No!

No, no va más. He de jubilarme de las letras cuando aún estoy a tiempo. Recuerdo a mi compadre, con el que mantenía una relación estrecha, le inicié en este sin sentido de escribir. Todo parecía no tener fin. Sin apenas una mínima formación, consiguió escribir relatos bien estructurados. Un mal día, en contacto como siempre a través del ordenador, me muestra algo que acaba de escribir. Lo leo o mejor, lo miro, y me llama la atención el título que encabeza el escrito: «Mientras mi cerebro se va a la mierda». Lo que sigue es un caos. El se ríe, pero yo me inquieto; daba la impresión de haber entrado en un bucle en el que su pensamiento no encuentra el hilo conductor de los conceptos lógicos y coherentes. Sin necesidad de disponer de un diagnóstico preciso, aquel escrito y la incapacidad de superarlo que siguió, me dan una respuesta a lo que está sucediendo: a mi compadre se le está «fundiendo» el cerebro. Todo fue rápido. un pre Alzheimer, un Alzheimer, la demencia senil, el no estar, la muerte.

No, no soy consciente, en mi caso, de síntomas de una disfunción cerebral irreversible, pero sí detecto que los pensamientos, otrora ágiles, se han vuelto pesados, renuentes a mantener este blog al día. ¿Debo preocuparme? Sí, en el sentido de no esperar a que mi voluntad ya no decida porque mi cerebro comience a irse a la mierda. Tremendo que, sin pretenderlo, en este blog apareciera un escrito que a mis lectores le sugiriera esta pregunta: «¿qué le pasa a José?». Y ya nada, a partir de ahí, sería igual a lo de antes, que pudo ser considerado bueno o malo, pero no incomprensible, sin sentido, incoherente. Habría entrado en bucle, como mi compadre. Y esa muerte anunciada por entregas es la que debo evitar.

No, no voy a cerrar el blog. Si aparece algo nuevo, será un rescate de lo viejo que encuentre en los archivos. Si no aparece nada, el lector fiel o curioso podrá entrar por sí mismo en los archivos del blog y leer lo que le apetezca. No volveré a forzar mi pensamiento en la creación nueva. Si mi cerebro se va a la mierda, no seré yo el que lo anuncie.

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