De lo que un día escribí

Se dice que uno es el producto de sus obras. También, que por sus obras le conoceréis.

Resulta que, sin nada mejor que hacer, hoy me he sentado frente al ordenador con la intención de saber un poco de mí. Porque si sólo tomo en cuenta lo que recuerdo, seguro que quedo tan desdibujado que no sabría si se trata de mí o de un fantasma que se me parece. Y buscando en este pozo si fondo que es la memoria de mi ordenador, me encuentro un archivo que abro con la curiosidad de quién se pregunta cada día: quién soy yo». El archivo contiene mi paso por un foro pseudo literario, muy politizado, mexicano con nombre El Cadillo. No recuerdo si, finalmente, me echaron de allí o yo acabé con el foro con mi insoportable osadía. Releo algo de lo que guardo y la primera conclusión que saco es que, efectivamente, fui un osado, literariamente maleducado, sacrílego, prepotente y todos los adjetivos que se me quieran poner delante de mi nombre. Pero, como digo, no soy sino un producto, y los productos o se desechan o se los guarda uno para que la historia los juzgue. ¿Arrepentirme de algo? No tendría sentido. No creo en la recuperación del yo impoluto por arrepentimiento si antes estuvo manchado. Tampoco, hoy, creo que no fue para tanto rasgarse las vestiduras. Lo que escribí entonces podía haberlo dejado sepultado aquí, en mi ordenador, pero eso sería renunciar a mi pasado, que para bien o para mal hoy habría prescrito. No espero, por tanto, ni aprecio ni desprecio por las cosas que , entonces, escribí. Si alguno de vosotros la las lee, sólo le pido que sonría.

Este es el archivo: Deben copiar el enlace y pegarlo en su ordenador, móvil o lo que uséis para las búsquedas

file:///Users/Jose/Desktop/CARPETAS/macbookpro/Documents/Documentos%20II/Documentos%20Antiguos/ElCadillo.html

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