Letras muertas: Posesión

Posesión

Si por mí fuera, mujer
Abriría tu pecho con mis dedos
Como el que descorre una cortina
Tomaría tu corazón en mis manos
Y lo abriría como una granada madura
Succionaría primero su sangre
Después me lo comería
Hasta sentirlo muy dentro de mí

Si por mí fuera, mujer
Rasgaría tu sexo con mis dedos
Y tomaría la vagina en mis manos
Para hacerme con ella una piel
Que cubriera todo mi cuerpo
Hasta sentir todo mi yo dentro de ella

No quiero otra forma de poseerte
Entiéndelo así, mujer
Es mi forma de quererte
De una sola vez
Hasta la muerte
(JDD. 2001)

Algunas aclaraciones, desde mi punto de vista, a propósito del poema, (o lo que sea; lqs) anterior, y porque ha suscitado controversias que se alejan de mi intención al escribirlo.
Lo que voy a decir, a propósito de “Posesión”, parte de un principio que yo siempre utilizo casi de forma temeraria, cuando de especulación se trata: es exclusivamente mío. Nunca tomo le más mínimo apunte hecho al caso por otros prestigiosos epistemologistas, puesto que, como digo, todos partimos de una especulación. La consecuencia es obvia: lo que yo diga es profundo, superficial, nuevo, viejo, razonable, subjetivo, coherente, un despropósito, verdad indemostrada, ficción…
Mi poema, o lo que sea, no es una manifestación oportunista, retadora, epatante por anticonvencional y extrema. Mi poema, olqs, no es un propósito oculto de llamar la atención valga lo que valga.
Dicho lo anterior, “Posesión” no es la descripción pretendidamente lírica de un salvaje acto sexual.
“Posesión” es la descripción literaria de un efecto sin conocer, por ahora, la causa.
“Posesión” no es la descripción extrema del amor, convencionalmente diluido en mil y una formas amatorias de deseo y entregas, de protocolos y técnicas.
“Posesión” no es la descripción de algo deseable por el ser humano.
“Posesión” es un acercamiento a la causa primera, desconocida, partiendo del efecto obtenido en el laboratorio de la imaginación.
Tengo para mí que no estamos aquí para vivir, sino para perpetuar la vida, en una misión cosmogónica alucinante. Cuando no lo hacemos, simplemente contravenimos las leyes naturales que nos han sido dadas por razones que permanecen esotéricas. ¿Química-Física? No se sabe. ¿Explicación bíblica o teológica de diversos credos? Solo una elucubración de los hombres que buscan explicación a los misterios por aclarar; incompleta en todo caso.
Naturalmente, todo lo que yo diga sobre la causa es otra elucubración más, por lo que sólo cabe imaginarse esa causa por su efecto, como antes digo, provocado “ex novo”.
“Posesión” está dividido deliberadamente en tres partes. En la primera el ser vivo (hombre en este caso) masculino, expresa su deseo primigenio de fusionar si vida con la esencia de otra vida que le es necesaria para su perpetuación, y que le está próxima. El deseo de incorporarla a su propia esencia no es racional, sino impulso vital.
En la segunda parte se escenifica en su máxima expresión plástica el acto del mecanismo que convenimos en llamar copulación, al margen de otras connotaciones puramente sexuales que serían los “atractivos”. En la copulación, y hasta donde es posible, hay un momento (el orgasmo) en que pareciera que el macho sintiera el impulso de penetrar todo él en el órgano receptor; en ese mismo instante, si la sintonía es perfecta, la hembra siente el impulso de recibir todo el aporte que el macho le pueda entregar, y en una despersonalización recíproca de los elementos que dan origen tan pronto sus respectivos impulsos se dan por “satisfechos”. Naturalmente, el hombre penetra hasta donde le es posible, y la mujer lo recibe hasta donde le es posible, en una comunión imperfecta de instintos primarios pero eficaz.
En la tercera parte, sólo es la manifestación de un deseo, supuestos superados los imponderables, que no se satisface pero que se “siente”. Por eso no se dice “amarte”, sino “quererte”, en el sentido de “tenerte”

En definitiva, si algo representa mi poema , o lqs, es un misterio al que yo sólo le dispenso un pequeño hueco en mis inquietudes.

4 respuesta a “Letras muertas: Posesión”

  1. Muy buen poema descriptivo. Precisa el sentimiento de posesión como un acto bárbaro donde el canibalismo es parte del mismo.
    Se nutre este acto de una pasión tan violenta como efímera, que se consume con la misma rapidez del fuego que la alimenta.
    El autor justifica el poema como un acto que existe para perpetuar la especie. Sea como fuere, es un sentimiento realista así considerado por los amantes que lo experimentan con la misma virulencia con que lo expresa el poema: …»lo abriría como una granada madura
    Succionaría primero su sangre
    Después me lo comería»
    …»Rasgaría tu sexo con mis dedos
    Y tomaría la vagina en mis manos.»

    1. Soy consciente de lo que se ha repetido casi de forma unánime al comentar el poema. La brutalidad de la imagen que ofrece es patente, y no parece admitir otro significado. Como autor reivindico el derecho a disentir. Elsa se acercó algo al ver en él un cúmulo de metáforas, pero no se salió de aplicarlas al sexo explícito como fin en sí mismo; la hipérbole estaba servida.
      Cada palabra, cada verso fue en su día, y lo es hoy, inmodificable por mi parte. El «quise decir» no vale. El «pensé» puede admitirse. No se le pueden poner puertas al campo del pensamiento. En este sentido mi imaginación voló libre entonces y ahora. Repito que no es un cúmulo de metáforas del sexo, es, en todo caso, una sola metáfora: es la realidad aumentada del impulso que permite la perpetuación de la especie. El orgasmo sólo es el dolor sublimado que se confunde con el placer.

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