La distopía del apocalipsis

Leo un artículo, resumen a modo de prólogo, de un libro sumamente interesante, El autor, Héctor G. Barnés, y el libro, que no he leído: Foturofobia. Está en Internet,

Es complejo, como todo lo que se refiere a la forma distópica de ver el futuro, porque llevado al pensamiento personal y a la necesidad de divulgarlo pensando que de esa forma te sientes útil para la sociedad, lo que puedes conseguir, a buen seguro, es una indiferencia o una sensación de angustia. Porque hablar del futuro en términos de distopía te conduce a definir ese futuro en términos de apocalipsis, si se toman todos los signos, negativos por lo demás, que padece el mundo en la actualidad. No se vislumbra ninguna luz al final del túnel del tiempo, más bien ese túnel no parece tener salida, por lo que te lleva, inexorablemente, a la oscuridad permanente. ¿Podemos cambiar distopía por utopía, usando la indiferencia como base de partida y crear un futuro utópico. Sí, podemos, como podemos creer que cualquier tiempo pasado fue peor y que la humanidad tiene recursos para crear un futuro mejor.

Esto que escribo no propone se tome en consideración la distopía o la utopía, según convenga a la predisposición de cada uno. Lo que pretendo es que, volviendo a mi anterior entrega «Sobre La Nada», el simple hecho de que existan ambas palabras, se escapan del concepto Nada y existen en un universo o meta universo, del que no podemos excluirnos.

Y no doy más de mí, porque intentarlo es una presunción en la que puedo caer; sólo puedo sugerir que se lea lo que se dice por mentes más preparadas y no se caiga en la pamplina de lo dijo Blas, punto redondo. El futuro no está aquí ni allí, el futuro lo estamos creando nosotros cada día.

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