Recuerdos de familia

Año dos mil y pico. La familia, que un día estaba en proximidad, se fue alejando cual diáspora en busca de nuevos horizontes. Un día cualquiera, recibí una carta de un primo. No la esperaba, yo no recordaba. En esa carta habla, especialmente, de mí. Yo era el primo mayor de la familia; él debía ser el más pequeño. Yo era ya un joven que había superado la pubertad y él aún un niño que quería ser como yo.

Han pasado muchos años. Su carta se me apareció repasando el fondo de armario de mis documentos. El título en un documento .doc no decía nada que me indicara el contenido. Lo abrí por ver si merecía quedarse o o ir a la papelera. Lo leí y medió cierta pena. Aquella carta fue la última que me cruce con mi primo. Debió aceptar mis pocas ganas de reanudar los contacto, aunque fuesen epistolares. Hoy no sé qué es de él. Sinceramente no quiero saberlo; no se justifican años de silencio, de ignorarnos.

Traigo la carta a este blog por si me escudriña todavía  y en homenaje a un tiempo vivido, con pocas ganas, si soy sincero.

Lea carta y mi respuesta decían:

«Hola, primo

Disculpa, intercalo mis comentarios entre los tuyos, no es la forma más apropiada, pero así no se me va la pinza.

 

Hola Pepe:

Esto que voy a hacer ahora es algo que he estado a punto de hacer en otras muchas ocasiones, pero siempre he desistido porque incluso dudaba que lo fueses a leer.

¿Dudabas? Hombre, no, ¿cómo pensar tal cosa?

Este fin de semana han estado aquí Darío y su hija: ella venía a una representación de unos amigos suyos, actores  chilenos, en Almagro y Darío aprovechó esta circunstancia para pasar estos días con nosotros. Charlando con él me preguntó: “¿Qué sabes de Pepe?” Y yo le contesté que absolutamente nada. Ante esta respuesta sugirió que accediésemos a tu página Web para ver si seguías con tus escritos en la red y conocer de esa manera algo sobre tu vida, aunque fuese indirectamente. Navegando por ella dimos con la sección de vídeos y, por curiosidad, pinché para ver de qué se trataba. Se sorprendió Darío al comprobar que todos los videos que allí figuran son de sus artistas favoritos: cantantes y músicos de una gran  calidad y sensibilidad. Le dije: “¿Ves como tenemos muchas coincidencias?” Seguimos curioseando por tu ya extensa obra literaria y esa noche me costó trabajo conciliar el sueño, porque una vez más me puse a pensar en esa ausencia total de relación entre tú y el resto de la familia o entre el resto de la familia y tú.

Sí, es lamentable. No vivimos en las antípodas. Antes este lugar donde vivimos era lugar de “peregrinación” para todos vosotros, fuese por el mar, el sol o la moda. Desde hace tiempo no vemos a nadie por aquí, salvo al tio Pascual, que solía pasar unas semanas en Málaga. Él nos hacía un recorrido por la familia y ahí se quedaba, hasta la próxima. Creo que no habrá próxima, aunque nos mantenemos en contacto teléfonico. Tampoco nosotros estamos exentos de “pecado”. No visitamos nuestra tierra desde fuimos a buscar a mis padres, y ya es tiempo. Mi página no es que diga mucho de mí, creo que lo dice todo, aunque en clave literaria, y habrá que descifrarla, si vale la pena.

Como ya vamos siendo un poco mayores, las cosas, al menos en mi caso, se ven desde otra perspectiva. Las relaciones familiares son muy complicadas, incluso tratándose de la familia más directa: hay momentos en que esa relación es muy estrecha y luego, por distintos motivos, se rompe temporalmente e incluso, a veces, no se recupera nunca. Quizás demandemos demasiado; quizás pretendamos que los otros nos lean el pensamiento o que se porten de acuerdo con nuestros cánones  en una determinada situación, sin tener en cuenta sus propias circunstancias, ni intentar comprender los motivos que les mueven a actuar de una u otra manera.

