El cabrero y Mark Twain

La joven Teresa era algo especial. No tenía amigas y, por supueso, tampoco amigos. Se pasaba el tiempo estudiando, leyendo, pensando; los amigos o las amigas suponían una distración para lo que ella llamaba «yo soy yo y mis circunstancias», frase leida en algun lugar y que la encontró afortunada para definirse.

Gustaba de pasear sola, siempre observando todo lo que quedada al alcance de su vista y resto de los sentidos, luego lo procesaba y lo incluía en su acervo personal, sin ningún tipo de duda. Quedó huerfana a tempan edad. Nunca fue a la escuela y mucho menos a la universidad, consideba que estas instutuciones sólo harían que su mente fuese direccionada segúan los cánones ya establecidos con el nombre de enseñanaza. Teresa creía tener un don especial para conseguir un conocimiento de su realidad y eso le parecía no sólo suficiente sino más provechoso para valerse en cualquier circunstancia que le presentara la vida.

Un día decidió salir de la ciudad donde vivía y adentrase en el campo con el prósito de estudiar la vida de otros seres ignorados por la mayoría de la gente.

Tomó su viejo vehiculo y, sin pensar en un lugar preconcebido, se adentró por un camino rural que, aunque de tierra, su vehiculo se adaptó a él sin contratiempos. Al comenzar su viaje, a los lados del camino había tierra de labor, con sembrados de estación, algunos pequeños arbolados que Teresa identificó como abetos, arboles que no tienen otro aprovechamineto que la madera, y a Teresa le sorprendió que aún no los hubiesen talado.

Muy cerca del arbolado, un joven pastoreaba una vientena de cabras. No causaban daño a los sembrados, era una zona de nadie. Teresa aparcó el coche a un lado del camino dejando expedito el paso para otros que pasasen por allí y se dirigió al arbolado, o quizá al cabrero.

El cabrero era un joven de parecida edad a la de Teresa. A medida que se acercaba, el joven que estaba sentado sobre una piedra, se volvio para ver quién era aquella persona que andaba por allí. Teresa no vio hostilidad en su mirada, y decidió acercarse él. Nunca había tenido a un cabrero tan cerca, quizá valiera la pena hablar con él si a ello se prestaba.

—Buenas, tardes, señor cabrero—le dijo al joven.

—Buenas tenga usted. ¿Qué le trae por aquÏ? — respondió y preguntó el cabrero.

—Nada en especial. Estos árboles con poca utilidad. Nunca hablé con un cabrero y me gustaría esta nueva experiencia.

—Pues usted me dirá qué quiere saber de mí. Los ärboles dan sombra en verano a las cabras. Ya ve lo que hago, saco a pastar a las cabras, las vuelvo al corral al atardecer, las que han parido las ordeño después de que alimenten a su crias y llevo la leche a una fábrica de queso que hay en el pueblo. Luego me voy a casa, hago la cena y a dormir. Asi todos los días, sin fiestas que guardar ni eso que ustedes los de la ciudad llaman vacaciones.

— Una vida sencilla, sí, ¿no tiene usted otras inquietudes?

—¿Inquietudes, eso que es?

—Me refería a que si no ha pensado que le gustaria hacer otras cosas?

— Mi abuelo fue cabrero, mi padre fue cabrero, yo no he conocido nada diferente a ser cabrero. Si vendo las cabras, no sabría que hacer con el dinero, lo gastaría y luego ¿qué?

—¿No fue a la escuela de pequeño? Aprendería a leer por lo menos, y no veo que tenga un libro para leer mientras las cabras comen.

—Sí, fui a la escuela hasta los diez años. Entoces vivía mi padree y era él el que sacaba las cabras. Mi madre falleció el día de mi parto.

—Vaya, lo siento, ¿quién cuidó de usted?

—Una hermana de mi madre, mi tía Luisa.

—Bueno, ya veo que la vida no le ha ofrecido otra alternativa. ¿Pero está usted contento?

