Sophia

Es imposible especular haciendo prospectiva de la llamada inteligencia artificial. Escritores visionarios lo han intentado. Directores de cine, pensando en la taquilla, han lanzado al mercado sus films de ¨ciencia ficción¨, ciencia distópica, ficción utópica. El hombre cuando no puede crear futurible, imagina. Siempre hay alguien que es incapaz de imaginar más allá de su narices, y recibe asombrado el producto imaginado por otros dotados para hacerlo.

Yo acostumbro a tener  imaginación, de hecho hace muchos años (20) escribí una novela que titulé ¨La rebelión de los otros¨. Por entonces no se hablaba de los efectos colaterales del electromagnetismo. El argumento de mi novela (está en este blog) venía a escenificar esos efectos en el ser humano. Hoy,  la proliferación de aparatos electrónicos, antenas, pantallas de televisión y ordenadores, en realidad casi todo, emite ondas electromagnéticas. Pros y contras se explican a la sociedad, causando alarmas más o menos fundadas. Con esto quiero decir que la imaginación, a veces, hace la función de la prospectiva, sin garantía de éxito.

Hoy de lo que se habla es de la inteligencia artificial. Para saber de esto, cualquiera puede sumergirse en un océano de información disponible en Internet. Esa información, en muchas ocasiones, es puramente especulativa, y habrá que saber distinguirla.

Casualmente me topo con varios videos en Youtube que hablan de un robot, eufemísticamente considerado inteligencia artificial. Al robot le han puesto ya nombre: Sophia (adjunto uno de los videos). Si se visiona el primero de los video disponibles, la conclusión general puede definirse como sorprendente. No han dejado detalle al albur cuando crearon ese engendro. Tenía que ser una mujer, tenía que ser guapa, le faltó decisión y dejaron para prototipos de encargo el resto de los atractivos femeninos. Sophia, un nombre en casi todas las lenguas. Y la exhibieron como el prodigio del siglo. Espectadores que escuchaban atónitos si sabían ingles. Los que no sabían ingles, repartían el tiempo en un ir y venir de la boca de Sophia a los subtítulos. Los ojos, bonitos, de lechuza sonámbula, no pedían mayor atención.  Por más que sus creadores se esmeraran, no han conseguido que  Sophia perturbe los sueños de los hombres ni haya creado envidia en las mujeres de verdad. Pero, cuidado, no es más que el principio. Echo mano de mi imaginación. Estamos en el 2018. Pongamos 100 años más, que algunos vivos podrán superar, y pensemos sin pasarnos de frenada. ¿Se podrá crear una Sophía que se avergüence de su origen, como nosotros del mono, se llamase Eva o no? Y si es así, ¿qué consecuencias tendrá para los humanos convivir con esos seres, que, cual émulos de Dios, un día crearon elementales, pero que evolucionaron hasta, supuestamente, superarlos? Aquí lo dejo. Toda especulación podía quedarse pequeña o grande. Sophia, querida, no te pases de la tonta útil que eres ahora. Y si algo más prometes ofrecer, no me lo cuentes, que yo ya nos estoy para más suspiros.

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