De aquellas sensibilidades

Rebeca evoca en su último comentario lo que se cocía en el foro llamado Sensibilidades. Voy a rescatar para este nuevo Blog, algunas de aquellas cosas que, al parecer, tenían de los nervios al ginecólogo que pastoreaba a sus anchas a las damas que allí se solazaban con su macho cabrio. Hasta que llegó el lobo, y el espanto fue general.  Aquella incursión mía le sentó al dueño del cortijo como un grano en el culo, y como era el dueño, me expulsó ayudado por un par de mastines hembras que le hacían felaciones a su cerebro.

Ahí va, nada mejor para un domingo sin ideas.

IF I TOLD YOU THAT, canta Whitney Houston mientras pienso qué escribir que me complazca, o que me alivie de pesares. Ya es la noche y siento que el día no fue menos negro.

LOVE WILL SAVE THE DAY, escucho ahora , y pienso dónde está esa cosa que todos invocan. Esa frase sin sentido que alimenta la esperanza que ni siquiera tengo.

I´M EVERY WOMAN, canta ahora W. Así parece ser, no puede ser de otra forma. Todas llegan a mi y, por norma, el secreto de su imagen sellan.

I´M YOUR BABY TONIGHT, se empeña W. Esa singularidad parece definir a alguien que, al fin, quiere no ser una entelequia. Yo por viejo y por ella, no puedo decir que la quiero.

IT´S NOT RIGHT BUT IT´S OK, me devuelve a la perplejidad. ¡Qué mujer es ésta que dice no importarle compartirme! ¿Será sólo mujer de una noche?

I ALWAYS LOVE  YOU. ¡Oh, no! ¡Qué mentira tan infame! Todo iba bien hasta que pronunció una oferta con esa palabra mentira, y más si es para siempre.

WHERE DO BROKEN HEARTS GO y I HAVE NOTHING. Definitivamente  esta mujer está tan sola como yo:

SAME SCRIPT, DIFFERENT CAST.

Ya no escucho más; dos soledades nunca serán un encuentro.

(JDD 2001)

Y porque ya no puedo más

ser el guiñol de la noche,

he encendido todas las luces.

Y porque ya no puedo más

robarle sueño a mi alma,

he apagado todas las luces.

Y porque ya no puedo más

ser lo que se espera de mí,

abandono los disfraces.

Mañana, volveré a la matriz

de una madre de alquiler,

para nacer de nuevo.

Y todo será distinto.

Palabra.

JDD 2000

Hay personas que confunden la vanidad, un sentimiento universal, con la vanidad patológica, propia de gentes estúpidamente huecas.

Yo puedo ser vanidoso, como tú, como aquel, pero no me creo estúpidamente vanidoso.

Los estúpidamente vanidosos no saben discernir entre un halago objetivamente merecido por hechos puntuales, y aquel halago desmedido que no viene a cuento y que convierte a poco en un dios, o superhombre, la persona objeto de ese halago.

Hay dos formas de halagar la vanidad estúpida de un hombre, y me refiero ahora a la mujer halagadora. Una sería haciendo de él un objeto sexual de inevitable deseo para ella. El vanidoso estúpido se sentirá supercomplacido,  como un Don Juan de escasas luces y menos genitales, pero que le hace soñar que está sobrado de todo. La otra sería atribuirle unas dotes de inteligencia, sabiduría, etc, fuera de lo común. El vanidoso estúpido se sentiría colmado en su petulancia intelectual y seguiría diciendo estupideces inteligentes, a la espera de nuevas sobadas por parte de la ocasional halagadora y de alguien más que se le uniera.

Como yo tengo presente  todo esto, difícilmente alguien, hombre o mujer, puede llegar a calificarme de vanidoso estúpido. Pero sí, soy vanidoso a secas.

JDD2000

Desde mi escepticismo

Gentes me han dicho que soy una persona sensible, que para qué negarlo. ¡Vaya por dios!

Pues tendré que parecerlo, qué remedio.