—Como no conozco otra cosa, no sé si estaría mejor haciendo algo que no fuese esto.

—Lo entiendo. Pero ha pensado, al menos, que hay otras cosas que no son ser cabrero?

— Señorita, yo quiero a mis cabras, ellas me necesitan, sin mí no sé qué sería de ellas, sólo por eso no quiero otra cosa. Y usted, ¿a qué se dedica?

Teresa no supo contestar. En realidad ella no se dededicaba a nada pues había heredado lo suficiente para no tener necesidad de ocuparse a otra cosa que la que había elegido: pensar en sí misma y tener las ideas claras sobre su vida. No se reprochaba no haberse proyectado en la socidedad siendo útil en algún sentido. Ni era dependiente de nada ni nadie le pedía cuentas por no ser util de alguna forma para los los demás. Pero aquel cabrero le había dado una idea que de regreso a casa decidió poner en práctica. Se puso en contacto con una protectora de animales y se ofreció a acoger y cuidar en su casa a todos los gatos callejeros que le mandaran. Hoy apenas tiene tiempo para pensar en ella misma, por lo menos tiene en su casa veintitantos gatos, cuidarlos le ocupa todo el tiempo. Teresa ahora cree que su esistencia tiene sentido, ya todo lo demás que antes creía importante, ha dejado de serlo. Le faltó preguntarle al cabreo que pasaría con las cabras cuando fuese mayor y hasta muriese. Esa pregunta referida a sus gatos se la hacía ahora Teresa. Pero Teresa sí tenía respuesta a esa pregunta: dejaría todos sus vienes a una institución que se hicese cargo de ellos. Así de sencillo, a la vez que liberador de inquietudes transcendentes, inútiles por otra parte. Mark Twain había hecho buena su frase: “dos cosas son importantes para el ser humano, el día de su nacimiento y el día que supo para qué “

Ha nacido una estrella

Lady Gaga canta, ¿canta? No, es un lamento al que le ha pusto música. Traducción, aunque los lamentos son dificilmente traducibles. Aquí lo dejo, por si alguien al leerlo, siente que nunca voloverá a amar. ¿Y yo, participo de un lamento parecido? Tendría que definir qué es amar. Tengo ya muchos años, ha pasado mucho tiempo en el que esa frase «NUNCA VOLVERÉ A AMAR» tenía sentido. El amor se enraizaba para toda una vida, «hasta que la muerte nos separase», jurabamos porque lo sentíamos. Hoy, según mi parecer basado en lo que percibo, ya no es lo mismo. Se ama a tiempo parcial, ya no se cumple con el juramento. Al jurar se debe estar pensando» no hasta que la muerte nos separe», sino hasta que el amor se diluya en excusas de todo tipo. Da la impresión de existir más divorcios que casamientos. Se siguen casando por una cuestión de formalidad social en el contrato, contrato que no obliga a su cumplimiento cuando falla una clausula. Luego, con la misma facilidad, se firma otro, y otro con el mismo propósito de enmienda.

Pero no he respondido a la pregunta que me hacía. No recuerdo cuando el amor formó parte de mí ni cuando dejé de mar, lo que si puedo decir es que cuando mi esposa falleció, no pronucie «Nunca Volveré a amar». Ya han pasado algunos años y nunca he vuelto a amar. ¿Podía? No, mi amor nunca murió. Hablo en serio, no se rían.

