Elsa, o el camino soñado

Elsa me escribe en privado. No transcribo su escrito porque ella lo ha querido así. Pero mi respuesta ha de ser pública, sólo así podré darle las gracias por haberme soportado.

Y esta es mi respuesta:

Elsa, mi sutil amiga, compañera, nunca fuera de tono, nunca arrepentida de haberme conocido. Y yo, que no sé comportarme adecuadamente, quisiera enviarte algo que estuviese en consonancia contigo. Pero no sé hacerlo, nunca lo intenté con nadie, me hubiese parecido falso. A esta edad intentar cambiar es imposible, cuando lo pienso, inmediatamente me pregunto: ¿para qué? Y no hay respuesta. 

Ya todos los caminos convergen, Elsa, los andados y los por andar. El horizonte se echa encima y sólo se divisa una meta. En esa meta no habrás alcanzado ninguna gloria, no habrá aplausos por tu hazaña, tampoco pitidos por tu mal hacer; el público levantará el culo de la grada y se irá a su casa. Tú, exhausta, mirarás atrás y te consolarás pensando: “no sé ni como he llegado hasta aquí y para qué”
No quisiera, Elsa, que mis palabras te cambiaran el rumbo. En tu caso, distinto, te mueves en pos de una meta luminosa, piensas en aplausos y coronas de laurel, las piedras en el camino no consiguen hacerte caer, sólo lastimar. Pero del dolor tú siempre sacas una sonrisa, crees que sólo el dolor te hace merecedora del destino que crees merecer. Así piensas, pero te equivocas, el dolor hace que te preguntes: “¿ por qué me castigas, vida, es una forma de merecer la gloria?” Y esa pregunta, suspendida en el aire, hace que sigas esperanzada; la esperanza es un señuelo, Elsa.
Me preguntas si tengo novia. Esta pregunta me recuerda a alguien que dijo: “no hay cosa más estúpida que ser un poeta viejo”. Procuro, en esto, no ser estúpido.
El beber, tequila, debe ser porque nadie te controla el dopaje. ¡Sigue con él, coño!, al menos cuando llegues a la meta, en el silencio que te rodee, podrás gritar: ¡que me quiten lo bailado! 
Casi prefiero que en lugar de quererme, mucho, me acompañes. Si hay otra vida, te prometo ser diferente, a tu altura.
De esto, que acabo de escribir, quiero que llegue a alguien más, por eso lo pongo en mi blog.
En tu honor.
José

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