Aforismos (1998)

Debí pensar que para pasar a la posteridad, además de escribir algo notable, tenía que demostrar lo inteligente que era ofreciendo a la humanidad esas sentencias o aforismos que se toman como piedras angulares del pensamiento. Debí pensar, también, que esa era una tarea continua, que no se podía hacer una lista de aforismos como el que escribe una novela o la cesta de la compra, que cada aforismo era como un Flash que te iluminaba de vez en cuando y que deberías llevar contigo una libreta y algo para escribir la ocurrencia del momento. Bueno, pues como muchos de mis proyectos abortados, comencé la tarea de ir tomando nota de aquellos que pensé tenían derecho a ser inmortales. Luego no seguí. Hoy se me ocurre uno: la vanidad es la fotografía de la estupidez.

Pido disculpas si alguno ya se le ocurrió a otro genio.

Helos aquí

Aforismos
y otros pensamientos breves

JDD 1998

La historia es un registro de la adulteración de los hechos. 

A todos los que sufren, balas de piedad. 

Yo soy mi pensamiento y, como mi pensamiento, soy voluble… a veces; y a veces soy otro. 

Lo que he vivido, no me lo quitará la muerte. 

Si para ser libre sólo libre he de ser, jamás. 

Las máscaras, cuando verdaderas, se llevan por dentro. 

¿Tendrán derecho a amar los tristes? 

Un ser omnipresente, de tanto estar en todas partes, estará siempre solo. 

Que a mi muerte, de mis ideas surjan nuevos seres humanos, que de mi cuerpo sólo gusanos. 

«Yo no te veo, por lo tanto, no existes» -dijo el ojo. El oído guardó silencio. 

También el pensamiento necesita compañía. 

Los ojos son lo realmente importante del ser humano, porque en ellos está acumulado todo lo que hemos visto… y lo que hemos visto es lo que somos. 

El hombre es todo el poder de d~os. 

La costumbre es una burla que, desde el paso ineluctable del tiempo, le espeta el ocio a la inteligencia. 

Palabras, tan reales como las ideas que iluminan. 

El deseo de trascendencia es la más sublime de las vanidades. 

Las lágrimas no son para llorar. 

El único sentido de la realidad es aquél que puede atribuirle quien jamás la ha conocido. 

Los momentos cesan (y su recuerdo tras ellos), sólo los sentimientos, los inevocables sentimientos, perduran. 

L evolución es un tránsito que no se recorre, se acumula. 

Sólo se muere una vez en la vida. 

El rasgo humano de una acción se encuentra en su motivo: el hombre, para hacerse humano, debe actuar de acuerdo a aquéllo en que cree, aun si es preciso subyugar aquéllo que quiere. 

Hay en todo esto un engaño: no soy yo quien escribe, es el peso del Universo el que se manifiesta. 

La vida es una aventura que se agota. 

La vida es una realidad electiva. 

El poder difusivo de la religión no estriba (¡vaya ingenuidad!) en su divino origen, sino en sus humanas consecuencias. 

¿Qué significa para un hombre, que nada es más allá de sí mismo, acabar con lo poco que es? 

El hombre que sabe decir la última palabra, debe aprender a soportar, después, el más absoluto de los silencios. 

En el camino hacia la plena sabiduría deben encontrarse todos los extremos. 

Los que son últimos, jamás serán primeros. 

Democracia: poder de los mediocres 

Religión: vicio que resguarda de la duda a los débiles. 

Para conocer la naturaleza del mar es preciso tragar su agua. 

Sólo al abandonar los pasos éstos siembran huella. 

Altruista es la acción egoísta que conviene a los que no participan de ella. 

Un hombre debe estar orgulloso hasta de sus vergüenzas. 

Aplaudo y compadezco al hombre que dedica su vida a convertirse en estatua. 

Pero… ¿cuánto del hombre guarda la estatua? 

Yo no soy rutina de la creación. 

¡Tantas palabras, tantos conceptos; todo ha de serle ligero al hombre! 

Toda nuestra vida acumulada apenas alcanza a justificar nuestro postrer suspiro. 

La vista es más profunda en la obscuridad, pues sólo entonces revela la negrura de todas las cosas. 

Después de muerto ya no habré escrito estas palabras ni tú las estarás leyendo ahora. 

Jamás discutas con alguien a quien le suenen las tripas. 

Vive cada día, todos los días. 

¡Que llueva sol! 

Desconfía de quien te diga: «Todos somos iguales». Tal vez sí sea igual a todos los que así dicen. 

La estupidez es la única firmeza que se le puede permitir a un hombre. 

¿Quieres acabar con el mundo? Hacerlo contigo será suficiente. 

El asombro es el eco de la consciencia; la duda, la impronta de la inteligencia. 

Mi moral es una puta amable que puede indignarse y fingirse imperativa con una emoción a veces maternal. 

Las palabras son entes vacíos que sólo encuentran contenido en el interior de las personas. 

Aun el que ignora la cosa es capaz de sentir algo hacia ella. 

La verdadera comprensión del otro empieza con la advertencia de que cualquier diferencia no es inmanente a cada uno. 

El paraíso, si ha de ser placentero, es sólo habitable en inconsciencia. 

Rebasar el cauce de lo escrito debe ser el objetivo de toda lectura creadora. 

¡Vive, vive, que no es para siempre la vida! 

¡Pobre de aquel que tenga a la derrota por opción! 

Sólo cuando el monstruo se mueve entre los fondos, puede haber novedad bajo el Sol. 

He mojado algo más que mis ríos. Remonto todo caudal insuficiente. Sigo buscando el mar justo para mi remo. 

Debe haber algo de mí entre tanta palabra. 

Sólo esto sé. 

¿Qué deberá decir el epitafio de la humanidad? 

2 respuesta a “Aforismos (1998)”

  1. El deseo de trascendencia es la más sublime de las vanidades.

    La historia es un registro de la adulteración de los hechos.

    De tus, mis aforismos favoritos.
    Eres un cerebrito. ¿Es un aforismo?

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