Barcelona

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Yo, que escribo de y sobre cualquier cosa sin ninguna obligación, quizá tampoco con ninguna oportunidad, no debería obviar el trágico suceso acaecido en Barcelona esta semana. Pero sobre él ya han corrido ríos de tinta, tinta roja, tinta negra, tinta amarilla. Si he de escribir , algo esencial debo tener en cuenta, que lo que escriba no use tinta de ningún color. No puedo aprovechar la ocasión para lucirme, ni para ahondar en la tragedia impulsado por la inercia de algo tan brutal como incomprensible salvo si lo refiero al hombre. ¿Y qué puedo decir que tenga en cuenta esos condicionantes de autolimitación para un escritor libre? Sólo estaría justificado si mi escrito sirviera para crear una perspectiva, un anhelo para la humanidad, pero o yo soy muy pesimista, y nada bueno se puede esperar, o hago un ejercicio de optimismo y proclamo mi fe en que un ángel exterminador acabe con ella, sólo así el universo rectificaría su error.

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