Mi madre fue una puta

Relato que parece un cuento.

Me enteré que mi madre era una puta un día que volvía del colegio. No en aquel momento, que yo no podía saber qué era ser una puta. Tenía ocho años. Aquel día se habían suspendido las clases de la tarde por no sé qué razón, que tampoco nos la dieron. Mi madre me recogía a las cinco y media todos los días, pero como no tenía forma de comunicarme con ella, ese día no vino. No me costó volver a casa, en realidad mi madre me recogía por seguridad para mí. Era una rutina más que una previsión. Conocía bien el camino a casa y no tuve miedo. Ya divisaba la casa mata, habitual en los pueblos grandes y pequeños. Algunos rasgos me eran bien conocidos, y aquella casa, sin duda, era la mía. En ella vivía con mi madre, vivimos solas. Dos años antes mi padre desapareció y no me supo mi madre explicar por qué se había ido. A pesar de ser mi padre, la verdad que no lo eché en falta. Sí me di cuenta que algunas cosas dejaron de ser habituales, como los gritos que escuchaba desde mi habitación provenientes o del salón, la cocina o el dormitorio de mis padres, y es que las peleas eran continuas entre ellos. Tampoco pude percibir cuál era la razón, quizá porque mi corta edad no comprendía aquello. Hoy podría explicarlo, pero no creo que interese a la historia que pretendo contar.

Estaba a pocos metros de mi casa, cuando la puerta se abrió. Esperaba a mi madre en el quicio, pero fue un hombre el que salió. Era un hombre mayor, gordo y creo que pensé que era feo. Mi madre me explicaría qué significaba aquel hombre en nuestra casa, al que yo no había viso nunca.

La puerta se cerró tras él y yo tuve que llamar con la aldaba. En un primer intento lo hice dos veces seguidas. El sonido se extendía por toda la casa, pero no apareció mi madre, como esperaba. Repetí los golpes, esta vez no sé cuántos, pero muchos, y mi madre que no aparecía. Debió ser tanto el ruido que hicieron los aldabonazos, que la que se abrió fue la puerta de la casa vecina. Apareció Tomás, me preguntó qué hacía allí. Le dije que mi madre no me abría la puerta. Me contestó que quizá no estaba. Entonces yo le dije que un hombre gordo acababa de salir, que lo vi cuando regresaba del colegio, que nos habían mandado a casa a medio día y que venía sola. Tomás, un campesino cazurro, se sonrió y me dijo: “muchacha, seguro que ese hombre que viste era un cliente”. No recuerdo si le pregunté qué era un cliente. Al fin mi madre abrió la puerta. Por toda explicación, y suponiendo que yo había visto salir a un hombre desconocido de la casa, mi madre me dijo que alguien había estado allí para un trato, interesado en comprarnos unas tierras. Di por buena la explicación, a fin de cuentas yo entendía por cliente a alguien que compra algo.

Hoy, diez años después, después de llevar dos años fallecida mi madre, pero mucho antes que ya fui consciente, me atrevo a contar que mi madre fue una puta. Nunca pude saber si lo fue por necesidad o por vicio, que poco importa. Aunque debo precisar que si lo fue por vicio, en sentido estricto no habría sido una puta. Por lo que a mí respecta, no le reprocho esa condición, fue el azar del destino que ella no me esperara tan pronto aquel día, de no haber sucedido así, habría tardado en saberlo, quizá nunca, y sólo el tiempo en el que pude saber y comprender que a mi madre, mientras yo estaba ausente, la visitaban hombres de toda condición, clientes en la versión de Tomás. Quizá Tomás no tenía duda.

También tengo que decir que si lo fue por necesidad, quién soy yo para juzgarla.

Después de fallecida mi madre, yo seguí en aquella casa un mes o así, hasta que me fui con mi abuela, que vivía en la ciudad. Sólo el tiempo que tuve que esperar a que un tío mío, nombrado albacea por mi madre, se ocupó de los asuntos de la herencia. En la capital encontré trabajo. Y si cuento esto, es porque, a pesar de todo, creo que mi madre fue una santa. Que Dios la tenga en su gloria.

