Lillie escribe

Como un invierno

Salimos del chalet en medio de un silencio, plácido, gozoso.  Nuestras  manos  unidas, húmedas, reclamaban   más contacto.  Ella habló poco en el trayecto, yo simplemente  la miraba.  Era suficiente. Cumplíamos un año en esa  relación clandestina e intensa. Pareciera que el tiempo había perdido su función. A  su lado no existía. 

-Mira, sabes  que  soy poco  tradicional, pero  quise comprarte algo por esta fecha…y tienes que aceptarlo,  me costó gran esfuerzo hallar una piedra con el mismo  color de tus ojos,un delicado marrón…  compré dos.  La otra la convertiré en un llavero para mi uso. No quiero que compres  nada para mi.  Eso es muy tradicional…

– Claro que la acepto, es preciosa , y el color es ¡ exacto ¡   Te amo, te amo..

-Anda ya, Liz.  El taxi te espera,y hoy vamos con retraso..

-Mamá, ya  de vuelta… se te hizo tarde.- Tu abuela. Sabes que cuando toca las barajas no quiere parar y…

-La abuela llamó.  No estuviste allá.  No es la primera vez, siempre esperé un comentario tuyo al volver…  la abuela, amigas,los  pretextos se han caído todos.  No quiero entrometerme. Sólo  quiero saber si estás bien. Si esto es cosa de salud o algo más…

-Estoy sana. ¿y algo más, qué estás imaginando?-

-Alguien más. Podría intentar comprender, si  tú me dices..

– ¿Y podrías entender que estoy enamorada a mis 60 años, entregada como nunca ?

-Yo adoro a papá, dentro de su mundo simple, sencillo; tú eres el eje principal. ¿se te acabó el amor  ?  Déjame  entenderte mejor, por favor

– Quizá él no está conciente, hace mucho que esta relación es de amigos, buenos amigos que comparten casa ,familia, intereses, pero …no es suficiente.   Es como un invierno crudo en el que hay chimenea, abrigo, estás a salvo, pero  mueres de frío por dentro, nadie se da cuenta.  Y quieres salir corriendo pero firmes lazos te sujetan al asiento.

– Mam, yo me divorcié con sólo un año… tú me respaldaste en todo. Callaste a mucha gente.

-No. Eso está descartado.  Nunca será nada a costa de ustedes, los que son parte de mi.

– Pero podrías pensarlo…-

-No, Jeny. Es decisión tomada. Es probable  que no me entiendas. Pero, por favor, no dejes de amarme. Te necesito –- Te amo mucho. Quizá no te entiendo, pero si te comprendo. No me gustaría que te hagan daño. Eres una mujer dulce, noble.  Dime, ¿es tu edad, es  buena persona ?

– Es casi 20 años menor. No tengo ninguna duda de lo que sentimos. Y respeta mucho mis decisiones, es libre, no tiene pareja. Por favor, sigamos nuestras vidas, hija. Este es el único secreto que me reservé. Ya eres parte de el.

El fin de semana fue tranquilo. Un corto viaje a la playa y un vínculo de amor fuerte entre madre e hija que se hizo patente.  Rubén, entre juego y juego con el móvil, siestas y charlas,se veía satisfecho de compartir con los suyos. 

El regreso a casa fue sencillo como siempre,  En las primeras horas de la noche, Liz sufrió un desmayo.  Su hija, aterrada,llamó a un hospital cercano. Lo demás fue rápido, casi predecible.Un infarto súbito y se apagó una vida.

El féretro permaneció abierto para que familia y amigos pudieran verla por última vez.  Un sencillo y elegante vestido azul fue el elegido. Por alguna razón, no del todo conciente, Jeny quiso mantener en el cuello de su madre  aquel collar con única piedra de cuarzo marrón, que Liz lució contenta aquel fin de semana.

Para la mayoría pasó inadvertida la llegada de una mujer vestida de negro, que se mantuvo  varios minutos frente a Liz, llorando en silencio y acariciando entre sollozos leves aquel collar.    

Lillie Langtry    

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