Por qué escribo lo que escribo

 

Las grandes obras de los grandes escritores y pensadores;  desde Homero hasta Dostoiveski, 55 tomos que decoran una parte de mi casa y …

 el lugar preferido para tener sus nidos las avispas. Y yo  pensaba que no servían para nada.

Es un proceso de adaptación personal a una realidad explícita que nace en mí como consecuencia de haber dejado atrás la virtualidad de la postura, o del postureo, en la atinada definición de la RAE:Actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia o presunción.

Romper con está tendencia cuando se escribe, sólo es posible si se da uno de estos dos casos: o porque te ha entrado esa enfermedad que llamamos humildad, o porque piensas que el posturero sólo te conduce al ridículo. Si no fuese porque presumir de humildad es la menos humilde de las actitudes, me quedaría con esta explicación. Pero toda actitud puede tener sus derivadas, alguna me debe e cuadrar. Excluyo la disposición mental o emocional. Mi mente no adopta diferentes o únicas disposiciones, según  mi animo en cada momento; mi mente es básica, la suficiente para tener conciencia de mismo. No es una forma de pensar única, ya que el carácter básico de la misma obliga a rechazar todo apriorismo, a no confundir la realidad con la experiencia; la realidad nunca es transcendente, la experiencia sí. Yo creo que no soy transcendente, porque la experiencia, de haberla tenido, no me ha mostrado caminos sin vuelta atrás y tampoco de horizontes lejanos. Todo lo más, caminos sin salida.

Por tanto, lo que escribo   no es postureo, no es transcendente, no es humilde de humildad impostada, es algo básico que tiene mucho que ver con mi realidad básica, realidad de la que no tengo que ocultarme. Aunque no renuncio a lo que escribí cuando me vestía de postureo para sentir onanistas orgasmos (poemas, novelas cortas y largas, reflexiones altisonantes que despreciaban las de  otros mejor fundamentadas, cuentos con ínfulas de antológicos), este blog es el exponente de un  síntoma: que ya no quiero parecer lo que no soy, y si escribo en lugar de cultivar flores o cualquiera otra afición, es por darle sentido a mi tiempo, sólo así me importa poco que, en cualquier momento, este blog se cierre, y lo que guarden sus páginas, se llene de telarañas.

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