De cómo la amistad se termina

La amistad es un sentimiento de proximidad. Esa proximidad puede ser física o no, no necesariamente ha de tener un aliento compartido. Basta con compartir, ya sea en la distancia, motivos que nos identifican como un ente único, inseparable.

Mi pensamiento pudo transportarme hasta ti y sentirte. ¿Qué ha podido suceder para que lo que era atracción ahora sea rechazo? Me exigiste una amistad en una sola dirección, eso no se detecta, se percibe cuando molesta. Podía haber sido tan estúpido que hubiese convertido tu deseo en prueba mayor de amistad, pero la intención era otra: «vamos a ver qué da de sí esta amistad no compartida con nadie más». A partir de esa perversión que nos facilita el cerebro, ya sólo queda probar que es cierta la hipótesis. Es sólo una cuestión de cálculo oneroso, que se acepta para que el resultado evite un mayor desastre.

De una amistad que se evapora, ya sólo queda fijar los términos de la ruptura. Y no hace falta especificarlos, cada parte los guarda en su mente. Ahora toca cumplirlos.

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