La distopía del apocalipsis

Leo un artículo, resumen a modo de prólogo, de un libro sumamente interesante, El autor, Héctor G. Barnés, y el libro, que no he leído: Foturofobia. Está en Internet,

Es complejo, como todo lo que se refiere a la forma distópica de ver el futuro, porque llevado al pensamiento personal y a la necesidad de divulgarlo pensando que de esa forma te sientes útil para la sociedad, lo que puedes conseguir, a buen seguro, es una indiferencia o una sensación de angustia. Porque hablar del futuro en términos de distopía te conduce a definir ese futuro en términos de apocalipsis, si se toman todos los signos, negativos por lo demás, que padece el mundo en la actualidad. No se vislumbra ninguna luz al final del túnel del tiempo, más bien ese túnel no parece tener salida, por lo que te lleva, inexorablemente, a la oscuridad permanente. ¿Podemos cambiar distopía por utopía, usando la indiferencia como base de partida y crear un futuro utópico. Sí, podemos, como podemos creer que cualquier tiempo pasado fue peor y que la humanidad tiene recursos para crear un futuro mejor.

Esto que escribo no propone se tome en consideración la distopía o la utopía, según convenga a la predisposición de cada uno. Lo que pretendo es que, volviendo a mi anterior entrega «Sobre La Nada», el simple hecho de que existan ambas palabras, se escapan del concepto Nada y existen en un universo o meta universo, del que no podemos excluirnos.

Y no doy más de mí, porque intentarlo es una presunción en la que puedo caer; sólo puedo sugerir que se lea lo que se dice por mentes más preparadas y no se caiga en la pamplina de lo dijo Blas, punto redondo. El futuro no está aquí ni allí, el futuro lo estamos creando nosotros cada día.

Sobre la nada

El dios que todo lo sabe, lo ordena, lo crea y lo destruye, amen de otras actuaciones propias de su omnipotencia omnipresencia y omnisciencia me impida tamaño intento de adentrarme en el laberinto ontológico, científico, filosófico y para pasar el rato hablando de la NADA. Si he tomado como título de esta entrada la perspectiva de hablar sobre la NADA, me apresuro a decir que ese dios que invoco no me va permitir decir algo que no sea nada.

Aquí podía dar por terminado este tema. Pero el simple hecho de que ya un pensador de cierta entidad, llamado Giacomo Casanova se atrevido a decir que el estudio de la «nada» es una tontería, me deja perplejo. El tema, o la NADA. había sido objeto de atención, estudio y definición por todos los preclaros cerebros que recuerda la historia. Es curioso observar que tanto se ha discutido sobre la NADA, que al final se ha de admitir que si NADA fuese nada, no habría caso, no habría argumento sostenible sobre lo que no existe. Discutir sobre lo que no existe sería una tontería, haciendo buena la frase de Casanova

Ahora tendría que decir que esta entrada la podía haber obviado, pero no creo haber cometido la tontería de aportar ninguna divagación, así que lo mejor que puedo hacer para terminar es decir: NADA

El negro, ¿color?

Parecería una broma si este cuadro, o pintura, estuviese expuesto en una pinacoteca famosa. Los espectadores se preguntarían dónde está el mérito del supuesto pintor, al que los expertos ya lo han tratado de genio. Una tela enmarcada, firmada con un motivo, al menos, llamativo: NEGRO. Y Negro ¿qué es, un color, la nada, la ausencia de luz? Pues es todo eso y alguna cosa más, según he leído. ¿Y cómo me la he arreglado yo para ver si en ese cuadro hay algo más que una broma para que piensen que no lo es los genios de celebros privilegiados. El pintor es: Cuadrado Negro, de Kasimir Malevich 

Resulta que el negro, según se cuenta, es la suma de todos los colores. Una aplicación en mi ordenador me permite averiguar hasta qué punto, sin ser exhaustivo, me confirma el misterio, y lo abre a mi entendimiento primario. Veamos:

Y así siguió, mezclando colores y trasladándolos al lienzo. Cuál sería su sorpresa, que después de utilizar todos los colores que habitualmente usaba para pintar motivos reales, el lienzo se tiño de negro. No lo dudó, el Negro era la suma de todos los colores. Y su menté se volvió filosofica trascendiendo a un título que no dejó de llamar la atención: el Universo, esa materia oscura, negra absoluta, está formada por todos los colores imaginables. Su cuadro es famoso, nadie discute la genialidad que nunca antes a ningún pintor se le había ocurrido.

