Claudia

Claudia abría el ordenador nada más levantarse. Mientras se configuraba, iba a la cocina, se preparaba un café soluble y volvía a reunirse con su máquina, buscaba en las aplicaciones la Word y la abría con resolución. En Word habría Documento Nuevo y permanecía atenta unos segundos al cursor que parpadeaba, invitando con su guiño a que comenzara a teclear letras.

Al cabo de un par de horas, Claudia releía lo que había escrito, le daba a Guardar Como, y era entonces cuando le ponía título al documento. El siguiente paso era Dónde, que en principio elegía Escritorio. Cerraba Word y buscaba en Escritorio el icono de su escrito. En ese mismo escritorio Claudia tenía una Carpeta con el nombre Claudia. Arrastraba el icono recién incorporado a esa carpeta y cerraba el ordenador. La carpeta donde Claudia guardaba sus escritos estaba plagada de títulos, y sin razón explicable, esa carpeta sólo se abría con una clave encriptada. No había razón que explicara esa actitud, porque Claudia vivía sola y no se daba el caso de que alguien no autorizado pudiese, sin su permiso, acceder a lo que ella misma había convertido en misterioso.

Esa mañana, Claudia, por primera vez, cambió su rutina. Hasta depositar su escrito en formato Word en el escritorio todo fue igual. En el escritorio apareció un icono con un título nunca utilizado ni por aproximación por ningún autor, una interrogante de apertura, tres puntos e interrogante de cierre. Pareciera que Claudia no tenía claro el título para su último escrito y lo dejaba en interrogante por el momento.

Claudia, esa mañana, no dio por terminada la ruta que seguían sus escritos hasta desaparecer en la carpeta cerrada con la llave de una contraseña. Tenía reservado un enlace a un foro literario que le había llamado la atención por su aparente gran difusión. En alguna ocasión Claudia se había parado a leer alguna de las aportaciones, y todas le parecieron de un alto nivel literario. Con la duda que atenaza a cualquier escritor novel cuando se decide a publicar algún trabajo, Claudia permaneció largo tiempo con su último escrito abierto, releyendo entre lineas. Añadió alguna coma para hacer la lectura más cómoda y no quedar al lector sin aliento con frases interminables.

Claudia, ya sin vacilar, abrió el enlace del foro, buscó Aportaciones, la abrió y siguió las indicaciones de la ventana. Nombre, ciudad, un teléfono de contacto y adjunte su escrito aquí, aclaraba que sólo se hiciese en formato Word o PDF. Claudia cumplió con los requisitos de identificación y arrastró el icono .word al lugar indicado, le dio a remitir. Claudia se secó de la frente un sudor incipiente, producto del estrés que aquel heroico acto le había producido, cerró el ordenador y se fue al dormitorio, se tumbó en la cama y miró al techo. Pensamientos pesimistas, vergüenza al sentirse desnuda ante críticos exigentes, pensó que hubiese sido más coherente encerrar aquel escrito donde sólo ella pudiese leerlo, su timidez, su falta de autoestima no daba para exposiciones a tumba abierta.

Los días que siguieron, Claudia no escribió nada, estaba bloqueada, sólo abría el ordenador para ver el foro que debería sentenciar el mérito o demérito de su escrito enviado. Su frustración e inquietud crecían cada vez que el foro no se daba por enterado, su escrito no aparecía y, por tanto, no había lugar a juzgarlo.

Eran las diez de la mañana. Claudia limpiaba su apartamento. Sonó su teléfono móvil. Claudia dejó la tarea y escuchó. Apenas su piernas podían sostenerla de pie y se sentó en la silla más próxima. Siguió escuchando sin pronunciar palabra. Gracias, pudo articular como cierre de aquella llamada.

El foro había considerado extraordinario el escrito enviado por Claudia y le proponía presentarlo a un certamen literario prestigioso, con autores premiados que luego fueron primeras firmas en el mundo literario. El premio no era remunerado, sólo publicarían el título premiado.

¿…?. el título de la obra que Claudia envió al foro fue el que obtuvo el primer premio. La obra fue, consecuentemente, publicada. Su éxito fue tal, que a una edición siguió otra, agotada tan pronto salía a la venta. Una editora le ofreció publicar toda su obra. Claudia comenzó a creer en sí misma.

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