Nunca Volveré a Amar

Ojalá pudiera
Pudiera decir adiós
Habría dicho lo que quisiera
Tal vez incluso habría llorado por ti
Si hubiese sabido
Que sería la última vez
Habría partido mi corazón en dos
Tratando de salvar una parte de ti

No quiero sentir otro roce
No quiero iniciar otro fuego
No quiero conocer otro beso
Ni otro nombre nombre saliendo de mis labios
No quiero regalarle mi corazón
A otro extraño
O dejar que otro día comience
Ni siquiera dejaré entrar la luz del Sol
No, jamás volveré a amar
Jamás volveré a amar, oh, oh, oh, oh

Cuando nos conocimos
Jamás creí que me enamoraría
Jamás creí que me encontraría
Acostada en tus brazos, mmm mmm
Y quiero fingir que no es verdad
Oh cariño, que te has ido
Porque mi mundo sigue girando, y girando, y girando
Y yo no sigo adelante

No quiero sentir otro roce
No quiero iniciar otro fuego
No quiero conocer otro beso
Ni otro nombre nombre saliendo de mis labios
No quiero regalarle mi corazón
A otro extraño
O dejar que otro día comience
Ni siquiera dejaré entrar la luz del Sol
No, jamás amaré

No quiero saber de este sentimiento a menos que seamos tú y yo
No quiero desperdiciar un momento
Y no quiero darle a alguien más la mejor parte de mí
Preferiría esperar por ti, ooh

No quiero sentir otro roce
No quiero iniciar otro fuego
No quiero conocer otro beso
Ni otro nombre nombre saliendo de mis labios
No quiero regalarle mi corazón
A otro extraño
O dejar que otro día comience
Ni siquiera dejaré entrar la luz del Sol
Oh, jamás volveré a amar
Amar otra vez
Oh, jamás volveré a amar
Jamás amaré
Otra vez

Del pensamiento vertical y el pensamiento lateral

Si con ese título buscais en Internet, os encontraréis con un sinfin de tratados sobre el tema, en conjunto o por separado. Me pareció interesante y me adentré en el bosque encantado. Abrí algunos enlaces y los leí por encima. Me quedé con las definiciones más simples: el pensamiento vertical es el el pensamiento basado en la logica; el pensamiento lateral es el pensamiento basado en la intuición imaginativa. Que ambos se complementan como un buen maridaje no cabe la menor duda. Un científico busca soluciones a los problemas que se plantea utilizando únicamente ( o preferentemente) métodos lógicos. Pero el científico desiste de seguir investigando cuando se topa con una contradicción, y espera a que, pasado el tiempo, otro científico despeje le camino. ¿Cómo pudo suceder si ambos siguieron procedimientos lógicos? Sólo cabe una explicación: el segundo científico echó mano del pensamiento lateral, de la intuición. Ese eureka que todos alguna vez hemos escuchado cuando se halla una solución inesperada a un problema, es eso, es el resultado de una intuición afortunada.

Lo dicho quizá no sirva de mucho. No he pretendido dar una lección magistral sobre algo que ya se han vertido ríos de tinta, y si lo expuesto no os dice gran cosa, podéis informaros ampliamente con Google. Para mí, una cosa sí me ha quedado clara: si «el saber no ocupa lugar», quiere decir que sigue quedando espacio para saber más.

La senda.

Caminaba yo por una senda nunca transitada y tampoco tenía información a dónde te llevaba. La única noticia que tenía era lo que se decía por la gente del pueblo: «que nadie que se adentró por ella había vuelto». Yo no creía en esas historias, ¿qué podía impedir regresar? Sólo admitía una posibilidad: que al final de la misma hubiese un precipicio por el que se caerían los caminantes, bien porque se les había hecho de noche y no lo veían o porque, voluntariamente, se dejaban caer con resultado mortal, en ambos casos. La primera era improbable, no todos habrían llegado al precipicio de noche, pero otros misterios más absurdos existen, así que no la descarté. Yo, teniendo en cuenta estas dos posibilidades, me decía a mi mismo: «si caminas con cuidado, y no siendo el suicidio algo en lo que estuviese pensando, no debo temer que yo no rompa el maleficio del que hablaban en el pueblo». Me empujaba la curiosidad, la información podía ser cierta y debía tener una explicación; era esa explicación la que me había hecho emprender esa especie de aventura.

