Pasado, presente y fururo

No somos conscientes, o todo ha sucedido tan rápido, que hemos pasado de los juguetes de madera, de las películas sin sonido en blanco y negro, del amor furtivo, de las comidas frugales a base de puchero, de una vida hecha para vivirla sin espejismos, a una existencia en la que ya disponemos de recursos inimaginables sólo hace una pocos años. Nada es igual hoy que ayer.

Hoy está ahí, no son proyectos a largo plazo. De Julio Verne, Isaac Asimov, Ursula K. Le Guin, Philip K. Dick,  J. G. Ballard, Ray Bradbury, Stanisław Lem, todos, y muchos otros que no se mencionan, fueron grandes visionarios de lo que el mundo podía ser o llegar a ser. Todos sus empeños por adelantar el futuro hoy se han visto superados, y no olvidemos que no han debido pasar siglos, muchos aún vivimos de cuando todos eso era pura fantasía y seguimos vivos inmersos en la realidad que ha superado cualquier ficción. Hoy se relatan los logros que la ciencia ha hecho posibles. A Julio Verne le ha sucedido Elon Musk, con proyectos en industrias como la automovilística y coches eléctricos, energías renovables, inteligencia artificial y viajes espaciales como llevar a la humanidad a Marte y establecer allí una colonia de un millón de seres humanos que pueden asegurar la permanencia de la especie, y la fecha está casi a la vuelta de la esquina: año 2050. Y a nuestro alcance, la realidad virtual, la realidad aumentada, La inmersión o la introducción de alguien en un cierto ambiente, ya sea real o imaginario, los robots, las máquinas que sustituyen la manos de obra humana se quedan viejos de un día para otro. Nuestra capacidad para asimilar tantas cosas increíbles se deja llevar sin asombros, como algo natural, algo que nos viene dado como si todo lo contrario fuese imposible. Ni siquiera lo ponemos en duda, aquellos que somos dados al escepcismo.

¿Y qué será de todo esto cuando nuestros hijos, nuestros nietos y sucesivas generaciones, vivan su propia realidad? Tendríamos que volver a ser unos visionarios como los que nos precedieron, porque nada que la ciencia pueda alcanzar está escrito en manuales de consulta; la ciencia ficción será el recurso permanente que tendremos los humanos para predecir el futuro. Y nos equivocaremos de nuevo al quedarnos cortos.

Después de escribir lo que antecede, mis neuronas se preguntan si no somos los humanos los dioses de la creación; la única diferencia es que esta creación no empezó hace seis días y al séptimo nos hemos puesto a descansar.

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