Viaje a la vagina de Ariadna

Textura de la vagina microbservada

Superhombre o semidiós, esta pasada noche visité la vagina. No, no fue una grosera visita de entrar y salir para sólo captar de ella que es acojedora por cierto tiempo. No entré en ella a ciegas de mi deseo. Estaba soñando y podía hacerlo: penetrar en su misterio. Los misterios, en general y para el hombre mortal, dejan de serlo cuando se abren a los sentidos. En lo sueños los sentidos sólo aprecian el misterio, sin querer comprenderlo, porque saben que nunca podrán hacerlo. Era Ariadna y era su vagina la que visité en mis sueños. Una vez en su vagina, el misterio se mostró cual era. Mi subconsciente quiso esta vez que fuera Ariadna, quizá porque su leyenda permitía que yo la poseyera si soñaba con ella.

Y estando allí, como hombre incapaz de sentirse a gusto y para siempre en un mismo lugar, quise salir. La vagina de Ariadna era un laberinto con una maraña de hilos. Tomé uno, otro, muchos de esos hilos, y todos me llevaban más y más a su interior. Era fántástico aquel microuniverso, pero mi destino era el del hombre que termina dándole la espalda a todo lo que no le pertenece. Quería a toda costa salir y no podía. Grité a Ariadna: “Cuál, mi amada Ariadna, debo seguir para encontrar la salida?”  Y Ariadna me respondió: “No quiero que salgas de mí. Soy un personaje eterno y no me satisfacen los temporales placeres de los hombres mortales. He pedido a los dioses que permanezcas enredado y para siempre en la textura de mi vagina dándome placer eterno. No podrás encontrar la salida. Y puesto que es así y estás atrapado, mejor sería que te fueses haciendo a la idea, y no quieras salir a la certeza de que el misterio es insondable para el mortal hombre de los deseos finitos”.

Luego desperté; tan sólo era un hombre.

4 opiniones en “Viaje a la vagina de Ariadna”

  1. Y sucedió… Pacifae rogó a los dioses que, su portentoso hijo, el minotauro de Creta, pudiese completar su forma humana ( el trabajo quedó a medias, pues no estaba a la mano una cabeza fuerte, sólida, a tono con cuerpo tan viril) y le fue concedido. Como en la mitología se vale todo, incluso traspasar las barreras del tiempo; fue que el otrora minotauro encarnó en Josito, el de Málaga. Todo sucedió dentro de la bruma del sueño. Josito, al fin, derrochó toda su hombría en una noche junto a Ariadna, una noche que valía por toda una eternidad. Josito despertó algo más tarde de lo habitual, al día siguiente. Entre sus dedos había enredados unos finos hilos verdes, con rápidos movimientos los aparto de si. Sentía el cansancio producto de sus portentos sexuales, pero no recordó el sueño. Pareciera que ayer me fui de putas, se dijo en voz baja. Sin más, se volvió al mismo lado, hacia la misma almohada que ocupó la noche anterior y siguió durmiendo.

    1. ¡Pero qué cachonda mental eres, Vesta! Te atreves interpretar a los dioses haciendo de ellos poco más que objeto de burla y escarnio. Sepas que para que los dioses me tuvieran en cuenta, habría, por lo menos, que superar los trabajos de Hércules, y, muy especialmente, capaz de matar la Hidra, y liberarme de esos finos hilos verdes que tu mencionas. No, no tienes un lugar en El Parnaso, con ese “pareciera que ayer me fui de putas”, destrozaste el relato poético, que iba bien.

  2. Estás errado en un par de cosas, Josito: yo no quise jamás un lugar en el Parnaso, y menos tuve intención de hacer un relato poético, horror ! Simplemente hice una sátira sobre tu onírica experiencia, una sátira fue lo que propuse que tú hicieras hace algún tiempo y te escandalizaste cual puberto descubierto en juego de “manos”. Lo de me fui de putas, jaja, hipócrita, es la expresión más blanca que saldría de tus labios tras ese lance. Fuera máscaras !

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