El que escribe y el que lee

En algún diccionario ideo constructivo o de frases de las llamadas felices, tres o cuatro autores coincidían en suponer que la lectura nos permite conocer los  mejores pensamientos del autor, y los autores que esto decían, que no recuerdo sus nombres, eran de los llamados indiscutibles. A mi juicio se equivocaban, o su candor era notable. Según yo creo, al escritor no se le pasa por la cabeza, mientras escribe, dejar en el papel el testimonio de lo que piensa; lo que hace es pensar luego en lo que escribe. De esta forma, el escritor es el primer lector de lo por él escrito. Sólo así se entiende que para un escritor equis, lo que escribe está bien escrito, y lo que dice va a misa. Es la prepotencia del escritor frente al papel (ahora la computadora), que pocas veces tiene presente al lector al que van a caer sus escritos. La frase de aquí abajo,

“Los intereses del escritor y los de sus lectores nunca coinciden, y cuando lo hacen no es sino un afortunado accidente”,

podría suscribirla, pero no. Y digo que no, porque escribir y leer no es una confluencia de intereses. Sería confluencia de intereses (luego se vería si afortunada o no) si el escritor escribiera bajo demanda acordada. Pero por lo que digo antes, el escritor sólo confluye consigo mismo en una primera instancia. Es como el equipo que diseña lavadoras en una firma de lavadoras: concluyen que el producto es bueno y que se venderá solo. Los artistas, en general, hacen lo mismo: se gustan a sí mismos y creen —o les importa un carajo— que deberán gustar a los demás que tengan la suerte de participar de su arte. En definitiva, lo que sucede es lo que dijo Ionesco,  sin creérselo del todo, supongo:  «Sólo valen las palabras, el resto es charlatanería» Ah, y a través de los libros no se puede entender nada, y menos el Universo,  como dice el autor (1); menos mal que deja aparte el amor, para que los poetas sigan divagando.

(1)

Hoy, en el año de gracia 2021, aún se sigue especulando con el «origen del Universo». Líbreme Dios de entrar al trapo de las especulaciones más recientes. Si acaso, recomendar un libro fácil de leer y comprender del autor Iván Agulló «Más allá del Big Bang». Escribo una reseña del libro copiada al azar:

«Una provocación al intelecto que nos embarca en un viaje fascinante a través del tejido cósmico. ¿Qué fue el Big Bang realmente? ¿El universo es eterno o tuvo un comienzo? ¿Tendrá un final? El lector tiene entre manos una obra que pone las grandes cuestiones del universo al alcance de todos. Con la capacidad de presentar con sencillez temas tan sumamente complejos como la Teoría de Cuerdas y la Gravedad Cuántica de Lazos, Iván Agulló aporta algo de orden al caos infinito de interrogantes que la cosmología enfrenta en la actualidad. Lo hace mediante esta breve historia del universo y de los brillantes teóricos que han revolucionado por completo los cimientos de la ciencia y de nuestro entendimiento de todo cuanto nos rodea. Con una gran profundidad intelectual y filosófica, este libro logrará expandir el universo de ideas que cualquier mente curiosa alberga».

Y me quedo con una pregunta sin respuesta, aunque ya se hayan inventado la física cuántica para no quedarse con cara de bobos.

Se dice que el Universo se expande a partir del Big Bang, ergo el Universo antes del Big Bang era como una infinita caja vacía; no es, pues, el Universo el que se expande, sino las cosas que contiene.

Concusión: Yo con Ionesco, he dejado de leer libros que traten sobre el Universo. Por una razón: porque aunque las palabras pueden crear magia, detrás de la magia siempre hay un montaje.

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