En la casa de Dios

Un fuego a destruido Notre Dame. ¿Fue culpa de Dios que estaba jugando con fuego? ¿Fue, acaso, Elias, el profeta del fuego, que calculó mal la dirección de sus rayos flamígeros? Probablemente no. Nadie, consciente, quema su casa si no es para burlar a la compañía de seguros y con el rescate hacerse una nueva. Pero algunas se queman por inconsciencia.

Supongamos que Notre Dame se incendió por la negligencia de algún operario que estaba allí para su mantenimiento. Supongamos, con mucha buena voluntad, que Dios, dueño y morador de esa casa, estaba allí y observó la primera llama. O que vio a su profeta Elias hacer experimentos y vio una oportunidad de remozarla. En cualquier caso, el fuego se fue extendiendo sin que alguien lo parara. Puede que Dios estuviese en otro lugar, y se enteró por la prensa cuando ya era tarde. Puede que no fuese Elias el causante. Puede que fue el hombre que obró con negligencia. El caso es que la casa del Padre, una de sus más espléndidas mansiones, se quemó. Inhabitable, Dios habrá tenido que alojarse en otra de sus innumerables casas.

Pero lo podemos ver desde otro punto de vista. La casa ya estaba vieja y necesitaba de mucha atención. Dios no dispone de compañía de seguros, pero sabe que los hombres no le dejarán sin una de sus casas preferidas. Provee una marea de solidaridad para que sea reconstruida, con mejores materiales, corrigiendo defectos, perfecta para sentirse seguro. Y deja que el azar, Elias, él mismo, provoque un fuego con la intención de renovar su casa.

He leído que un magnate ha ofrecido 100 millones de euros para empezar el desescombro, ya tiene el Cielo asegurado. El Vaticano, el casero mayor de Dios, faltaría más, también se rascará el bolsillo. Un sin fin de particulares con su óvolo también contribuirán. Todos pensando en Dios, su amado padre, y algunos en París y la “grandeur” de la Francia. En cualquier caso, Notre Dame volverá a lucir espléndida, es un símbolo sin el cual Dios, los hombres, Paris se sentirían menos Dios, menos hombres, menos París. Yo contribuiré con un euro, que partiendo de mí, eso es mucho.

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