Se acabó la fiesta

¿Celebramos el nacimiento de Jesus, o es un pretexto para tomarnos unas mini vacaciones, reunir a familia desperdigada, inflarnos a comer y beber, subir el azúcar en sangre y cantar rancios villancicos?

¿Y despedimos el año con esa payasada de las serpentinas, los matasuegras los gorritos de papel, las uvas (aquí en España), en una transición bacanal al año nuevo que empieza, como si al despedirnos de la noche vieja nos esperara una mañana luminosamente nueva?

En fin, dos ocasiones de hacer el payaso, perder la compostura y joder el hígado.

Por mi parte, nada más que reseñar, mis navidades me las pasé cocinando para la familia y unos amigos. En prueba de agradecimiento por mi buen hacer, los amigos me regalaron un letrero en lugar de estrellas Michelin. Helo aquí:

O sea, que mi casa lo han convertido en el CAFÉ DE PAPÁ. Son un amor.

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