Julen

Hoy me levanté pesimista. El pesimismo no es una patología. Tampoco un estado de ánimo. El pesimista razona sobre su existencia o sobre todo lo que le rodea que le afecta. Concluyes que algo está mal, que va a estar mal si no lo has constatado ya.

Ayer el rescate de Julen aún me permitía pensar que era posible rescatarlo con vida. Nadie del operativo del rescate hablaba de un final trágico, sólo decían que el niño Julen sería sacado del pozo, los mineros que nunca un compañero había sido dejado enterrado en la mina, y Julen era ahora su compañero. Los medios tampoco se atrevían a hacer pronóstico fatalistas, acostumbrados que están a llenar sus informativos o páginas de periódicos con el lado más oscuro de las noticias.

Hoy es ese día D que abrirá la luz a tanta oscuridad como ha envuelto este terrible suceso. Ya no ha lugar ser optimista, en horas se sabrá qué ha sido del niño Julen. En mi cabeza se agolpan imágenes de realidad aumentada. Análisis forenses para determinar todas las explicaciones posibles, sin margen de duda, del final, injusto en cualquier caso, inexplicable para la razón, del pequeño. Allí, en ese pozo de 70 metros no está el angel de la guarda de un niño de dos años infundiéndole aliento de vida; estará llorando su descuido, de paso mirará a Dios y le preguntará por qué el destino de los seres humanos no es de su incumbencia, a quién, entonces hay que pedirle cuentas.

Si por ventura no fuese lo que presiento, entonces tampoco creeré en ángeles de la guarda ni en el dios que proporciona la última esperanza; es demasiado cruel, simplemente, haber dejado que sucediera.

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