Ya la tarde quedaba atrás y comenzaba a oscurecer. Pusé más cuidado en cada paso que daba adelante a fin de evitar que terminara allí mi andadura. Pensaba que aún siendo motivo de temor, habrían sido bastantes las personas que con sus pisadas crearon la senda, pero también muchas lo habrían hecho por el mismo motivo que yo: la curiosidad. La diferencia entre las supuestas personas que no regresaron y yo no podía ser otra que yo iba muy prevenido y dificilmente me podría suceder nada que me impidiera regresar.

Si cuento esto es señal de que he vuelto sano y salvo. En realidad no llegué al final del camino, así que no puedo asegurar si la senda terminaba siendo fatal o no terminaba nunca y las personas que no volvieron continuaron por ella indefinidamente; otra posibilidad que más bien era una fantasía. Fuese como fuese, las personas que me vieron llegar de vuelta me preguntaban qué había visto y cómo había conseguido regresar. Yo les dije que no había llegado la final de la senda y que, por tanto, no podía saber lo que había al final.

En el pueblo siguieron como antes, con el temor a algo que aquella senda guardaba en fatal secreto y nadie mostraba curiosidad por conocerlo.

Había pasado mucho tiempo desde aquella experiencia mía. Quise saber si ya en el pueblo alguien había regresado con la respuesta, así que me acerqué por allí y mi asombro fue grande, pues la senda había desaparecido. Los habitantes del pueblo la habían borrado de adelante hacía atrás, hasta los límites que consideraron prudentes y regresaron. La leyenda se fue desvaneciendo a medida que los más viejos del lugar fueron muriendo. Los que quedaron nunca supieron de nadie que hubiese desaparecido, así que a mi pregunta se encogían de hombros o me decían: «nosotros no sabemos nada, sólo las historias que contaban los que se fueron, si usted quiere saber si hay algo de verdad en ellas, deberá crear una nueva senda que le lleve hasta el final, y si no regresa, volveremos a creer en el misterio».

No lo intenté, de haberlo intentado, quizá sólo yo habría conocido la respuesta. Los del pueblo seguirían alimentando su fantasía, como sucede con la vida.

La inquietud

Conmoción, el alboroto, el desasosiego, la desazón,  abstinencia del abuso de drogas, hospitalización, ansiedad generalizada, fobias, pánico, trastorno de estrés postraumático, trastorno obsesivo compulsivo, miedo, desubicación, intranquilidad, zozobra, agitación, preocupación…

Palabras que pueden sustituir a la inquietud. Todas son importantes, porque impiden la quietud del espiriru, el sosiego del individuo que las padece. Todas superables. Pero he encontrado una definición que por si sola ya el ser humano se ve impedido de superararla. Se refiere a la:

«La inquietud fundamental que se define como la constante necesidad que tiene el ser humano, desde hace millones de años, de buscar una razón o esperanza para vivir y justificar su existencia»

Esta situación no admite postulados estadisticos; todo ser humano, en más o en menos, la padece.

La esperanza para vivir no es otra cosa que la inquietud ante la muerte. Y la falta de justificación de la existencia es ¿para qué he nacido si voy a morir». El individuo normal no tiene respuestas a estos dos postulados, de ahí que que padezca la llamada por alguien inquietud fundamental. Debe ser llamada así, porque todas las demás causas de inquietud son , de algún modo y como digo, superables. Si buscamos definiciones para intentar sustituir el desasosiego o la inquietud que nos provoca estos dos supuestos fundamentales, nos podemos encontrar que nos sirven sólo para comunicar nuestra tranquilidad al respecto, pero ya el solo hecho de buscar motivos que nos cuentan o que nuestra mente los instale en nuestro pensamiento, se debe concluir que esas personas viven en un estado de inquietud permanente, muy superior a cualquier motivo de inquietud que no sea fundamental. Y que nadie diga que vive en paz consigo mismo porque ha superado esas dos inquietudes con las que se nace y perduran hasta morir. El pensamiento puede ser una droga que adormece los estados de ánimo del individuo, pero este pensamiento no está instalado de forma fija en nuestro cerebro, es intermitente, de modo que la inquietud convive con los estados de tranquilidad. No existe ninguna definición de inquietud que se refiera a una cierta clase de individuos con el cerebro funcionando dentro de la normalidad; es a estos a los que me refiero.