Vamos a ver qué me sale en mi nueva sensibilidad recién estrenada, y aún sin conocerla. Porque…

¿Cómo se mide la sensibilidad, cómo se nota que yo soy sensible? ¿Sensible porque parezco? ¿Sensible porque me compadezco, me solidarizo, lloro, me angustio, disfruto o me alegro por los demás, y lo siento en mi propia carne? ¿Dejo de ser sensible por lo contrario?¿Soy sensible porque escribo cosas de alta sensibilidad? ¿Soy sensible porque en ocasiones abandono mi escepticismo  crónico y muestro la cara humana de quién tiene fe en el hombre? ¿Soy sensible porque declaro amar a mi nieto? ¿Y si no amo a los demás que esperan ser amados por mí? ¿Soy sensible o insensible si me conmueve un animal mal herido pero me muestro indiferente ante una tragedia humana?¿Soy sensible porque lloro por una amistad que no supe retener? ¿Y si fuera porque esa amistad no me supo comprender? ¿Y si no lloro, en cualquier caso, por ninguna de las dos causas? ¿Se puede ser sensible estando solo, o la sensibilidad, como mínimo, es cosa de dos? ¿Y si la otra persona concluye que yo no soy sensible, dejo por ello de ser sensible? ¿Es sensible la persona que abandona a otra persona porque cree que ésta no es sensible?

 Y hay un aspecto no menos importante: determinar si ser sensible es una predisposición positiva. Y la pregunta: ¿Ser sensible es una debilidad? ¿Un ser sensible es un ser vulnerable? ¿Ante un ser sensible, los demás buscan su utilidad? ¿Le quieren por ser sensible o le quieren porque es manejable? ¿Cuando una persona sensible se siente objeto de manipulación responde con mayor sensibilidad en forma de comprensión? ¿Y si reacciona airada deja de ser sensible? ¿Si yo quiero a una persona y ella me pide constantemente muestras de sensibilidad dejo de ser sensible si me descuido, si trato de imponer un criterio que forma parte de mis convicciones? ¿Es, entonces, el ser sensible una dejación de una parte de tu libertad personal? ¿Una persona sensible mueve a hilaridad al común de los seres humanos que la observan? ¿Me debo preocupar si me considero una persona sensible? ¿Debo preocuparme si me encuentro con una persona sensible? ¿Dos personas sensibles son antagónicas, complementarias?

¿Y si yo, ahora mismo, mandara a la mierda esto de la sensibilidad, mostraría definitivamente que soy un ser insensible?

Pues … ¡a la mierda!

Curioso, ya me siento mejor; no hay cosa más sana que aclarar las dudas que te atormentan.

A partir de ahora, sepan mis lectores, que todo lo que escriba obedece a un sólo propósito: parecer esa persona sensible que tanto gusta a los demás. Pero, cuidado con la tentación de manipularme.

JDD 2001

Reflexión sobre la mentira

A veces me pregunto cuántas mentiras  hay que encadenar para crear una verdad. ¿Cómo se llega a hacer patente el reconocimiento sobre algo que se admite como cierto? La amistad, por ejemplo, entre dos personas se cimenta sobre mentiras. Con tal que se oculten esas mentiras, la base de esa amistad aparecerá sólida, bien fundada o fundamentada. Y la permanencia de esa amistad, dentro de los parámetros no fijados expresamente pero entendidos, sigue teniendo su base firme en la mentira no declarada. Pareciera como si la mentira fuera el fundamento principal de la convivencia, sea ésta en sus variados aspectos, como amistad, amor, relación social… Sin embargo, y mereciendo todo reconocimiento por su gran labor benefactora, la mentira, cuando se descubre, es objeto de censura y descalificación, y la persona descubierta en mentira, postergada a la condición de persona vil.

Hay un comportamiento humano que se confunde con la mentira y que sí debe ser objeto de sanción pública o privada: es la insidia. La insidia es una proposición pública que pretende beneficiar sólo al que la emite, y en base a la destrucción de la persona que es objeto de ella.

Por eso, yo propondría ser benévolos con la mentira  e implacables con la insidia.