Mi hija

Esta página no tendría sentido si hoy no la abriera para mostrar al mundo el amor que un padre siente por su hija. El día no es casual. Hoy, hija, cumples años cuando tu padre ya sólo cumple días. Y es un día como hoy que tu padre quiere aprovechar para traer un recuerdo que con frecuencia se olvida por ser natural, aunque nada más extraordinario: tu nacimiento.

Te abriste paso al mundo viniendo como un regalo del amor. Yo estaba allí, con el corazón latiendo desbocado. No podía creer en aquel milagro que, en raras ocasiones, me cuesta creer. Pero en aquella ocasión, y aunque no lo comprendiera muy bien, el milagro era real. Y pensé si te merecía, dado lo poco que yo había contribuido a tu existencia. No eras normal, los bebés nacen con los traumas del parto: morados, ciegos, les rostro inexpresivo hasta el primer llanto. Tú, en cambio, tenías el aspecto de una muñeca de diseño con todos los atributos de un ser vivo: sonrosada, ojos abiertos, carita de ángel, y tenías hasta una leve sonrisa, o eso me pareció percibir. Tampoco rompiste en el llanto obligado.

A partir de entonces, ya sólo creciste como la niña que admiraban propios y extraños. La costumbre, los afanes de la vida, hicieron que tu padre no pudiese o no supiese aprovechar cada momento que le brindabas cuando llegaba a casa. ¡Lástima! Todo era normal. Pero esa normalidad estaba llena de fantasía, y yo ya no era un niño.

Hoy, en mi situación especial, me muestras cada día que eres mi hija, más que yo te muestro que soy tu padre. Y en esa situación eres como un hogar que me cobija y donde me siento seguro. Y por si eso fuese poco, me has dado un nieto que acapara todos los afanes de un abuelo sin ya anhelos propios. Normal, pues sigo sin creer en las fantasías.

Gracias, por todo lo que me has dado, querida hija. Tu padre sólo te lo puede pagar pidiendo que seas todo lo feliz que te permita este mundo convulso, al que le pido una tregua, al menos para hoy.

Coda, 2019

El título de esta entrada aclara que voy a hablar de la peli estrenada en 2019, y no la oscarizada de 2021.

Buscaba ver la oscarizada, pues no tenía referencias de la de 2019.

Entre ligeros sueños de una siesta, con el móvil en la mano, busco dónde ver CODA. Prime video me la ofrece y me sumerjo en ella. Es una peli extraña, pero en tiempos de turbación, no tanto como para no ser considerada por La Academia y premiearla como mejor del año. Cualquier otro argumento pecaría de frívolo. Y el de ésta va de «un famoso pianista que intenta superar su miedo escénico al final de su carrera y encuentra una nueva inspiración en una crítica musical de espíritu libre. » Al final de su carrera es como decir que la sombra de la vejez se ha instalado en su rostro. Como suele suceder, o decir, nunca se es viejo para amar. Y entre el virtuosismo del viejo pianista, con la inseguridad que da la vejez, y la muy joven escritora de críticas para una importante revista, el viejo encuentra no una nueva inspiración, frase recogida de Filmaffinity, sino un renacer de la esperanza. Es algo peliculero que la joven le declare al viejo que lo ama y que el viejo vuelva sentir el hormigueo de la sangre. Qué tiernos, los académicos del Oscar… No podía creerlo. No podía creer que una peli como esa fuese premiada por La Academia, una peli de bajísimo presupuesto, buscando un mensaje con moralina, amable de ver, pero como un deja vu con pianista que ya no confía en sí mismo y joven a la que le atrae el genio, sin dejar muy claro que confesarle que le ama y el beso en la boca que le da es por una coincidencia que da el amor o porque el músico le conceda la entrevista solicitada. Pero no era está peli la que anoche se llevó el Oscar, era otra que también va de músico, pero de la que no sé mucho más,

Terminé de ver la del músico que, inexorablemente, termina hundido en el pozo de su ocaso, como hombre capaz de amar y ser amado, y como músico de mantener la gloria de su capacidad fuera de serie acreditada tiempo atrás. La conclusión, no puede ser otra, que a mi edad los cuentos ya no cuentan para dormir con la vana esperanza de un despertar de aurora boreal.