Depresión.

Pensamientos suicidas o suicidio.

Vida después de la muerte

Escucho muy atento a las personas que están a favor de esta «realidad» ( no digo probabilidad porque son firmes en sus convicciones). Yo, escéptico, debo ser lo que dice un apostol de este tema, un ignorante desinformado. Por supuesto que no leo sus libros, siempre presentes en sus disertaciones, y quiza intente mover mi vergüenza y desee comprarlos para estar «informado». No, prefiero la vergüenza de ser un ignorante desinformado a dejarme llevar por lo que es una evidente propaganda de este señor. Por hoy no parece posible, pero llegará el día que inevitablemente sus libros aparezcan en PDF gratuitos en Internet, si eso sucede, quizá les eche un vistazo.

Bien, volviendo al tema del título, afirmo que no puedo afirmar nada al respecto. No me me valen los testimonios que, supuestamente, han expresado personas que o se lo contaron o estaban allí cuando sucedió. Me refiero a aquellos hechos que demuestran que hay vida después de la muerte. Si de verdad esto fuese como declaran, los testimonios serían millones, tantos como personas muertas por una u otra causa. ¿Qué razón hay para creer lo que declaran unos pocos, contrario al silencio de millones que despues de su muerte no dicen nada.? Serio, no escéptico para que no me llamen ignorante, manifiesto que quizá algun día se descubra que era verdad los que hoy son meras especulaciones de cerebros con neuronas que van por libre. Quizá ya no esté vivo para gozar de tan buena nueva, y como no puedo hablrar de mi posmortem, me limitaré a esperar. Hoy por hoy, trato de curarme de mi cáncer para retrasar en lo posible el obtener la información irrefutable de la que goce mi espíritu. Aprecio mucho lo que perciben mis sentidos y creo que en mi cabeza las neuronas está perfectamente haciendo su trabajo dentro de la norma.

El Cielo prometido

Publicado el 2 agosto, 2021Editar «El cielo prometido»

Antonio cogió de la mano a María y se pusieron a andar. Iban callados y era Antonio el que marcaba el camino. María siempre confiaba en su esposo, por eso no le preguntó a dónde la llevaba. De frente el camino estaba despejado, pero a lo lejos se divisaba una montaña que ocultaba su cumbre detrás de las nubes. Sin perderla de vista, Antonio se dirigió a ella. Ya donde el camino llano se acababa, la montaña comenzaba a hacerse presente a los pies de ambos caminantes.

—Vamos a subir por esta montaña —dijo Antonio a su esposa.

—¿Para qué?

— Vamos a ver el Cielo desde allí arriba

—Ya vemos el cielo desde aquí, ¿para qué ese esfuerzo?

—No me refiero al cielo que se ve desde aquí, quiero que veamos el Cielo del que nos han hablado y al que van las almas cuando dejan el cuerpo. Cuanto más cerca estemos de él, mayor es la posibilidad de verlo y no sólo imaginarlo.

—Pero, Antonio, el cielo al que tú te refieres no sabemos si está allí arriba, allí sólo veremos mejor el firmamento.

— Mujer de poca fe, si nunca estuvimos tan arriba como nos permite esta montaña, no podemos asegurar que desde allí arriba no veamos sino la misma cosa que desde aquí. Nadie antes subió esta montaña hasta su cumbre.

—Antonio, no podremos llegar hasta allí arriba.

— Lo intentamos, María, el propósito bien vale la pena, ¿no te gustaría ver cómo es el Cielo?

