Imaginando una playa en el año 2118

 La playa, como todos los veranos, están atestada de gentes venidas de todos los puntos cardinales de la vieja Europa. Las playas siguen siendo el mejor lugar para procurarse un bronceado integral. Pocos recuerdan cómo se comportaban las personas cien años atrás. Algunos han asistido al proceso de cambio a partir del 2050, que culmina ahora en unos comportamientos generalizados, absolutamente normalizados para todos. Por ejemplo,  ya nadie usa ninguna prenda para taparse una zona concreta de su cuerpo. El culto al cuerpo de décadas anteriores, que inevitablemente inducía a establecer diferencias vergonzantes, ha dejado paso a un concepto nuevo de entender el aspecto físico y tratarlo convenientemente. Se procura por todos seguir dietas correctoras  hipocalóricas y otras de mantenimiento, bien mediante procedimientos físicos o químicos; hay máquinas que esculpen el cuerpo,  pastillas y brebajes para todo propósito y nadie tiene que avergonzarse de su imagen. Incluso la vejez se atenúa evitando degradaciones de otros tiempos, como la gordura, la flacidez, las arrugas, la piel hirsuta, etc.

Tampoco importa a los hombres que sus atributos sean motivo de comparación con otros más espectaculares. Se han desarrollado los métodos para potenciarlos en todos los sentidos y hasta ciertos límites, de forma que cualquier hombre dispone de los suyos dentro de los parámetros de la normalidad establecida; los que, por naturaleza, exceden estos parámetros, son considerados un exceso, pero para reducirlos no hay ningún medio, por lo que sus poseedores, lejos de presumir, viven expectantes ante las investigaciones de la ciencia. Las mujeres pueden lucir los senos, glúteos que quieren, eligiendo los convenientes entre la amplía variedad que muestran los catálogos.

El sexo es una apetencia regulada a conveniencia mediante los apropiados medicamentos, por lo que a las playas nadie va con la obsesión de excitarse a la vista de los cuerpos desnudos. Los únicos que no participan de estos métodos reguladores, en ningún caso, son los niños, y es un espectáculo,  a veces coreado por los adultos, el ver a niños y niñas que, entre retozos ingenuos, se inician en las prácticas del sexo con todas las limitaciones propias de su inexperiencia. Los adultos asisten con la misma fruición que cuando sus hijos participan en representaciones teatrales o deportivas, y se enorgullecen de los progresos que sus vástagos van adquiriendo. Las reglas, tácitas, aceptadas por todos, son que nadie puede aconsejar, dirigir, amonestar a sus respectivos hijos o a los que despierten sus simpatías, pues eso es  atribuirles prácticas de  juego sucio; deberán ser ellos, con sus propios instintos ,o espíritu de imitación adquirido contemplando a los mayores, los que les permitan mejores  actuaciones. Los desviacionismos sexuales tampoco son ya objeto de crítica o descalificación; se consideran prácticas exóticas, como practicar algunos deportes minoritarios, y cada padre que asiste al descubrimiento de estas preferencias de sus hijos,  sólo espera de ellos que no invadan otras practicas que terminen clasificándolos  como ambiguos. Sí, la ambigüedad es repudiada por la sociedad como la forma más execrable de engañar al prójimo y por ende al colectivo. Nadie cuestiona a nadie si es transparente y perfectamente definido.

Otra notable diferencia con tiempos antiguos, la constituye el que nadie osa bañarse en el agua del mar. Está ésta tan polucionada, que  supone para la salud como sumergirse en vitriolo. En su defecto, en todas las playas hay piscinas gigantescas con el agua perfectamente aséptica y hasta con oleaje que, obviamente, se paga. Las personas no lo echan de menos, salvo por el antiguo pescado salvaje, ahora todo de piscifactorías.

Los políticos les han convencido de que el progreso del que disfrutaban tiene sus contrapartidas  o efectos secundarios y que la polución, por ahora, es inevitable. No obstante, se siguen investigando las formas de paliar este inconveniente.

En fin, ese año 2128, que yo he elucubrado esta mañana de  junio de 2018, será más o menos así, si para entonces hay playas, mar, niños…

¿Me puedo haber quedado corto?

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