Y dura y dura

Como esas baterias que anuncian. Me refiero ahora a esa guerra no declarada. Antes éramos más finos; las guerras se declaraban. Esta, al contrario, los que la empezaron siguen sin llamarla guerra; es una limpieza de fascistas, dicen. Seguro que han matado a más que no lo eran, pero siguen sin reconocer que son unos bestias. Bueno, pues parece que no le ha salido bién el propósito altruista, y la masacre y destrución sigue y sigue. Falta el momento apropiado para probar otros medios de detrucción más expeditivos, a ver si esos fascistas ucrananianos quieren entrar en razón. O porque se le esta yendo de las manos algo que esperaban fuese rápido y al hijo de Putin le dé por probar un pepino nuclerar, ultima generación, que mata pero menos, vaya a ser que al otro lado se acojonen y aprieten el boton de más de lo mismo, y ya esta armada, no la tercera guerra mundial, sino la traca de la destrución mundial. Y qué casualidad, llevamos una semana de un fenómeno meterológico, porque así lo llaman, que no lo recuerda nadie vivo; el Sahara servido a domicilio. ¿Y si fuesen un comienzo de las parecidas diez plagas bíblicas de Egipto? Claro, en algo tiene que distinguirse, porque las susodichas plagas, cuando uno las recuerda o las lee, termina pensando que Putin es una monja de la caridad travestido en comparación con el dios que nos presenta la Biblia; ese si que es un egolatrata, sanguinario, que porque el faraon egipcio no deja ir a sus amados israelitas al desierto a adorarle o a rendirle culto, a cada demanda de que acepte, que si no lo hace, se inventa un arma de destrución masiva. Aquí las diez plagas y la claudicación:

  • Primera plaga: el agua se transforma en sangre.
  • Segunda plaga: las ranas.
  • Quinta plaga: muerte del ganado.
  • Séptima plaga: lluvia de granizo y fuego.
  • Octava plaga: las langostas.
  • Novena plaga: las tinieblas.
  • Décima plaga: muerte de los primogénitos.
  • La salida de Egipto.

Hombre, hay que ser medio tonto para que Putin repita esa ristra de calamidades. Del cielo cayendo el polvo del desierto, que junto a la lluvia de agua pudiera semejarse a sangre, pues hasta, a la larga, será un beneficio para el campo por los nutrientes que lleva. La muerte del ganado, esa si puede parecerse, pues debido a los costes de la energía y carburantes, indirectamente el gando está dejando de comer y muriendo, cuando no canibalismo entre los cerdos, e indirectamente el desabastecimiento de los lugares de compra de alimentos para los humanos mismos; todos herviboros, a comer lo que encuentren por el campo. Quizá ese régimen alimenticio acabe con el dichoso cancer, dios lo quiera por lo que a mi toca. ¿Lluvia, truenos y relámpagos? Llevamos una semana de intensas lluvias. es verdad que las inundaciones están arrasando cosechas y otras propiedades, pero están llenando los pantanos, así que por esto no hay que preocuparse. Las langostas no han llegado, pero sería una alternativa fuente de proteina; ya se venden fritas. La lluvia de ranas, pues a comer ancas de rana. ¿Moscas y mosquitos? Esto sí sería un problema si fuesen plagas; el uso de insectidas podía afectarnos a los humanos; en situaciones así, el resto de los seres vivos no importa. ¿Tinieblas? Ya casi la padecemos. En mi Costa del Sol, desde hace una semana, apenas si se ve a cien metros, por el polvo en suspensión. ¿La muerte de los primogénitos? En qué estaría Dios pensando, si no hizo que las mujeres fuesen estériles o los hombres eunucos? A primogenito muerto, nuevo niño puesto. La salida de los judios de Egipto. Esto, a pequeña escala, se está pruduciendo; las migraciones no irán a ningún lugar donde puedan ofrecer culto al señor Putin, pero desde los nuevos lugares de acogida podrán llamar a Putin gilipollas por leer la Biblia y querer ser un nuevo dios.

