada de guionistas del corazon y otras partes blandas. Lo asumible es que esa Coda te predice que volver a empezar hasta el final es una utopía. El ridículo está servido si te lo crees y obras en consecuencia. El sentido del ridículo te evita dar saltos sin red desde las cumbres de la vida. Pero el sentido del rídiculo no es habitual, somos partícipes de la tendencia a creernos siempre los mismos, y ya sólo es cosa de la voluntad que evitemos las consecuencias de una vida que te desgasta en el tiempo. El mensaje, pues, es sencillo de entender: salimos, vamos y llegamos; no hay Coda.

De dos amigos

Entre los pocos amigos ue tengo, dos padecen de las mismas causas. Se lamentan, siempre se lamentan de su situacion. Si la familia se instauró para que sus miembros estuviesen unidos en al adversidad o en la ventura, estos dos amigos se quejan de la adversidad que padecen. Yo los escucho y , sinceramete, no los comprendo. Que la adversidad se difina como situacion adversa, podría no ser apostillada como situación contraria , de mala suerte. Tampoco, como leo por ahí, como una desgracia que domina a la persona que la padece, menos como como infortunio. La adversidad de estos dos amigos radica en el desencuentro con sus hijos. A la edad que tienen, reclaman de ellos protección, interacción, acción, relación, cercanía o influencia recíproca entre ellos, todo definido como amor filial. El desencuentro entre estos dos amigos y sus hijos tiene causas no accidentales o secundarias, son más profundas. Buscando esas causas profundas, se llega a dibujar el paisaje sombrío en el que surgieron. Los padres no siempre fueron tales o se comportaron como debían. El comportamiento autoritario de estos, creó en los hijos un sindrome de poca autoestima. Crecieron constreñidos, todo lo que proyectaron para si mismos lo fue impulsado por la fuerza, la obediencia al padre, al que se unía la pasividad de la madre, que temía estroperarlo aún más. Y asi, estos hijos crecieron sin la espansión propia de sus anhelos. Durante este proceso que se extiende desde la pubertad hasta que crean su propia independencia, no siempre se rebelan, van asumiendo su papel secundario como personas. Llegado que han a la madured, comienzan a disiñar un comportamiento reivindicativo; ahora somos nostros los que decidimos. Y al padre autoritario ya no le quedan recursos para apagar el fuego que le abrasa. Se apartan del padre que los subsumió en un principio de norma general impuesta hasta entonces y anulan toda interrelacion con el padre. Para el padre ya es tarde apagar el fuego que dejó detras tierra quemada. Pero el padre, lejos de considerarse responsable, apela a un derecho superior: el derecho paterno que no prescribe: el amor filial. El padre no precibe que ese nunca existió, aunque esa ausencia sólo se exteriorice ahora, y no lo comprende, no lo acepta como la consecuencia de su comportamiento. El perdón no se contempla como remedio, los hijos ahora quieren castigar al padre con su alejamiento como acción menor. Al padre le toca sufrir, y no es capaz de revertir la situacion, se consuela si alguien ajeno, un amigo, una disertación que escucha, le da pautas para soportarla. Estas pautas siempre són subterfugios, medios engañosos que le pueden dar sosiego momentaneo, pues pasan de verdugos a victimas, y en ese victimismo se instalan. Y siendo asi las cosas, ¿qué pueden hacer estos padres desolados por el comportamiento que reciben de sus hijos? Creo firmemente que nada. Deberán asumir los errores que produjeron la situación, sin apelaciones a un derecho paterno que se impuso, que no se ejerció como tal. Deberán, en todo caso, mantener con sus hijos una actitud de culpa, unica forma de ablandar en lo posible sus corazones.

Yo, por fortuna no padezco de una situación parecida, por eso puedo hurgar en la herida de estos dos amigos sin compasión, sin la compasión que me gustaría como ayuda; escucharlos me produce angustia, si no fuese así, no estaría hablando de dos amigos. No confundo compasión con comprensión, de ésta si puedo ofrecérsela. Pero mi comprensión apenas si tiene sentido práctico pues no soy capaz de insertarla en analogías de experiencias propias. Sentirlo sí, son dos buenos amigos.

Lease lo anterior como un ejercicio literario si cuento con la buena voluntad del lector, porque referido a mi realidad, tendría, hoy, que ser mas preciso. Y es que las cosas, a veces, no son como se cuentan.