Mira, primo, la familia, como a las plantas, hay que regarla, abonarla, mimarla, de lo contrario languidece como tal y se convierte en secarral donde sólo florece de vez en cuando la nostalgia. Apelar de tarde en tarde al hecho familiar resulta inútil; la planta se secó y ya no habrá brotes verdes, y al igual pasa con la familia. Los desencuentros son debidos a que la familia sin la proximidad es un invento, y en la proximidad, en muchos casos, a que es molesta por cualquier causa llamada ingerencia.

En mi caso particular, con la familia de mi padre no he tenido ningún trato, pero en cambio, con la de mi madre, especialmente durante mi infancia y juventud, he estado muy estrechamente unido. Después, por causas que soy incapaz de determina, una parte nos hemos ido separando y cuando sabes por terceras personas algo de ellos, descubres que hay un rencor subyacente y que sus palabras están llenas de velados reproches que, aunque no los manifiestan con claridad, tú sospechas que se pueden sustentar en actuaciones que no se ajustaron a sus preconcebidas ideas. Yo sé que soy bastante “descastado” y quizás poco amigo de convencionalismos sociales, pero tampoco demando de los demás que observen un determinado comportamiento conmigo.

Tu lo dices, primo. Sólo ratificas lo que digo antes. Pero no pienses que a los demás le importas tanto como para sentir algún tipo de animadversión. Quizá ésta se manifieste sólo en forma de indiferencia, pero no rencor.

Todo este preámbulo es para confesarte que no tengo la más remota idea de los motivos que te han movido a distanciarte de esa manera de la familia, aunque algunas veces te haya oído quejas sobre algunas actuaciones que te dolieron especialmente. Llegados a este punto, no pretendo hacer una crítica ni un análisis: da igual cuál sea la causa. Lo que sí quiero que sepas es que yo con mucha frecuencia me acuerdo de ti y de tu familia, a pesar de que no hayamos tenido durante muchos años ningún tipo de contacto.

No. Aparta de ti ese pensamiento. Si por algún motivo critiqué algún comportamiento, ese dato es irrelevante, y te aseguro que no motiva por mi parte ningún distanciamiento. Ya digo al principio que es lamentable, pero sólo en el sentido adjetivado, no he he dicho que lo lamente. Las cosas son así, ¿por qué darnos golpes en le pecho?

Para mí eras un ídolo cuando yo era un niño y un joven. Representabas todo aquello que yo admiraba: inteligencia, una envidiable presencia, un excelente don de gentes y una arrolladora personalidad. Tengo muchas imágenes grabadas en mi memoria de cuando yo era aún un adolescente. No hace mucho estuve en Casaseca de las Chanas y mirando a la casa donde vivías con tus padres, lo único que se me venía a la cabeza eran aquellas dos anillas que tenías colgadas de un madero donde hacías tus ejercicios gimnásticos que a mí me parecían tan dificultosos. Años después, cuando ya estudiabas en Madrid, mi  ilusión era salir contigo de paseo o que me llevases a la piscina donde miraba embelesado aquellos saltos tuyos desde el trampolín. Tampoco se me olvida lo que yo alardeaba con mis amigos cuando ibas a Ciudad Real, vestido de Guardia Civil, aunque vagamente recuerde que, a juzgar por tus manifestaciones, no estabas precisamente  orgulloso de ese periodo.

Lo que decía de la nostalgia. También yo recuerdo esas cosas que mencionas, como mi estancia en Talarrubias. Mi tía Marcela era mi preferida, siempre cariñosa conmigo, porque Pascual era algo chinchorro, Carmen desabrida, y Socorro… de Socorro casi no recuerdo nada, salvo su muerte y entierro; yo la lleve sobre mis hombros camino del cementerio. A los primos, en alguna faceta, los recuerdo a todos, excepto a Darío, al que por estar yo fuera de Zamora casi no le vi crecer ni volví a ver. Si hablas con él, dile que yo estaba por allí el día que nació, en la casa de sus padres, y que me asustó mucho ver entrar y salir mujeres de la habitación con palanganas ensangrentadas. Ya ves qué cosas. Seguro que si buceo en mi memoria tango alguna anécdota de  cada uno.

