Según Dios lo había dispuesto

Iba para cura. Era la profesión de los pobres. La Iglesia admitía en su seminario a todo joven que recomendara el párroco de su diocisis: de buena familia católica practicante, el niño estudioso y no se le conocían travesuras que se pasaran del límite. El párroco anunció a los padres que el niño había sido admitido en el seminario, y que, con la ayuda de Dios, sería un buen cura, quizá llegara a obispo.

El niño no dijo ni sí ni no, no tenía conciencia de qué se trataba. El cura del pueblo era con el alcalde, el sargento jefe del cuartel de la Guardia Civil, lo que se llamaba las fuerzas vivas.  El niño más que que cura, le debió ilusionar formar parte de la  fuerza viva de algún pueblo.

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Lunes de Aguas en Salamanca

Regresé de Salamanca y… ¡Ay mísero de mí, ay infelice! Mi nieto me dijo:  Abuelo, el lunes es el Lunes de Aguas, una fiesta en Salamanca. Ni él me dijo en què consistìa ni yo pregunté.  De haber tenido entonces la curiosidad que hoy he tenido, hoy estaría en Salamanca. No me lo habría perdido. Eran los tiempos en el que el rey católico Felipe II, guadian de la fe y buenas costumbres, tuvo a bien con un edicto ordenar que las putas fuesen sacadas de sus burdeles  durante la cuaresma y Semana de Pasión y llevadas al otro lado del rio Tormes.

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Crónica de un encuentro, Autora Elsa Leví

 

Muchas son las formas de hacer amigos, quizá por eso esas amistades a salto de mata son perecederas o sin penetrar en la piel. Hacer amigos a 8.000 kms de distancia, con un nexo común, la afición a escribir, pareciera una amistad cimentada en la fabulación recíproca de los personajes. Y así era. Yo fabulaba a Elsa y Elsa me fabulaba a mí. Los personajes no eran reales. De todos los muchos amig@s que se formaron en aquellos foros de encuentro, muy pocos tuvieron la ocasión de sentirse personas de carne y hueso; en espíritu ya era más improbable.

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¿Escribí yo esto?

Cuando no se me ocurre nada nuevo, abro el ordenador para probar si me ofrece algo que me mueva de la silla de confort. A veces encuentro cosas que el ordenador ha guardado y que nunca pensé estaban allí. Un documento word y un título: Ël Casting¨, fechado  en 2008. No viene a mi memoria de qué va. Lo abro y parece un cuento. Comienzo a leer y sigo sin recordarlo. Reflexiono: ¨Si yo soy incapaz de recordar lo que escribí hace 10 años, ¿qué mierda fue? Sigo leyendo. Hoy, aquello que escribí hace 10 años me parece insulso, sin garra. No sé qué pude pensar entonces, y no sé si alguien dijo algo sobre él, bueno o malo. ¿Qué hago contigo, te mando a la papelera y si te he visto no me acuerdo? Vale, tampoco hay que ser tan exigente. Si yo lo escribí, puedo ser condescendiente y darle un  poco de vida más, tratarlo como a un hijo con deficiencias. Hoy no se me ocurre nada, y si no envío algo a mis lectores, van a pensar que algo me pasa, y no bueno.¨ Copio y pego en un nuevo post y lo envío.

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El tiempo congelado

 

Ha sido con ocasión de asistir al bautismo del aire de mi nieto. Estudia piloto comercial en la Universidad de Salamanca, y ayer se ponía en solitario, por primera vez, al mando de un avión. Todo transcurrió perfecto y emocionante.

Pero no  es de ese acontecimiento familiar del que quiero hablar.

El título de este post me parece un acierto, no porque de él tenga nada que presumir, sino porque responde fielmente a lo que quiero significar.

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El escritor malogrado (cuento)

 

¿Qué es un cuento? Antes de responder tengo que preguntarme: ¿un cuento popular, fantástico, ficción, realista,  de terror, en cualquier caso un cuento maravilloso? Las definiciones no son coincidentes. Para unos, el cuento es la narración de una ficción; para otros, una narración basada en hechos reales o ficticios. Sea real o ficticio, la pregunta es si siempre ha de ser un cuento maravilloso, cualquier otro calificativo es contingente, que no haría variar el sustantivo cuento. El consenso es unánime cuando se define la extensión: el cuento:  es una narración breve.

Un cuentista cuando inicia la narración, ¿ tiene claro qué tipo de cuento va a ser entre los enumerados arriba? Está claro que no está en él anticipar que será un cuento maravilloso; serán los lectores u oyentes los que manifestarán esa condición del cuento después de leerlo o escucharlo. El albur para el escritor dependerá del acierto, la suerte, su maestría como relator y, especialmente, su sensibilidad. Un cuento es sensibilidad desde la primera letra a la última, si no existe esa sensibilidad, un cuento no sería un cuento.

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Historia de una joven que se autollamaba Princesa Luz, verídica

Parodiando a José de Zorrilla:

**Yo a los cielos subí

Y los infiernos bajé

y en todos los foros dejé

memoria amarga de mí

Nunca estuve enamorado

Niñas que  se enamoraron

Todas su amor terminaron

Ni siquiera por mi respetado.

Fue así. Pudo ser de otra manera: condescendiente, mentiroso, embaucador, tierno y sensible, poeta a corazón abierto y vísceras enterradas. Pero  me miré demasiado en el espejo mágico y le pregunté: espejo que hablas de mí, ¿existe alguien más maravilloso que yo en este lugar de ninfas, señoras y señores respetables, rameras y cabrones? Era algún foro en el que participaba.

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La literatura al servicio del amor

 

 

Henry Fuseli (1781)

 

Un sueño ahorcado

Hace poco soñé, un sueño inesperado. Soñé que pertenecía a un hombre desesperanzado. Me decía que amar sin amor era solo en momentos que soñamos. En mis adentros deseé, darle vida, de la que vivo con sabores, olores y colores amando. Y le dije que en solo en sus sueños, tendría mi alma abierta a su deseo. Desperté y recordé el sueño, el hombre… a mi diario.

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Carta a unos amigos protestantes


Estimados amigos, A. y P. 

Tenía una idea confusa sobre el protestantismo. Como la sigo teniendo. Como la tengo sobre todas las religiones, incluida en la que fui bautizado. 

Quiso la casualidad que descubriera vuestra inclinación religiosa: erais protestantes. Me pareció una oportunidad que quise aprovechar. Nunca me niego a saber sobre cualquier cuestión, por nimia que sea. Reconozco que hasta hablar con vosotros, los protestantes eran para mí una anécdota,  unos hijos díscolos, separados de la religión católica, pero no conocía la verdadera historia que explicara esa desavenencia, ni siquiera que Lutero hubiese sido el revolucionario que prendió la llama original.

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