Carol, final

Y terminé de ver la película «Carol». Merecidos los múltiples premios que ha cosechado, la interpretación es impecable. Ninguno por la moraleja que se puede extraer del cuento. Ninguna enseñanza sobre la moral, eso queda a juicio del espectador que, probablemente, no lo comparta con nadie.

Y me pregunto, si la homosexualidad es proclamada urbi et orbi como un derecho del individuo, ¿por qué se estigmatiza hasta el punto de convertir una historia de «amor» en una «sucia» decisión que impone esa misma sociedad que trata de defenderlo como un derecho?

El final no puede ser más acomodaticio para las mentes «sanas». Ese amor que la protagonista mayor declara a la joven, con una mesa de restaurante que las separa, es patético. «Vivimos en dos mundos diferentes, tú eres libre de amar, yo me debo a otros principios que me impone la sociedad», parece decirle en el largo silencio mientras se miran. En realidad todo es mucho más sencillo: la señora mayor defiende el derecho de custodia compartida de su hija, incompatible con el amor libre. Seamos claros: Como apunta el amigo Antonio, la homosexualidad es aceptable sólo si no perjudica a terceros. Yo añadiría si no es estéticamente ofensiva. Una forma de decir que consumada la pasión, la realidad impone otras razones.

2 respuesta a “Carol, final”

  1. Una vez más compartimos criterios , y créeme amigo Jose ,no es fácil ponerse de acuerdo en estos temas .
    Quizás peque en este aspecto de demasiado rígido , pero me cuesta mucho trabajo decir algo que por lógica va contra natura .
    Respeto los que vean el orgullo como algo para sentirse “orgulloso “, eso si , sin Bus, sin caravanas , sin desfiles ni culos adornados con una cinta central , eso debe doler…. pero para gustos colores .

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