La It Girl

 

Lo había oido o leído en algún lugar. Se adjudicaba el calificativo de It Girl a la mujer que atraía irresistible a los hombres. Profundizando en las cualidades de una It Girl, supo que no se trataba, ni siquiera preferentemente, de una mujer atractiva,  de una belleza insultante. Al parecer la mujer It Girl debía tener todas las cualidades que la hacían diferente, sólo que fallara una, esa mujer dejaba de ser It Girl. Así era difícil adjudicar el calificativo de It Girl a cualquiera, por muchas cualidades excepcionales que la adornaran. Sin embargo, con generosidad, se otorgaba el título aunque fallara en algún requisito.

Antonia leyó todo lo que se decía sobre la It Girl. Estudió  las que ya tenían el calificativo por su apariencia física y algunas aparición donde fuera entrevistada o tuviese la ocasión de manifestar su personalidad. Con todo lo que pudo leer, ver y oír, Antonia, una joven de 21 años, se preguntó si ella era una It Girl o deberían ser los demás los que le otorgaran tal privilegio.

Y tomó una decisión: » si no soy una it girl, puedo llega a serlo». En primer lugar debo saber por los demás si me consideran bella, atractiva, capaz de enamorar a cualquier hombre. No podré preguntar a todos, pero  si unos cuantos afirman que lo soy, sin que aprecie en ellos la menor duda o deseo simple de complacerme, podré concluir que ese requisito lo cumplo para todos. Los hombres no me responderán si algo de mi físico le parece mejorable, y las mujeres serán cínicas en sus respuestas. Deberé ir a un Centro de Belleza y pedir una opinión cualificada de los expertos que allí trabajen. Los idiomas. Ya hablo un idioma, el inglés, y según he leído, saber ingles y no tenerlo como idioma principal,  te sitúa en el mundo   en un alto nivel de competencia,  suficiente para aprobar ese examen. ¿Soy creativa o me dejo llevar por las tendencias de la moda? Creo que lo soy, al menos no soy fácilmente influenciable;  para que me guste un vestido, un peinado, en definitiva un look personal que me distinga, soy muy exigente conmigo misma. No creo tener problema en eso. En cuanto a seguridad en mi misma, la tengo toda, rara es la ocasión que si algo quiero vacile en cómo conseguirlo o me resigne.  No creo necesario estar en todas las fiestas, pero si a alguna voy, ya me he dado cuenta que no soy indiferente a los hombres, aunque la mejor prueba es que tampoco soy indiferente a las mujeres. Donde aún no he tenido ocasión de sentirme una It Girl es en mi propia casa. Mi madre me dice que soy una desordenada, una mal hablada, una prepotente, algo putilla, desaliñada en el vestir y en el peinar y que así jamás encontraré un hombre que me quiera. Pero la opinión de mi madre no me vale, no porque me aleja de la It girl según ella, sino porque mi madre es así de rara y antigua; quizá porque ella nunca fue una It Girl. De momento, voy a comenzar por cambiar mi nombre: Antonia es  casi un insulto, nombre de portera; a partir de ahora me llamaré Tony, con y griega.

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