—Pues sí, pero creo que sólo lo veremos cuando muramos.

—No, María, el cielo debe estar en alguna parte, sólo hay que buscarlo.

—Como tú digas, pero no conseguiremos subir esta montaña hasta el final.

Y Antonio, llevando a su esposa de la mano, comenzó la escalada. Ya llevaban una hora subiendo, que el esfuerzo se hacia notar, sobre todo en María, que sólo daba un paso más gracias a que Antonio tiraba de ella.

—María, esfuérzate un poco, ¿piensa en ese Cielo que nos han prometido y veamos si vale la pena todo lo que nos dicen que debemos hacer para alcanzarlo. Subir esta montaña es mucho menos.

—Yo estoy muy cansada, Antonio, no lo lograremos.

—¿Quieres decir que ningún esfuerzo vale la pena?

—El que nos obliga la vida, pero esto que tú intentas es forzar los acontecimientos.

Antonio no dijo nada y siguió forzando a María a seguirle. Agotados, exhaustos, después de tres horas, al fin consiguieron llegar a la cumbre. Pero sus cuerpos ya no pudieron alcanzar el objetivo, porque ambos fallecieron del esfuerzo sobrehumano al que los sometieron. Quizá, sus almas, sí, consiguieron ver cómo era el cielo prometido, pero ya sus cuerpos, sus sentidos no pudieron saber si había valido la pena. Nadie ha conseguido saber cómo es ese Cielo mientras estuvo vivo, es posible que no exista, pero este supuesto sólo es inadmisible para personas como María, que fue obligada a creer en él.

Que la fe mueve montañas es un dicho; también se podría decir que la fe hace que subas las montañas más altas, aunque el cuerpo no lo aguante. El alma va incluida en la fe, y la fe, por lo visto, es ciega..

Ando parado

«Contradictio in terminis«. Latinajo a propósito de un título con el que comienzo este escrito. No creo que nadie que me lea necesite buscar la traducción, asi que la obvio para que nadie se dé por supuesto cerebro mal programado.

Ando parado es una realidad que atañe, frecuentemente, a casi todo el mundo. Los hay, que aún estando muy atareados todo el día, tampoco se liberan de esa calificación. Andar parado es como caminar sin rumbo, sin un destino claro que motive tu movimiento. Al final, hagas lo que hagas, el resultado es nulo. Y es nulo porque, a poco que pase el tiempo, la sensación es que sigues anclado en el mismo sitio. Si miramos al firmamento en la noche despejada, vemos infinidad de objetos luminosos que andan parados, aunque luego nos dign que se mueven. La Tierra se mueve alrrededor del Sol. Sí, eso es una realidad comprobada, pero a nosotros nos da la impresión que, aunque se mueva, siempre está en el mismo sitio.

¿Qué quiero decir con la boba introducción anterior? Bueno, lo que que quiero significar, desde mi propia parspectiva de la vida, es que vayas donde vayas, ese destino está fijado ya desde el primer momento. Y no es que tengas que esperar para alcanzarlo, el destino es el que vives en cada momento, por lo que no hay trayecto que debas seguir para alcanzarlo.

¿Estoy siendo obtuso en lo que estoy diciendo? Por supuesto que no lo creo, no acepto que haya personas que les cueste comprender con facilidad cualquier cosa que lean. Pueden, eso sí, decir que lo que leeen está mal expresado, es ambiguo o pretencioso. Eso es una forma de calificar que «eppur si muove», frase en italiano que pronunciara Galileo echandole bemoles ante la Santa Inquisición. Sí, todo pàrece que se mueve, pero en realidad siempre está en el mismo sitio. Por tanto, amigos, no gasteis dinero en zapatos u otro calzado que os facilite el andar, porque es inutil, siempre seguiréis en el mismo sitio.

Estoy seguro que aquel, aquella o aquello que me lea, si ha llegado al final, comprobará que no ha avanzado nada. Lo siento.

