De cómo el tiempo no nos respeta

Aquel que conocisteis, aquel que fui, aquel que no pudo parar el tiempo, el que se asoma en la primera foto, con pinta de artista de Jolivud o de un jefe de la mafia, ese que parece presumir de tener todo en su mano, especialmente a todas, pero que no se comió una rosca, ese que con no sé cuántos años ya no creía en un dios impuesto ni en el amor cibernético, que escribía novelas y poemas para uso propio y llevaba a los foros aquello que le parecía ingenioso o impactante, y algunas cosas lo eran, o los compis fueron benévolos conmigo.

Y el que soy, veintitantos años más tarde, que no hizo nada para acabar así, que le pregunto al tiempo por qué no respetó alguna de mis gracias, que sólo me ha dejado esta página para, a decir de una amiga, mirarme el ombligo, vaciar mi cabeza de gusanos y que esperen algo más. ¿Puedo estar satisfecho, algo orgulloso, conformista del trato que me dispensó el tiempo?

Responder por mí. Tomad dos fotos de edades separadas por veinte años. Si alguien me dice que ha ido a mejor, le diré que es mentira, pero si quiere seguir engañándose, entonces que se guarde esas dos fotos y que nadie les diga qué guapo eras. El tiempo sonreirá burlón satisfecho de su hazaña.

2 respuesta a “De cómo el tiempo no nos respeta”

  1. Don José, se me ocurre una comparación, quizá no tan exacta. Tiempo y dinero. En ningún caso se espera que, si hemos consumido a placer uni y otro, al final del dia podamos tener la cartera llena y el cuerpo libre de embates. Tal vez su post amerita un apartado especial : ya es demasiado tarde para derrocar la fantasía que, usted mismo hizo crecer con desmesura ( seamos francos) entre sus lectoras…demasiado tarde. Hay chorros de tinta virtual vertidos, un sin número de mensajes de ida y vuelta abanicando las soledades mutuas, y tal vez, quienes forman parte del ‘ fantasiario’ lo necesitan tanto o más que usted para encontrar el sentido al sin sentido. ¿puede considerar mi opinión como una sincera expresión de amistad.? Tal es mi intención.

    1. Iba placidamente leyendo tu comentario, cuando desde la costa atlántica observé las olas ir y venir, y me pareció que sobre la cresta de una de ellas flotaba haciendo surfin una sirena. “Viene por mí”, pensé. Pero al observarla de cerca le vi la cola de pez, y, frustado,aparté mi vista diciendo: “no me gusta el pescado”

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