Carta a P. J. C

Querida Paquita.

Espero que al recibo de esta carta te encuentres bien,  así como toda tu familia.  Yo bien, a Dios gracias.

Sólo fue ayer, y me parece que fue hace muchos años, que asistí atónito a la presentación en sociedad de tu novela,  Arrugas en el alma. En primer lugar, el público. Hay que ver cuanta de gente, mayormente señoras de nuestra edad, mal señalar, debió ser por eso de las arrugas, que fueron intrigadas. Hasta un cámara de televisión que llevaba un letrero que decía Fuengirola TV. Se ve que tienes mucha mano en ese pueblo.

Y comenzó el acto por un señor con pinta de okupa sin agua corriente, que te presentó a ti primero, sería por si alguien que no te conocía se había unido al acto, de seguro por si había canapés, y para que supiera que allí estaba teniendo lugar un hito histórico para el pueblo de Fuengirola: una hija predilecta presentaba su primera novela de las muchas que pensaba escribir, y que Dios nos coja confesados. Luego que te puso a parir, pero en bueno de cosas bonitas que dijo de ti, entró a saco en la susodicha novela. Por Dios y por la Virgen Santísima que no le entendí ni miaja. Comparó tu novela con la de un montón de hombres y mujeres escritor@s que ni me sonaban, pero por los colores que te subían a la cara, pude pensar que te sonrojaban las comparaciones. Vamos, que de allí ya tenías el pase a la gloria de las letras españolas, o mejor de las letras castellanas. Total que dejó de hablar y pararon de moverse los culos inquietos del público, al que le debió parecer demasiado por la novela de una amiga que ni siquiera había salido invitada en Sálvame diario. Aplausos tímidos, porque todos parecían gente educada. 

Y luego tú, a capela y sin micrófono, que no hacía falta porque la sala no era más grande que el salón de mi casa, y allí no hacían falta altavoces. Y venga a decir que escribir la novela te había costado un riñón de dinero y emociones varias. Tres años, dijiste, para parir aquella historia que te la había inspirado una señora sentada frente a ti en el tren. Sería en un tren antiguo, porque ahora van sentados ´dándose la espalda, mal señalar, los unos a los otros. Y como el título de la novela tenía que venir de alguna vivencia personal, describiste la cara de la señora como si fuera un muestrario de arrugas en una clínica de estética. Ahí creo que tuviste un lapsus. pues para empezar dijiste que era una mujer bellísima, y luego, sin moderarte, explicaste que tenía arrugas hasta en las pupilas de sus ojos. Yo, sinceramente, dudé de si los cánones de belleza vigentes consideraban bellas las arrugas. Sea como fuese, allí encontraste el espermatozoide que fecundó tu imaginación, que a resultas de tan feliz coincidencia, te faltó tiempo para ,en llegando a casa, ponerte manos a la obra, en este caso literaria, con perdón. Y como el público tenía que tener un motivo para comprar tu libro, además de por amistad, desgranaste tanto el contenido en personajes y acción, que casi se convirtió aquello en un audiolibro. Pero bueno, era tu novela, y a nadie le sorprendió que estuvieses orgullosa de tu criatura e hicieras lo que te dio la gana.

Después, la firma de ejemplares que compraron los asistentes, que hasta te decían donde debías poner la dedicatoria, señal de que aquello era nuevo para ti.

Antes de terminar esta carta que te escribo con el cariño que sabes te profeso, quiero ser sincero: Te pregunté si seguirías escribiendo aunque tu novela fracasara. Me respondiste muy segura de ti misma: «Por supuesto, José, ésta desde ahora va a ser mi vida.» Yo te hice un gesto de aprobación y me faltó decirte: «Paquita, espero impaciente tu próxima novela.»

Y ya sin más, porque son las tres de la madrugada cuando te escribo y el sueño me hará decir estupideces, te felicito, con un poco de envidia, y te deseo larga vida por el bien de las letras… castellanas. Besos de mi parte a tus niños, a los que vi casi nacer, y creo que dijiste que tenías un nieto o nieta, pues también le das un beso. Ah, no dejes de llevar canapés la próxima ocasión, a ser posible de la cafetería Lepanto, pues así evitarás que alguno de los que asistan te ponga a parir por roñosa.

De tu amigo y de Juana, q.e,d., con cariño.

José

P.S. Decirte que me alegré mucho de ver a Rebeca por allí. Parece, es, una it girl. No pudo ser que emparentáramos, aunque tal y como están los tiempos actuales, hoy estaríamos lamentando un divorcio.

 

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