En fin, que como los humanos no nos enteramos hasta que se nos viene encima, pues no sería de extrañar que en una de esas ya no tengamos ocasión de contarlo.

Esa guerra, ¿qué guerra?

Llevo algún tiempo varado, la edad, los problemas de salud, una apatía que se ha establecido en mí, no sé. Pero algo sucede en el mundo, inesperado. Había un enemigo común, del que se hablaba y se escuchaba a todas horas. Perecía que estábamos al principio del fin de la humanidad, o una buena parte de ella. No me motivaba, era la naturaleza la que actuaba. Pero, sin esperarlo como digo, algo me despierta y me obliga a ponerme de nuevo ante mi ordenador para hacer acto de presencia y decir lo que pienso, o lo que siento, o lo que se me ocurre.

Han pasado muchos años de la Segunda Guerra Mundial. Nada hacía pensar que, con el enemigo invisible instalado en la casa universal, los seres humanos volvieran a las andadas. Ya la pandemia apenas si ocupa un lugar en la información. Ahora se habla de una guerra, una guerra como otras muchas en las que la humanidad se ha visto protagonista. No es una guerra local, o una guerra unilateral iniciada por Rusia contra un país vecino, Ucrania. No nos engañemos dividiendo el mundo en buenos y malos. De la guerra que hoy hablamos es más una actitud propia de los seres humanos. Sabemos cómo ha empezado, pero no sabemos cómo terminará. ¿Puede la humanidad inmolarse sin gran motivo aparente? Y cuando digo la humanidad, me refiero a la humanidad entera que habita en esta Tierra. Ya lo creo que puede. ¿Para qué, si no, el arsenal acumulado de ojivas nucleares capaces de destruir la humanidad mucha veces? Con una posible vez que se destruyera ya era suficiente. No, alguien podía quedar vivo, y no se podía consentir. Esa es la realidad de unos seres que la creación les dio privilegios y que ahora usan para destruirse. ¡Malditos humanos! Deben gritar todos los demás seres vivos, que nunca tuvieron al alcance la posibilidad de defenderse.

Y en es grito desesperado quiero unirme, aunque también yo esté incluido en ellos.

After Life

El título de esta entrada se corresponde con el título original de la serie de Netflix. En la versión en español, lo han traducido como «Más allá de mi mujer». No es una traducción literal, obvio, pero dado que ni el título original ni el traducido responden, según yo, al contenido de la serie, me da igual uno que otro. Si los pongo, es porque alguno se muestre interesado en verla y la puedan encontrar.

Bien, la serie la he visto en tres o cuatro sesiones maratonianas. Son, en total, 18 capítulos, cortos, eso sí. Es una de esas ocasiones en las que sientes fascinación por lo que ves, y aunque no lo comprendas, es como cuando de niños te fascinaban los cuentos. Este es un cuento para mayores sin reparos, y no es porno ni ideológicamente perverso, es una historia inverosímil pero que te lleva a creer que es real.

¿Y por qué? Pues porque los personajes que pululan por ella son anormales, pero como son todos, no se puede establecer categorías. De modo que una vez estás en ella, participas de esa anormalidad como si fuese normal. El resultado es que te parece creíble y todo te resulta consecuente con un tipo de humanos que no dejas de pensar si son el eslabón perdido de los primates. Te hacen reír, llorar, pensar, no se les puede pedir más. A los actores tampoco, son geniales. «Más allá de mi mujer» debe tomarse no en sentido figurado, es que siendo el nudo de la serie, ésta trasciende a personajes que , accidentalmente, pasan por allí, y que cada uno de ellos es una historia completa, igualmente tonta, pero verosímil.