Y yo, el relator de esta historia, añado que si no hay Paraíso para las putas, tampoco lo haya para mí que la creé.

11 respuesta a “Mi madre fue una puta”

  1. MI MADRE FUE UNA SANTA.
    Mi madre nació con un problema congénito de visión muy baja. Tanto que desde el primero de primaria mis abuelos la sacaron del colegio porque no podía ver lo escrito en el pizarrón. Ella ya había aprendido a leer cuando se quedó en su casa. Mis abuelos grandes lectores tenían estantes llenos de libros. Mi madre, se llevaba a su habitación y se metía bajo su cama, ahí leía hasta el cansancio. Mi madre se casó con mi padre, un hombre culto, profesional. Ellos en 17 años que duró su matrimonio (él murió a los 41 años) tuvo 10 hijos, yo soy la tercera. Mi madre ha sido mi ídolo, ya que con sólo 41 años, viuda, educó a sus hijos (todos con carrera profesional), dirigió la empresa familiar, fundó nuevos negocios, vivió con holgura, nunca se volvió a casar. Disfrutó a sus nietos, vivió una vida llena de logros. Murió a los 68 años. Ella fue mi madre, mi amiga, mi ídolo.

  2. Hola José ¿Quién eres?
    Cómo pueden encontrarse tus trabajos más allá de este blog.
    ¿Tienes redes sociales?
    ¿Estás en México o en España?
    ¿Tienes algún libro y haces presentaciones?
    Me aturde leerte y por ello tanta pregunta.
    ERES DE MIS ESCRITORES FAVORITOS Y VENGO A TU BLOG SIEMPRE.

    1. Hola, María Guadalupe.Te respondo en la forma telegráfica que me preguntas.
      Soy una persona al borde de cruzar la frontera.
      No hay más trabajos que en esas 50.000 páginas que preñan este blog.
      No pertenezco a ninguna red social; soy bastante insociable.
      Vivo en España, en algún lugar habría de ser.
      Tuve la mala idea de escribir un libro, “Salmos por un cuadro” y publicarlo. Creo que ahora anda en Libros en Red, una editora digital argentina.
      Vaya, ¿eso de que te aturda leerme es una buena o mala señal.
      Me derrite la vanidad, lo que sucede es que siempre estoy en el frigorífico. Venir siempre a mi blog es una buena costumbre, así no te pierdes lo bueno ni lo malo.
      P.S. ¿Y tú quién eres, aunque, de momento, sólo me interesa que me leas?

  3. No sé si podría escribir de mi madre. Nos amaba y la amábamos, no hay duda, pero como mujer de su tiempo, guardaba mucho de si. No recuerdo compartir con ella charlas de su niñez o juventud. Parecía que narraba su vida todo a partir de haber formado familia con papá. Tal vez no ayudaba que cuando se casó mudó a otro estado, y como hija única, no se nos acostumbro a la frecuencia ni trato con la línea materna. El ocio me dicta escribir. Me puedes echar del grupo si soy desatinado, de todas formas volveré. Eso espero. Aunque no sé.

  4. De ninguna manera, Juan Camilo, me honras con tus comentarios, siempre atinados. Una cosa si te prometo: no te llamaré a migo para no tener que sufrir tu pérdida.
    Has dicho todo lo que se podía decir de tu madre, no es fácil contar los sentimientos.

  5. Amigo, amiga, una palabra que más. nos aporta, José. Hay un poeta chiapaneco muy conocido, él dijo en un poema: “sabes que te digo que te amo, cuando digo: ” que calor hace”… No importan los títulos nobiliarios, ni vale si nuestro idioma plagado de herencias grecorromanas. Decir amigo o no amigo nunca nos salva de amar, extrañar, maldecir u odiar al sujeto. Nombrame como gustes, igual me iré. Ya no me enterarse de más.

    1. Vaya, Juan Camilo, como decimos por aquí, en plan castizo, leyendo tu comentario me has hecho la picha un lío.Debo estar perdiendo facultades en mi condición de experto en leer entre lineas, porque no he conseguido dar alcance al significado de tu críptica alocución.

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