Hachico

Es un perro, o fue, porque la historia es real. Acabo de ver la película, «Siempre a tu lado», de 2009. Ya la había visto, quizá otra versión anterior. Por viejo, sensiblero o porque aún creo en las fábulas, alguna lágrima me ha avergonzado.

Acababa de escuchar que los perros sólo se mueven por el interés, por la protección que se les brinda, por la comida. Hachico debió ser la excepción. Durante nueve años, Hachico esperó a su amigo, a su dueño, a su protector fallecido, frente a la puerta de la estación del tren a que llegara, como siempre lo había hecho. Rechazó la protección que le brindó el resto de la familia. Hoy, en aquel lugar donde Hachico esperaba, hay una estatua de bronce. No es Hachico, pero es un homenaje al amor auténtico. Pocas cosas me hacen llorar, hoy por viejo, sensiblero o porque creo en las fábulas, he llorado.

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