Si hubiese un lugar así en la realidad, me gustaría vivir en él; no debe haber mejor sitio para ser tonto, si todos los demás son tan tontos como tú.

No estamos solos

La frase del título de esta entrada se repite cuando especulamos que seguro hay otros seres inteligentes en otros lugares del Universo. Puede ser, ni lo afirmo ni lo niego. Pero nunca nos referimos a otros seres con los que convivimos en esta Tierra nuestra. ¿Qué o quiénes son esos otros seres que englobamos en el calificativo de animales? No son piedras, no es agua, no es aire, aunque tampoco me atrevería a descartar estos tres elementos. Pero no es necesario imaginar, si no tenemos los conocimientos físico-químicos. Hoy me ha llamado la atención un video que dejo aquí. Quien lo vea puede que reaccione como yo: decir que estamos solos referido a los seres humanos únicamente, me parece pretencioso y no real. Porque sólo observar a los animales que aparecen en el video, nos debería definir de forma más generosa y amplia ese «estamos solos». Yo trasciendo la definición y me digo: cualquier forma de vida observable o no en la Tierra, debe tener derecho a mirar a las estrellas y preguntarse: ¿estamos solos? Y también: ¿estos seres vivos tienen , en caso de que existiera, derecho a una segunda oportunidad más allá de esta vida? Son preguntas que se definen como escatológicas, obviamente en su acepción teológica. Pero dudo que la teología, en su variante escatológica, que estudia el destino final del individuo y el universo, así como estudia al ser humano después de la muerte, se haya ensuciado ( otra acepción de escatología)  incluyendo estos otros seres, ni siquiera contemplándolos en su similitud con los humanos.

En fin, es una divagación mía que invita a mis lectores a tomar una posición al respecto. Pero aceptaría que pasarais del asunto y os aferrarais a la escatología más pura: sólo el individuo que consideramos humano trasciende, y a continuación, eso sí, os ventilarás el hedor que emana de vuestros cerebros.

Titulo en español: «Animales que actúan como humanos»

¿Por qué te he abandonado?

Y estás ahí, siempre presente. No, no te he eliminado de mi vida, sólo que ya no te presto la atención. que mereces. El amor se extingue, como casi todo. Yo te amé hasta la extenuación. Ocupabas casi toda mi vida. Aun recuerdo aquel tiempo. En ti volcaba todo mi ansia de ser amado con la misma fuerza y pasión. Y, sin embargo, no sé qué pudo suceder. Poco a poco, al mirarte de soslayo, no me detenía para abrirte a mis deseos. Había en torno a ti otras que, quizá para olvidarte, sí me atraían, las abría, las contemplaba y, en ocasiones, sin rubor me entregaba a ellas. Pero no era creativo en mi forma de amarlas, sólo llenaban mi tiempo valdío, mi abulia; no, mejor mi anhedonia, esa falta de placer por las cosas que te ofrece la vida. Y de esa forma incruenta, la vida se ha convertido en un final más que un principio.

Hoy he querido dejar este testimonio, si no de amargura, sí de la frustración del que no supo amarte como tú merecías. Quizá aún quede algo más que decirte, pero ya no será apasionado. Ya no volverán los viejos tiempos en que toda tú llenabas mis sueños. Antes dije mi vida, y no es cierto, sólo eran mis sueños. Ahora comprendo lo que sucede, y es que los sueños al despertar se convierten en vida, y una vida sin sueños es sólo dejar que el tiempo se agote, se diluya en fluidos que se evaporan.

Tú, otrora mi querida página web, permanecerás quieta, esperando que otros ojos te miren de soslayo y, en ocasiones, quizá te lleguen a amar. Pero de ese amor yo ya no sentiré el placer que en otros tiempos me proporcionaste. Ya sólo espero que, como quedó escrito Gustavo Adolfo Bécquer, «¡Cuántas notas dormían en sus cuerdas, como el pájaro duerme en las ramas. esperando la mano de nieve que sepa arrancarlas». O se perderán, como también dijo el poeta, «cuántas veces el genio así duerme en el fondo del alma, y una voz , como Lázaro espera que le diga: ¡levántate y anda!».