Anotaciones (2000)

Sobre cosas como está que traigo aquí se discutía en los foros. Puntos de vista de unos y de otros sobre cualquier tema que se hacía presente, con razón o sin razón. En este caso se hablaba del escritor, de escribir.

Gracias, Miguel.

Náa, creo que hasta que haga lo mismo con mi página no habré hecho nada extraordinario (debía referirme a borrarla por completo y empezar de nuevo). ¿Pero quién tiene los bemoles de evaporar 15 años de creación más o menos literaria? Pero si hasta revisando de vez en cuando lo que he escrito (más de 20.000 folios) y encontrándome con verdaderos y aberrantes engendros,  me cuesta hasta meterle el bisturí de la experiencia… ¿No será que en mi propensión a ser eterno es lo único que me lo garantiza? Bueno, algún libro en papel con unas de mis obras anda por ahí, y tendrá la vida que tenga el papel. Mirad cómo yo lo veo. Lo mismo que algunos ricos han dispuesto la congelación de sus cadáveres hasta que se encuentre un remedio a sus males y se les aplique, así he hecho yo con mi página (me refería a mi antigua página) Confiando en que Internet mejore pero nunca desaparezca, he hecho testamento, y en una de mis disposiciones, digo: que de mis bienes se detraiga cantidad suficiente para mantener mi dominio .com en Internet, al menos durante 100 años posteriores a mi muerte. No he puesto más porque después de 100 años muerto, seguro que ya no me importa qué carajos hicieron con mis escritos. Siempre habrá algún desgraciado que los habrá firmado como propios, y si alguien los publica con mi nombre, pues ya no tendrán derechos de autor, así que a la mierda.

No recuerdo si me repito, Pat, pero tengo la impresión de que tú no escribes…, tú cincelas las palabras. Tus textos se escapan de la quietud de un folio de papel o de la pantalla del ordenador. Esas palabras que tú rescatas del silencio, golpean fuerte en la mente, como si te las metieran a golpe de martillo. Y no duelen, pero se sufren, como se sufriría renacer en medio de un páramo. Haces bien, Pat, en lanzar esas piedras contra nuestra abulia.

Quizá el día que se me ocurrió explicar mi poema dejé de ser poeta o poeta en potencia. He escuchado —había escuchado— muchas veces que los poemas no se explican, pero nadie me dio una razón convincente; quizá porque son inexplicables, me dije. Y  fue entonces cuando cometí el sacrilegio de explicar el mío. Fue hace tiempo y no recuerdo si alguien me lo reprochó. Hoy, y después de leer las cuitas que nos trae aquí Rolando, exhumo lo que entonces escribí, añadiendo que, como con los electrodomésticos, quizá fuese bueno que a cada poema acompañara una relación de las claves literarias que el autor utilizó en su composición. A juzgar por mí, es la mayoría de las veces que la frustración que siente el lector ante un poema simbólico, le deja desganado para una próxima ocasión. Pero lo que digo es propio de un heterodoxo de la poesía, así que mi opinión vale lo que vale.

A las 5:43AM, cuando la conciencia aun no es perversa, entre somnolencias eróticas no consumadas por eso de la edad, que mi sorpresa diaria es grande. Me explico sin ser prolijo. Detecto, constato que estoy en un foro especial. Adelanto que no excelso, por si alguien se dispone a tener un orgasmo intelectual. Aquí abunda — espero no es excluyente— lo que yo llamo «estilo columnista». Todo, al parecer, puede presentarse en columna más o menos arquitectónica. Digo más o menos, porque no mantiene en ningún caso un estilo definido, depurado: jónico, corintio, etc. En realidad estéticamente no presentan una fina línea con su base, fuste y capitel bien dispuestos. Pareciera que son columnas rotas después de un terremoto, en equilibrio inestable. Para leerlas no se necesita contener la respiración, como sucede en la prosa de frases largas, basta con dar saltitos mentales, como el que cruza un arroyo sobre las piedras que emergen. Bueno, nada que objetar, salvo que me llevan todos los demonios que a esto le llamen poesía. Y ya, me vuelvo a la cama, a ver si esta vez…


Un sinónimo de perro?

¡Guau!

¡Cállate, chucho!

No me jodas, ¿quién eres?

Yo soy Pat

La de las noches en vela

Contando cuernos de caracoles

Ah, ¿entonces?

¿Entonces, qué, desgraciao?

No, nada

Es que la camisa no me llega al cuerpo

Eso es electricidad estática negativa

Ponte una cataplasma en el culo

Cambiará de signo.

Si tú lo dices…

No lo digo yo

Lo dice Pat

Y quién es Pat?

Ahora que lo preguntas

No sé quién es Pat

Entonces?

Pareces gilipollas

Todo el que se pregunta

Es un mamón que quiere saber

¿Y eso es malo?

¡Guau!

Entiendo.

Voy un poco más allá, Gabriel. Pienso y también creo que los que escribimos somos pura ficción, al menos somos ficción cuando nos desenvolvemos en este medio. El escritor real es el tío-tía que, manuscrito bajo el brazo, recorre las editoras con pretensión o esperanza de caer bien al lector de la misma y que sea recomendado al que cuenta el dinero. Si lo que presenta es bonito, bueno, genial, comercial, etc., verá su manuscrito en las librerías o en los supermercados en forma de libro. Y si ese escritor real es objeto de los medios, pues estaremos ante un escritor consolidado, consagrado, que ya todo para él será escribir y cantar.

¿Qué sucede con este sucedáneo que navega por Internet? Pues que, en primer lugar, por aquí todos nos llamamos escritores, lo cual ya devalúa el término. Y nos apoyamos los unos a los otros siendo nuestros propios editores, nuestros lectores, nuestros críticos, nuestros aplausos y, también, nuestros silencios, todo en un micromundo sin proyección universal posible. Esto es lo que hay, y de ahí que en un momento dado, y de forma individual, nos demos cuenta de la desolación en la que estamos y reaccionemos no de forma catártica, pues no obtenemos un nuevo horizonte, sino, en ocasiones, suicida, heroica o gilipollas (heroico y gilipollas es bastante sinónimo). Luego, como en mi caso, buscamos este refugio, porque fuera de él hace frío. Y así, hasta la próxima depresión.

Porque envías esto para que lo leamos, yo lo he leído, —como leo todo—,  así que contabiliza un lector, al menos. Dos cosas, Kepa: que tienes un estilo depurado, académico, y que a mí esto me ha parecido un ladrillo soporífero. ¿Me quieres decir qué pretendes que nos quedemos de lo que cuentas? Yo me he quedado con que está impecablemente escrito. pero seguro que eso a ti te importa un carajo. Pues lo siento, amigo, para mí es toda una lección de bien escribir que aprovecho; otra cosa es que aprecie el porqué de  tu empeño.

Y una pregunta. Hablas de resma de papel, y no me cuadra. Una resma  se compone de 500 pliegos, y los pliegos no es el formato adecuado para una impresora, a no ser que tengas en casa una mini rotativa. ¿Me lo explicas, porfa?

No es ni bueno ni malo, ¿quién soy yo para juzgarlo? Como lector sólo puedo decir si me gusta o no, si he comprendido el mensaje. Ahora bien, soy muy puntilloso cuando me encuentro ante algo que cambia mis elementales esquemas, y quiero saber. Soy un mamón queriendo saber, como decía más atrás, en esa especie de diálogo que imitaba a «Esperando a Godot» (Pat)

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