ARY, Vesta, Celia, Tere…y las que nunca se dejaron ver.

Y las tuve en mi correo privado, no se dejaron ver por aquí, eran  de Ecuador, Malasia, China, Gran, Bretaña, Italia, Francia, R. Dominicana, Perú, Venezuela, Paraguay, Estados Unidos, Canadá, etc.

No son parte de mi equipaje, si han estado en mi órbita, será porque ejercí sobre ellas una especie de atracción gravitatoria. Cuando me vaya, pasarán a ser cometas errantes, diluidas en el infinito espacio de la materia oscura.

Me hicieron el honor (así se dice) de tenerme presente en algún momento, pero yo no soy un caballero y no tuve para ellas palabras de agradecimiento.

José

p.s. La china me ha sido fiel durante muchos días y ahí sigue. Al final descubrí que no sería mi geisha, ¿o las geishas son japonesas?,  me leía para practicar el español. Y se “leía” mucho con mis cosas.

 


 

2 respuesta a “ARY, Vesta, Celia, Tere…y las que nunca se dejaron ver.”

  1. Debo contarle algo en atención a la grandeza que ha tenido al nombrar a sus lectoras, algo que me sale del corazón. Yo no le conocí en esta su grandiosa página. Hace mucho, una adolescente, casi niña, me colé a un súper grupo literario SENSIBILIDADES. Nunca intervine. Sólo fui observadora de los grandes de la literatura que allá desfilaron. Recuerdo al líder o administrador, el doctor ginecólogo Luis Prieto que tanto parecía necesitar al eterno femenino para autocimentarse, y no había necesidad. El 70% o más eran mujeres ahí. Yo creo que un 30-40% españolas fueron a su consulta gracias a la confianza que él les infundía. Verles los genitales en consulta, hasta donde supe era un caballero, hacia que las afortunadas integrantes se sintieran superiores a quienes, por distancia o por decisión, no les interesaba ese fetiche. Hoy pienso en esa curiosa costumbre que, aseguran se daba. No tengo nada que objetar a las que gustaron de la práctica. Lo doloso sería, y fijese que curioso es mi pensamiento: el que una mujer accediese a ponerle al descubierto el alma, cada rincón, hasta el más velado, y el depositario de ese tesoro, lo tomase como una rutina más, como cualquier cosa o incluso lo demeritara, esas si son cosas desatentas, muy graves. Gracias por mencionarme, nada puede externar adicionalmente pues poco o nada conoce de mi. Usted casual o decidido hoy ha traído una réplica al estilo de don Luis Prieto. Y es muy digna, loable su intención. Recordar es volver a vivir, señor José.

    1. Tengo la impresión de que te esfuerzas en que te lleve en mi maleta, aunque sea entre mis calzoncillos usados. Pero en tu largo escrito has cometido un error imperdonable. Que yo te recuerde aquel personaje de infausta memoria será sólo por antagonista. Te refresco que de aquella mesa de operaciones donde el ginecólogo las recitaba un poema edulcorado y luego las miraba el coño, fui yo el que sacó a Rebeca cuando estaba a punto de meterle mano. Rebeca no me dijo entonces ni me dijo después que, ya de puestos, terminara la faena. Yo tampoco lo intenté, más que nada porque yo no sabía componer aquellos poemas que las abría de piernas.
      Lo siento, chica, suelta amarras y apáñatelas sola.

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