Amarican´s got talent

Son muchas las ocasiones, en las que el transcurrir del día es como una sinfonía monótona en la que escuchas el trasncurrir del tiempo como el ruido que hace el agua en su camino hacia algún lugar donde se queda quieta.

Hoy disponemos de Internet para que cada día se convierta en un concierto de maestros que somos incapaces de comprender. ¿Cómo han llegado hasta ahí? En sus múltiples facetas, cada uno alcanza un virtuisismo que uno no alcanza a calificar si es talento, especiales cualidades, esfuerzo y trabajo. El resultado es que son seres que han alcanzado tal singularidad, que uno ante ellos se siente tan pequeño, tan simple, que hasta llega a dudar si tiene derecho a compartir con esos seres especiales todo lo que ofrecen, sin esperar nada a acambio que no sea un aplauso emocionado.

Abrí el ordenador con la esperanza de que me diera una tarde llena de emociones; una película, un o una cantante ya consagrada, algún aspecto inédito del mundo más allá de mi horizonte, cualquiera de las infinitas posibilidades que la ventana podía darme si tenía la suerte de encontar algo nuevo a través de ella.

American´s got talente es un programa bien conocido. Existen otros parecidos. Pero sólo en America´s got talent puedes hallar ese momento que te emociona, que te sorprende, que te deja perplejo ante cualquier comparación, incluida la que hagas de tí mismo

Y todo el mundo con un ordenador puede participar de momentos increibles, en los que personas de todas las edades, sexo, en solitario o en conjuntos, muestran que son absolutamente especiales. La aconclusión personal que saco es que ellos no son de este mundo, en el que la vulgaridad es la norma. Ellos son los que te reconcilian con una existencia que de otra forma carecería de sentido.

Aquí dejo un enlace de lo que digo.

Quién vela mis sueños

Ni cada día, ni cada mes, ni en años, mi vista se posó en el cuadro que adjunto. Situado en la cabecera de mi cama, jamás me dio por observarlo. No recuerdo el momento en el que lo colgué allí y porqué. Compartía cama con mi esposa, hoy sólo yo hago de ella mis sueños. El cuadro no dice mucho, al menos mucho que me haga pensar. El cuadro es original, pero desconozco su autor, aunque vaya firmado con «L. Paton».

Hoy al levantarme me dio por fijarme en él y quise que me diera un idea para poder escribir sobre algo. En el cuadro parece que es una joven, una niña, que descansa en su regazo otra niña menor. El fondo es claramente bucólico, aunque impreciso. Un cesto de flores significa, claramente, que la «niña» las ha recogido para llevarlas a casa. «La niña» mira al frente, cualquier cosa que le atrae y que no comparte conmigo. «¿Alguien que se acerca?» Me hago esta pregunta y comienzo a elucubrar ideas sin fundamento. Atrapado mi cerebro, ya no es capaz de desentenderse de aquella escena que comienza a tomar vida. Pero tenía poco sentido quedarme allí observando el cuadro ignorado tanto tiempo, así que me llevé la imagen conmigo y salí del dormitorio.

A no sé a qué hora del día, una ráfaga de luz me dio una escena que no había conseguido antes. Esa niña del cuadro, la niña más pequeña que parece pertenecerle, el cesto de flores, el fondo difuminado de tonos verdes, no representa algo real, el pintor no tenía en sus manos una cámara que inmortalizara una escena. El pintor tenia unos pinceles, unas pinturas, una paleta, y comenzó a plasmar trazos en el lienzo. Quizá era un romántico que vio a esa niña en su mente y con suma delicadeza la trajo a este mundo, un mundo en el que nada es real, que todo está en nuestra imaginación.

Ahora me es inevitable mirar el cuadro cuando me acuesto. Siempre espero darle vida en mis sueños, pero aún no lo he conseguido; debe ser porque ya no sueño, o ya no sueño en cosas que volvieran a darle sentido a mi vida.