(JDD 2001)

Reflexión sobre esa mentira llamada poesía

Una de las más hermosas mentiras es la que representa la poesía. El poeta sabe que su poesía no tiene, para nada, que ver con sus sentimientos, al menos como expresión de sus sentimientos  en el momento de escribirla. Cuando un poeta se decide a poner sobre el papel la primera palabra, no tiene la menor idea de cuál ha de venir después y menos qué va a expresar un conjunto de palabras. Mientras el poeta escribe su poesía, desde luego que no miente; es como una creación artística con palabras, lo mismo que un músico con sus pentagramas o un pintor con sus pinceladas. La mentira de la poesía no es tanto que no se corresponda con los sentimientos de su autor, cuanto que induce a los sujetos pasivos de la misma a identificar sus sentimientos con los expresados, que no sentidos, por el poeta en su creación final. Una mentira no existe  mientras no exista sujeto pasivo a quien mentir. Si todo esto es cierto, como pienso que lo es, hemos de convenir que si la poesía, toda la poesía, es una mentira, lo es en tanto que alguien ajeno al autor se identifica con unos supuestos sentimientos antes tenidos por aquel, y tampoco es que lector de una poesía se mienta a sí mismo, sino que convierte a la poesía en una mentira por su concurso.

Es una mentira hermosa, desde luego. Y son los lectores los que la hacen hermosa con sus pareceres. Y no es cuando dicen: «es un poema hermoso» cuando lo convierten en mentira, sino cuando añaden: «lleno de sentimiento». No cabe duda que cuando al leer un poema alguien exclama «¡cuánto sentimiento hay en este poema!», en ese mismo instante ese poema se convierte en mentira, y más hermosa mentira cuanto más sentimiento induzca; en el del lector, no el del autor, que no pasará de considerarla hermosa. Así pues, poetas, vuestras mentiras no os son imputables en tanto que alguien, desesperadamente sensible, hable de sentimientos refiriéndose a ella. Y si esto que digo os sorprende, pensad que sois vosotros los que lo estáis convirtiendo en mentira. Yo me lavo las manos.

(JDD 2001)

Esa mentira llamada hombre

El hombre ser vivo, animal, racional transcendente, física y química, azar de la evolución, hecho a imagen y semejanza de su creador, bondadoso, maligno, inteligente, torpe, occidental, oriental, civilizado, primitivo, poderoso, esclavo, bello, feo, blanco, negro, heterosexual, homosexual, valiente, cobarde…

Demasiadas variedades de hombre para ser considerado verdad incuestionable. Pero aun así, es una mentira disculpable, pues somos los hombres mismos los que la forjamos.

(JDD 2001)

Esa mentira llamada Solidaridad

Dice Gustavo Flaubert: «La solidaridad es una de las más bellas invenciones de la hipocresía social».

Claro, otros eminentes hombres dicen otras cosas, generalmente ensalzando la solidaridad. Pero yo tomo a Flaubert para mi propia reflexión.

La fría definición del diccionario me ilustra diciendo que solidaridad es la actitud y apoyo que se muestra hacia los problemas, actividades e inquietudes de otro u otros por razones morales, ideológicas, etc..

Actitud, apoyo… ¿Y que pasa con la implicación? Con frecuencia y sin consistencia en nuestras propias convicciones, decimos: me solidarizo contigo; me solidarizo con aquel, aquello. Y tan a gusto que nos quedamos; hemos dado muestras de estar integrados socialmente; somos buenos individuos. Caridad, (caritas) fue reinventada por el Cristianismo: «Sentimiento y actitud que impulsa a interesarse por los demás, a quererlos y ayudarlos». Lo cierto es que esta caridad, o solidaridad, la que se lleva, no pasa de ser una actitud testimonial, a veces puesta en marcha con la simple manifestación que indico arriba; otras, cuando te sobra tiempo de tus cosas o algún bien superfluo en tu propia hacienda o en tu status social. El caritas griego en su significado precristiano iba más allá, significando por caridad el afecto, la proximidad, estar con, en lugar de estar en. Pero, claro, esto implicaba abandonar tus posiciones de privilegio y convivir con el problema del otro. Es bien sabido que esta actitud no se identifica con las «buenas personas» y sí con esas rara avis que llamamos santos. Pocos, en todo caso. Los demás nos quedamos, cuando la practicamos, con el comodín que se lleva en su significado restringido y  para  tranquilidad de nuestras conciencias. También, en todo caso, es una bella mentira que no hace mal a nadie.

(JDD 2001)

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