La nieta del señor Linh

Es el título de una historia que cuenta Philippe Claudel.

Miraba abstraído mi biblioteca. En ella se amontonan libros que ya no recuerdo si los he leído o los dejé allí con el propósito de leerlos. Apenas, ahora, guardan un mínimo interés y si están ahí es porque no sé qué hacer con ellos. Ya dije en alguna ocasión que había donado cientos de libros a la biblioteca municipal de este pueblo donde vivo y que algunos, fuese por el título o por el autor, me los reservé sin ningún propósito claro. De estos, un título atrajo mi atención: La nieta del señor Linh. Mecánicamente me acerqué al estante y lo extraje de entre otros que le arropaban. No tenía nada en qué pensar o hacer, así que me puse a leer la contracubierta. Leo. Allí cuenta de qué va la historia sin llegar a descubrir el desenlace. Pero si dice algo que invita a leer el libro para conocer ese desenlace que el libro avanza es profundamente conmovedor.

Llevo años sin leer un libro, la razón ni yo mismo la sé. Quizá por pereza. Casi todas las obras literarias son tremendamente aburridas, pecan de un naturalismo exagerado o de un realismo que, en ocasiones no viene a cuento. Todo lo que cuentan se llena de palabras, de situaciones inconexas, que hacen pensar que el autor se había, previamente, propuesto escribir una obra de más de doscientas páginas, para que pareciera un libro y no un folleto. Hoy un best seller que se precie no tiene menos de 500 páginas. Insoportable, como una serie televisiva de más de diez «temporadas».

El libro que comento tiene 125 páginas, letra gruesa y espacio doble entre lineas. Esto añadió en mí un interés por leerlo sin esperar cansarme.

He llegado a leer hasta la página 60. El narrador es considerado uno de los grandes, desde que destacó con el enorme éxito de su novela «Almas Grises». Este que ahora tengo en mis manos parece que ha causado un gran impacto. «Estilo extremadamente depurado, casi minimalista», dicen sus biógrafos. Y yo, sinceramente, no encuentro motivo para adjudicarle esos calificativos literarios. Para mí que el desarrollo de una historia es como las secuencias de un film. El espectador, en este caso el lector, agradecería que el objetivo no se fijara de forma exhaustiva en detalles al margen de lo que intenta contar. Transcribo un ejemplo para que se me entienda:

«Sentado en ese banco que en sólo dos días se ha convertido en un pequeño rincón familiar, un madero flotante al que se hubiera agarrado en medio de una ancha, turbulenta y extraña corriente».

Acepto que el párrafo tiene sentido descriptivo en la historia, pero aún siendo el autor parco en irse por las ramas, podía haberlo evitado o. simplemente, habiendo escrito: » Sentado en ese banco que en sólo dos días se ha convertido en un pequeño rincón familiar». Y si como en este caso vamos subrayando descripciones superfluas a lo largo de la lectura, la historia podía haberse contado en 50 páginas sin perder el valor testimonial que nos ha querido transmitir. No lo ha hecho, él sabrá por qué. Yo puedo anticipar que si termino de leerlo, lo que de él me quede sólo serán esos fotogramas que en una película nos cuentan una historia; lo accesorio será letra muerta que se quedará en el libro, un libro que nos cuenta una historia de un abuelo y su nieta, nada más.

***

Al fin terminé de leer la historia que nos cuenta el señor Claudel. La terminé de leer y no es exactamente cierto. A partir de la página 60, donde la dejé, fui buscando esos fotogramas que me sumergía en la historia. Desdeñé el lenguaje lírico-poético-empalagoso que el autor no escatima para describir cualquier escena. Yo no sabría escribir así y quizá por eso yo no estoy a la altura de un escritor, quizá me quede en narrador, un narrador que sólo sabe filmar una historia, con el mínimo atrezo posible. No presumo, sólo intento ser respetuoso con el oficio de escritor.

Una respuesta a «La nieta del señor Linh»

  1. Cuanta razón llevas . Hay historias que son bonitas en si mismas , pero que resultan pesadas y farragosas con tantas descripciones que no colaboran en nada para comprender la historia.
    Hay veces que con tantos desvios , perdemos el sentido de la trama y acabamos dejando el libro.

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