Los dos papas

No he podido sustraerme a la invitación que me han hecho desde mi familia. «Papá, abuelo, José, ve Los dos papas, te encantará.»Y con pocas ganas, sospechando que la película hablaría de un tema relacionado con la Iglesia Católica, me dispuse a verla y luego decirle a mi familia que la había visto.

Como siempre hago, antes de ver una película de los cientos de ellas que me ofrecen por Internet las plataformas, sólo visiono las que después de leer las críticas me ofrecen cierta garantía de calidad. Filmaffinity es mi preferida para informarme. En esta ocasión no lo hice previamente, sino después de ver la pélicula. Mi agnosticismo me previno: «no me tragaré ningún mensaje que intente la película transmitirme como dogma de fe; quiero decir que pudiese cambiar mis sólidas bases sobre los temas religiosos, cualesquiera que fuesen.”

Confieso que, quizá porque ya soy mayor, las emociones son propias de algún resorte de mis neuronas que gustan de contradecirme, y habrá sido por eso que en algún momento sentí cierta emoción inexplicable. Desde luego que no era el caso de Pablo, al que un rayo de luz le hizo caer de su caballo y abrazar la humilde fe en el dios de los cristianos. Buscando una explicación, sin que fuese condicionada por mis escrúpulos en cuestiones de creencias más o menos exotéricas, puede que fuese porque la soberbia actuación de los dos actores principales, y muy especialmente la de Anthony Hopkins, me empatizaran hasta el punto de creer en lo que cada uno exponía como criterios opuestos. Esa forma magistral de actuar y de mantenerse en sus respectivas posiciones, es tan convincente, que te hace olvidar que están actuando como lo que son, dos actores que siguen un guión de la mejor forma que lo saben hacer. Pero tenía que conocer qué opinaban los expertos en el tema de fondo y en la forma; nunca me encierro en mi mismo despreciando que existen otras mentes que pueden diferir de lo que a mí me sostiene.

Y las criticas respondían a dos cuestiones: Lo que se contaba de una Iglesia dividida y la realización de la película, sus actores principales incluidos. Todas parecían coincidir en que la película tiene más de ficción que de realidad, será porque hay cosas del la Iglesia que permanecen ocultas y nadie las puede filmar. Todos parecían estar de acuerdo en calificar a los actores como dos monstuos de la escena; los premios que cosechó la pelicula se refieren básicamente a estas actuaciones; no entran en consideraciones que aprecién la claridad o obscuridad de los conceptos que en ella se exponen. Una de esa crticas me llamó la atención:

«Los dos papas: propaganda «bergogliana» ciento por ciento. Fernando Meirelles, uno de los peores directores contemporáneos, hace una película tramposa sobre dos tipos que se hacen amigos y se confiesan pecados.«

¿Exagera? ¿Por qué este crítico fue tan poco benevolente y no se dejó llevar de una cuestión que parece no iba con él: la realización globlal de una película, que para otros es extremadamente amable, que te deja un buen recuerdo, que no te arrepientes de haberla visto? A fin de cuentas, los realizadores de las películas, que yo sepa, no intentan con ellas crear estados de opinión sobre supuestos mensajes subliminales o descarados y sí que aprecie el público su buen hacer.

Al final, y como corolario, debeo concluir que allá la Iglesia Católica con sus problemas identitarios, ocultismo sobre temas que, más o menos, salen a la luz, de esa especie de sinergia que atendiendo a un bien superior, anula las ineciativas individuales. En la película, un detalle no me pasa inadvertido: los dos papas defienden con pasión y rivalidad a sus equipos en la final mundial de la copa futbol. ¿Era Dios el árbitro? Ni en sus decisiones arbitrales estaban de acuerdo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.