Después seguimos viéndonos con relativa frecuencia (siempre habéis sido muy hospitalarios, amables y sacrificados con nosotros) y, por fin, en una etapa crucial para mí, cuando me traslade a  Torremolinos, jugaste un importantísimo papel en mi vida. Me echaste una mano en muchas cosas que te he agradecido siempre. Me fuiste de mucha ayuda en   momentos muy críticos (en algunos probablemente sin enterarte), incluso hasta me proporcionaste un trabajo – que tampoco es que lo desempeñase muy eficazmente – pero en el que tú me mantuviste, supongo que por ayudarme a obtener  esos ingresos que sabías lo  bien que me venían en aquella época.

Bueno, si tú lo dices… Yo, de verdad, no soy consciente de lo que comentas.

A tu madre y a tu padre también los adoraba. Tu madre, ya sabes que, aparte de su genio – que nunca entendí  que lo sacase contigo porque me parecía que no lo merecías –  era una mujer cariñosa y servicial y tu padre, al que tenía un afecto especial y creo que él también a mí, era una persona excelente, sin complicaciones, a quién nunca vi meterse con nadie ni despotricar.

Así eran, con alguna cosa que ignoras o no recuerdas, y que no seré yo el que la suscite ahora.

Tu esposa, Juani, también se portó extraordinariamente conmigo.  Nunca  me paré a  pensar si el parentesco con ella era político o carnal, era mi prima sin más, y su excelente humor y su capacidad de comunicación hacía que me sintiese realmente cómodo en su compañía.

Con frecuencia es Juana (Juani) la que me pone al corriente de cosas vuestras.

Aunque tenías poco trato  con la familia en general, en cambio, con mi madre si que lo tenías. Sin duda Carmina y tú erais sus sobrinos favoritos. Le encantaba que nos visitases. Te valoraba muchísimo,  se alegraba sabiendo que te iban bien las cosas y hablaba con orgullo de los logros de su sobrino y de sus actividades. Reñía a tu madre cuando te hacía ciertos reproches  que ni ella, ni yo, como antes te decía, considerábamos acertados. ¿Qué pudo pasar para el distanciamiento posterior? Es una pregunta a la que no quiero respuesta porque, aunque te parezca un poco irracional, yo no pienso que hablando se entienda la gente. Creo que pocas veces se llega a un entendimiento porque no se suelen creer o comprender las razones que otro aduce para justificar su comportamiento. Me parece que lo más acertado sería admitir que cada uno es como es y tratar de conformarse con la parte positiva de las personas.

Sería volver sobre la ya comentado. Primo, no le des más vueltas ni te sientas mal. Si como dices no eres amigo de convencionalismos, no intentes forzar tu naturaleza.

 

No te canso más, pero necesitaba transmitirte todo esto porque quería que lo supieses. Cuando leí tu primer libro –Salmos por un cuadro – lo hice con gran interés, entre otras cosas por ver si había algún mensaje que me ayudase a conocer tu interior un poco más, a ver si así entendía  el porqué de tu actitud y no descubrí nada… Pero no me arrepentí de leerlo, porque el libro me gustó. Ahora iré leyendo el resto de tus trabajos: al menos de esa manera seguiré sabiendo que estás ahí.

En “Salmos” no encontraste nada porque cuando lo escribí estaba más preocupado de cómo lo decía que de lo que decía, era mi primer trabajo y me atormentaban las dudas del primerizo. Aún así, el libro ha dado para muchas lecturas, a juzgar por las opiniones que me han llegado, y como esnatural, no estoy de acuerdo con ninguna.

Un fuerte abrazo,

Tu primo Joaquín

No sé si habré llenado tus espectativas, te he contestado desde la sinceridad.

Pepe»

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