Y fuiste tú

Eran tiempos en los que todos buscábamos algo. Ese algo, y era la moda, pensábamos encontrarlo en Internet. No, no era información, era un reconocimiento de tu propia existencia. ¿Y cómo se lograba eso? Eran abundantes los foros que se apellidaban literarios. Si tu pensabas que podías aportar algo que alguien leyera y alguien comentara, sin importar si el comentario era bueno o malo, ya te sentías que existías. Yo pertenecí a tres o cuatro de esos foros, con diversa fortuna. Se me reconoció, se me criticó encarnecidamente, pero nunca me envanecí o me frusté; ese era el juego de opiniones, que apreciabas porque, de alguna manera, hablaban de tí

En uno de esos foros, una mujer apareció dubitativa. En sus aportaciones, en las que me mecionaba, su obsesión era confundirme con otro forero y, en consecuencia, traterme poco menos de impostor.

Pero con el paso del tiempo, ya retirado de aquel foro, la mujer comenzó a creer en mí. Mantuvimos ya una comunicacion bilateral desprovista de los focos que proyectaban luces y sombras en los foros y todo discurrió con la normalidad de una amistad creciente. De mí, creo que apreciaba la cálida sinceridad con la que me expersaba, capaz de atravesar el Atlantico sin enfriarse. De ella, el no merecido aprecio a las muestras de cercanía que le prodigaba con mi correspondencia a sus correos, y digo no merecida, porque creo que lo hacía más por mí que por ella. El conocimiento que dos personas pueden llegar a alcanzar de una sobre la otra es un conocimiento parcial, pues no se da aquel que proporciona la presencia física. Aún así, y a fuerza de intercambiar ideas, descripción de situaciones y alguna foto, pienso que ambos, mujer y hombre, hemos mantenido una relación asexuada. Una relación que nos ha permitido una amistad sin complicaciones, sin renuncias a nuestros respectivos estatus familiares.

Hoy, despues de muchos años, seguimos donde lo dejamos, pero el tiempo ha traido para ambos nuevas inquietudes que, curiosamente, son coincidentes. Es como si ninguno de los dos quisera estar mejor que el otro y tenerse envidia, aunque fuese sana. Ambos, con poco intervalo de tiempo, hemos venido en padecer de una dolencia que se considera grave. Ambos nos hemos manifestado describiendo aquello que nos preocupa y el estado anímico y físico en el que estamos sumidos, cada uno buscando su salida.

A ella la encuentro, por sus manifestaciones, con la ansiedad propia de un acontecimieneto inesperado, con la incertidumbre de que sus médicos acoten la gravedad y las consecuencias; yo, con más tiempo, y superado el dolor que me lo recordaba, apenas sí le dedico pensamiento. Para ella todo está presente, todo le duele: el cuerpo, el alma, el amor a los suyos… Y yo, que podría darle consuelo y firmeza, no sé como hacerlo por más que quisiera.

Sí puedo decirle: amiga, yo pasé por eso, y sin darte esperanzas futiles, espera con la capacidad de dolor que soportes, físico y anímico, que si aún no está todo dicho por tus médicos, la probabilidad de que llegues a superarlo está en un 50 por ciento. Y si es peor de lo que supones, pon de tu parte todo el empeño en vencerlo. Es un forma más de lucha a la que nos enfrentamos en nuestras vidas hasta que se apagan.

Yo, como no podría ser menos, te deseo suerte, aunque este deseo se apague con el tiempo que nos quede para seguir comunicándonos.

Tu amigo

Una respuesta a «Y fuiste tú»

  1. A veces ocurre , que al principio hay desencuentros y poco a poco se van cambiando los puntos de vista, hasta poder llegar a una buena y sana amistad.
    Ignoro si es lo ocurrido y vistas las parecidas trayectorias que lleváis creo os beneficia a los dos.
    A ella le pueden servir tus consejos ( por tu mayor experiencia y ventaja temporal) y a ti te puede servir para sentirte útil respecto a ella , al hablarle de experiencias ya conocidas por ti.
    Hoy he leído algunos de tus escritos pasados ( sabes que tengo muchos guardados).
    Concretamente he leído entre otros , el que lleva tu partida de nacimiento y hablas de que eras cabezón y que venías con los pies por delante.
    Sigue con la amistad de tu amiga en la distancia y ayudala cuanto puedas.

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