Grisel, o el roble en llamas

Toca hablar de una mujer fuerte como un roble.  Pero hasta un roble puede ser destruible, y si es por el fuego, puede brindar un bello  y largo espectáculo. Esa ha sido durante mucho tiempo la fascinación que me ha producido mi relación con Grisel.

Pero yo no quiero asistir a ese final.  Cómo aligerar mi equipaje de esa perspectiva antes de que suceda, antes que lo lamente?

A ti, Grisel,  te voy a sacar de la maleta en la que pensé llevarte conmigo, fuiste tú la que así lo quisiste,  podrás seguir fascinando mucho tiempo más del que yo dispongo.  Si a partir de  esto notas en mí  un cambio de actitud, no será porque hayas dejado de interesarme,  será que habré dejado de ser tu espectador favorito. Puede que sea así desde ahora, porque seas tú la que me prive del espectáculo.

Pero si no estás tú, por siempre recordaré una imagen: la de tu rodilla desnuda mientras tomabas el sol en la playa.  Soy un sentimental de las cosas pequeñas, no puedo remediarlo.

José

p.s. Esto lo escribo a las 3:30 horas a. m. entre sueño y vigilia. Le doy a enviar, por si cuando esté completamente despierto, lo considere un mal texto literario.

 

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