Llorar

Llorar de pena, de alegría, de orgullo personal, de dolor… Se llora por muchos motivos, es la forma que tiene el sentimiento para exteriorizarse. A veces, después de llorar, se ríe uno mientras se enjuga las lágrimas.

Confieso que soy un llorón. Eso se dice de aquel que tiene la lágrima fácil, digamos que se emociona fácilmente por cosas que a otros les dejaría impasibles o indiferentes.

Mi llorera, ahora, la motivan algunos comentarios que me llegan, bien sea a través de esta página o en correos privados. Son comentarios que si dijera que no me merezco, alguien pudiese interpretar que son malos, pero si quisiera a clarar que son buenos, pecaría de vanidad. Son comentarios que no van dirigidos a mí en concreto, sino a alguno de mis escritos que, al parecer, fueron afortunados. Hace tiempo que no respondo a esos comentarios porque, repito, debería ser el escrito el que agradeciera esas palabras elogiosas, y eso parece imposible.

Lo que sí puedo decir es que, a veces, lloro cuando un escrito mío gusta o produce satisfacción en alguien al leerlo. En ocasiones así, no río después de llorar ni me quedo indiferente. «José –me digo–, mientras nadie te diga que llora por ti, sigue escribiendo».

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