Estos niños de ahora…

 

¿Eramos prehistoricos con nuestras pizarras y encerados? Eramos nosotros

Estos niños de ahora…

Relato verídico

Una joven inmigrante viene una vez a la semana a mi casa para ayudarme a mantenerla  ordenada y limpia. Donde yo no llego, llega ella, y cuando se va, es verdad que mi casa parece otra.

La joven, soltera, tiene un niño de cinco años que, en esta ocasión, no ha podido dejar en el colegio porque es sábado y tampoco con alguien que lo cuide. Me pidió si lo podía traer con ella y, naturalmente, le dije que podía.

Tanto la madre como el niño, ucranianos de origen, hablan perfecto castellano.

El niño se llama Denís. Su madre me anticipa que no me dará problemas, que con su tablet se quedará tranquilo en donde se siente durante las cuatro horas que su madre emplea en su tarea.

Denis se sienta, enciende la tablet y, de reojo, veo que aparecen juegos infantiles. Elige uno, lo abre y…

—Es que no tengo Internet —me dice.

—!Ah! ¿Por qué necesitas Internet, Denís?

—Es que este juego es Online, y necesito wifi.

Sorprendido, pregunto a su madre.

—Larysa, Denís


dice que necesita Internet para un juego en su tablet.

—Será un juego que no tiene descargado en la tablet. Si puede darle la wifi de la casa… El sabe cómo hacerlo.

—A ver, Denis, ¿cómo te doy la Wifi? ¿Tú sabes hacerlo?

—Sí, necesito la clave. Un momento, que me la tiene que pedir.

Trastea en su tablet y me dice:

—Ya, deme la clave

Estoy perplejo, tiene sólo 5 años. Le deletreo la clave, y pronto exclama

—Ya tengo Internet, ahora ya puedo jugar online.

Mi curiosidad me lleva a interrumpir su atención al juego. Quiero saber cuál es el límite de este niño que no creo sea un geniecito y más bien un niño de ahora.

—Denis,  sé que no tienes Internet en casa y que tu madre te lleva a donde se puede uno conectar gratis. ¿Por qué no aprovechas que estás aquí y lo descargas en la tablet y así no necesitas Internet para jugar con él cuando quieras?

Sin levantar la vista de la tablet, tecleando frenético las teclas operativas del juego, me dice:

—Es que mi tablet tiene poca memoria para descargar y ya la he usado para bajar otros juegos.

A cada palabra que se relaciona con el mundo de los ordenadores, abro los ojos sorprendido.

—Entiendo, Denis, tienes poca memoria. ¿sabes lo que es un pendrive? Si pudieses conectar un pendrive, en él podrías guardar los juegos que bajaras.

—Ya sé, pero mi tablet no tiene para conectar un pendrive, en el ordenador de mi madre sí.

—Ah, vale. Pués lo siento, no se me ocurre qué puedes hacer.

—Puedo guardarlo en la nube, pero luego necesito Intenet para verlo.

—¿En la nube? ¿Tú sabes qué es eso? —pregunto, mis ojos abiertos como platos.

—Claro, la nube es un sitio donde se guardan cosas para cuando quieras tenerlas en los ordenadores.

—Muy bien, Denis. ¿Y tú sabes otras cosas, como  escribir un correo?

—Sí sé, pero no tengo una  cuenta, mi madre sí, una de hotmail. Yo si tengo whatsApp para hablar con mis primos en Ucrania, también con algún amigo de mi colegio.

Pienso que puedo seguir preguntando indefinidamente y sorprendiéndome más y mas. Creo que tengo la prueba definitiva.

—Oye, Denis, tengo un problema. ¿Tú sabes cómo puedo limpiar mi ordenador de un virus que ha pillado y no me deja hacer algunas cosas?

—Tiene que descargar en el ordenador un programa que se llama antivirus y con él lo quita. Aunque mi madre me ha dicho que puede borrar todo lo que tenga el ordenador. Yo no lo necesito porque no tengo ningún virus.

Me entran ganas de ahogarlo o de comérmelo, yo supe de esas cosas hace veinte años, y tardé en dominarlas otros diez. Y este mocoso, con cinco años  recién cumplidos, parece saberlo todo.

Se queda absorto mirando la pantalla de su tablet. Intuyo que le estoy interrumpiendo en su juego online y dejo de preguntar. Seguro que si sigo, terminaré ahogando de verdad a este pequeño monstruo.

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