Doña Clara

PRIMERA PARTE

Tierras de Castilla. Un pueblo que quiere vivir en el olvido. Gentes sin nombre que yo debo nombrar de alguna manera por suponer que han existido y quizá existan. Buenas y malas gentes, que de todo hubo, hay y habrá en la viña del Señor; viejas gentes que olvidaron el pasado y nuevas gentes a las que nadie les cuenta la historia. Todo lo demás seguirá hundiendo sus raíces en la noche de los tiempos, en la férrea voluntad de perpetuar la diferencia en lo absoluto; cosas eternas como el campo extenso, uniforme, plano y feo durante casi todo el año que se divisaba al otro lado de la empalizada… 
Pero… siempre queda alguien que arrastra sus traumas de juventud, como páginas sueltas, traspapeladas de su vida. Recordar no siempre es añorar. Contar, no siempre significa estar orgulloso del pasado. Cuando ahogan los recuerdos, mejor es hacer de ellos historia.
Y yo voy a contarlos para que dejen de ser sólo míos.

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Yo, Alejandro

PRIMER PERIODO

Cuando observo esos insignes personajes de la ficción, creados para embaucar, tan desdichados como cualquier hombre real con empeños más allá de la propia miseria que arrastra, me digo que no quiero ser uno de ellos. ¡Qué bellos poemas, los que cantan! ¡Qué maldito teatro con su seductor palabrerío! Y pensar que yo tuve alguna vez el deseo de emularlos… Que sean de los hombres o de los dioses que los crearon, que los utilizaron con una orgía de palabras rebuscadas puestas en sus bocas, y que gocen unos y otros de la inmortalidad que le otorgan los hombres mortales o los desconocidos dioses. ¡Qué inmortalidad más estúpida! ¡Qué paradoja tan risible!

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Yo Alejandro – primera
Yo Alejandro – segunda

La rebelion de los otros

PRELUDIO
En inicio de los tiempos, la Tierra fecunda se pobló de seres vivos que amaban y respetaban su casa. ¿Fueron siempre así? No todos, al menos desde el pasado que recuerdo. Hoy a ésos los llamamos evolucionados, privilegiados de la creación. Se han convertido exclusivamente en seres del presente, que no miran atrás ni adelante. Yo soy uno de ellos. Somos los humanos.

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Y porque no

Capítulo 1
Vio el Señor de todas las cosas creadas que no todo había sido bueno, como él, allá en el principio de los tiempos, previó lo que constituiría su divina obra. Y no estando satisfecho de sí mismo, torció el gesto, mientras pensaba en las causas que habían llevado a que sus previsiones no se hubiesen cumplido. 
Allá, en los confines del universo, quiso que un pequeño planeta fuese la matriz de posteriores colonizaciones por los seres vivos que habría de engendrar. Y en ese planeta, el hombre, según su designio la obra más amada de su creación, sin embargo había evolucionado sin su control a formas que, a todas luces, degradaban el destino fijado para él. Bajo los efectos de su enojo, se propuso castigarlo sin destruirlo.

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No aseguro que volvi

PRIMERA PARTE

De las cosas son como son.
Le quedan minutos, segundos… Dios le acoja en su seno. Sal, alma cristiana, de este mundo…Dios misericordioso… perdonad sus culpas y mirad con benignidad a este tu siervo…Os encomendamos, Señor, el alma de vuestro siervo…Y os suplicamos….Reconoced esta obra vuestra. Perdonad sus pecados de juventud y acordaos en vuestra clarísima gloria. Abranse los cielos y alégrense con él los ángeles. La clementísima Virgen, por su maternal intercesión,… penetre en la deseada mansión…San José, Patrono de los moribundos, os encomiendo el alma de vuestro siervo…líbralo de la muerte perpetua y que merezca el gozo eterno….Que los ángeles te lleven al Paraíso; que los mártires te salgan al encuentro y te conduzcan a la ciudad santa del Cielo….Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en Mí, aunque haya muerto, vivirá; y todos los que en Mí crean, no morirán eternamente….. 
Amen. Amen. Amen, me pareció escuchar en mi caída libre al vacio.

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Salmos por un cuadro

Primera edición papel: Marzo 1997  (Agotada)
  
Segunda edición digital: 2001 www.librosenred.net
EPÍLOGO  (fragmento)
  
  
¡Al diablo con las promesas! ¿Cómo ocultar los sentimientos que me atenazan el alma? Veo el desprecio que  le dispensáis y no puedo menos de gritar:
¡Dejadla!
¡Dejadla sola alcanzar la sima por la que se precipite!
¡Que nadie pretenda dañarla con miradas de desprecio, que ya su alma está muerta!
¡Que su cuerpo ya está derrotado y ni siquiera sus vencedores encuentran ya botines de guerra!
¡Que nadie intente castigar la carroña!
¡Dejadla que se lleve su miseria a la tierra, que en ella hay siembra de mariposas!
No, Raquel. No consentiré que la sombra robe el brillo de tu recuerdo. Yo puedo acabar con tu dolor y con la miseria que exhibes, bien a su pesar, o a su desprecio.
  
  
Y el viento se levanta en huracán furioso, llevando espumas corrosivas. Ahí estoy yo, alimentándolo… no puedo evitarlo.
  
  
Altera mi sangre el verte
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Dos Días y Medio

Ha pasado mucho tiempo desde aquellos dos días y medio que pasé con Miguel.

El tiempo ha curado mis heridas, desgraciadamente no las de Miguel; escribo esto cuando ya ha muerto. Escuchando las cintas una y otra vez, un día decidí hacer un libro. No tuve éxito. Lo he reescrito  con ellas como base, y con la inevitable preocupación de que iba a pecar de un estilo microfónico censurable que nadie me perdonaría,  se me ocurrió añadir a los diálogos alguna reflexión íntima que me sugirieron las situaciones y pensamientos que Miguel y yo compartimos. Probablemente el resultado iba a ser desequilibrado, pues yo podía introducir matices a la complejidad de los sentimientos, en este caso de los míos, pero quedarían los de Miguel excesivamente literales, ya que no me atreví a imaginarlos. Sin obviar, en esta ocasión, un proceso de destilación obligada de  los diálogos, me temo que casi todos los encontré importantes y para nada subordinados a mi propia narrativa, y es que, —usted, lector, juzgará— a mi juicio, lo que Miguel y yo hablamos no podría ser considerado una conversación convencional, pero tampoco forzada. En mis añadidos personales, puse todo mi empeño en ser sincera; al fin y al cabo pretendí ser coherente, de lo contrario habría parecido un desahogo miserable y, por supuesto, falso. También me impuse el no utilizar un lenguaje metafórico,  de retórica barroca y presuntuosamente literario; debería ser lo que fue en el recuerdo y lo que sentí al escucharlo. Y es que me niego a pensar que las cosas pudieron ser de otro modo. Pilar.

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