Cuando se pierde la dignidad y se convierte en miseria

Hablamos de nosotros obviando aquellos aspectos que ponen en entredicho nuestra dignidad más o menos exigente. Muchos de esos aspectos los reservamos en la intimidad más estricta, en nuestra casa, en el cuarto de baño, en la cama, en algún rincón sombrío. Cualquier aspecto indigno se asume sin gran quebranto, se queda para nosotros o, todo lo más, se comparte con quien te acompaña en la intimidad. ¿Qué sucede cuando un aspecto indigno alcanza la categoría de miseria? Coincidimos todos en llamarla de otras formas, todas con benevolencia; “que pena de hombre, mujer o niño, qué triste vida la suya…”

¿Quién se atreve a exponerse en publico mostrado una miseria que, siendo sólo accidental en el ámbito privado, nos sume en nuestra propia vergüenza y la expresión nada indiferente de quien nos observa, con muestras de asco y hasta provocándole el vomito?

Podría calificarse de natural, ricos y pobres no libres de sufrirla.

Como efecto secundario del tratamiento que he recibido de radioterapia, inevitable durante algún tiempo, la diarrea es protagonista principal. Todos los días, en cualquier momento, he de pasar por ese trance indigno, indigno por que no avisa, no te da tiempo a llegar al water, y nada que lleves puesto es suficiente para contenerla y un reguero de heces vas dejando por el camino. Lo indigno de esto no es el suceso en sí, que ya te lo habían anunciado los médicos, lo es el hecho de tener que limpiar tú mismo la suciedad que has provocado y antes de que alguien de tu familia se vea obligada a sustituirte. No sería lo mismo de estar imposibilitado por una enfermedad paralizante en el que enfermeras, cuidadores, familiares te asintieran postrado en el lecho.

Puedo contarlo. Me levanté urgido por la necesidad de ir al water. Llevo puesto un protector que recoge heces y orina en caso de incontinencia. Me separan cinco metros del water, esperaba llega a tiempo. No fue así. Me quité el protector a tope de heces, me lavé, me duché, y por el cálculo que hice, creí haber dado por finalizado el trance diario; la cantidad se correspondía con el alimento ingerido el día anterior. Hasta me llenó de optimismo, teniendo como referencia la más de diez veces necesidad de ir al water de días anteriores. No obstante me puse el protector porque había decidido ir al súper a hacer algunas compras.

Todo parecía estar bajo control. Yo era una persona más entre la numerosa clientela con la que me cruzaba. Sin previo aviso, que me hubiese dado tiempo a llegar a los lavabos, el esfinter se abrió y una considerable cantidad de heces abandonó mi cuerpo. El protector parecía funcionar, lo que me había sucedido seguía perteneciendo al ámbito de mi intimidad, afortunadamente todos mis vecinos llevaban mascarilla, y supuse que no les llegaba el hedor de mi cuerpo descompuesto. Suspendida la compra, me dirigí a la caja y regresé a casa. Al salir del coche, noté que un líquido corría por una pierna. Pero estaba en casa, en el ámbito de mi intimidad. No era para estar contento, me horrorizó pensar que en el súper se hubiese producido el reguero de suciedad que, en ocasiones, había dejado por el suelo de mi casa.

Quizá diréis que no es un tema para ser publicado, pero lo hago con la intención de preveniros. Nadie está libre de pasar por un trance parecido, no abandonéis vuestro ámbito íntimo, podéis cagaros en cualquier lugar donde os observen… y tendréis que soportar la sensación de miseria que conlleva.

Una respuesta a “Cuando se pierde la dignidad y se convierte en miseria”

  1. Sabes lo que te digo Jose ? Es indigno , es de ponerse de los nervios , te da vergüenza , angustioso , triste , y por mucho que te diga hay que vivir una experiencia así para saber lo que es eso , con todo ….. ES UNA SITUACIÓN NATURAL PRODUCTO DE TU DOLENCIA y al que no le guste !!! Que se vaya a la MIERDA !!!
    Un abrazo Don Jose y mucho ánimo , ojalá tengas mierda siempre en las tripas para blanquear , más bien tintar , la Moncloa .

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