¿Qué me sucede?

Comienzo a valorar la vida como nunca antes lo hiciera. Del derrotista «la vida es una mierda, y encima te mueres», he pasado a «la vida es un tesoro hasta que te mueres». ¿Por qué pienso que la vida es un tesoro? Porque nada es comparable, porque su valor es inmenso, porque se cuida, se protege, se pelea por ella contra todo intento de robártela.

Estoy sentado en el water. El iPhone al lado, como siempre, para que ese momento no sea una pérdida de tiempo. Lo cierto es que abrirlo es la pérdida de tiempo más evidente. Una minúscula hormiga llama mi atención. Corretea por el limpio suelo desorientada. La sigo. En ocasiones se para ante algo más minúsculo que ella. Por unos segundo me parece que ha encontrado comida, pero la pequeña hormiga desiste, aquello no debe ser comestible. Me pongo transcendente.¿ Esta hormiga es lo más simple como ejemplo de vida? Es tan pequeña que, en ocasiones, mi vista deja de enfocarla y pienso en lo fugaz de la vida. Pero vuelve a aparecer, incansable en su búsqueda de algo que pueda comer, supongo. Pero el suelo esta limpio y, a penas, si habrá alguna mota de polvo comestible. ¿No tiene sed? ¿Dentro de su pequeñez tiene un cerebro que rige sus instintos? ¿Cuál es su destino como testimonio de una vida con significado? ¿Por qué está sola, se ha extraviado del hormiguero? Ante tantas preguntas que me sugiere su existencia, concluyo que debe ser uno de esos desperdicios de vida que nos rodea por todas partes. Morirá sin remedio en poco tiempo, la vida es un proceso que hay que alimentarlo continuamente, no es un mecanismo perfecto, es energía. En otra ocasión quizá le habría puesto el pie encima, como ante cualquier insecto que se atreve a ocupar mi espacio protegido.

Me levanto del water y voy a la cocina. Cojo una miga de pan y vuelvo al cuarto de baño. Recorro el suelo con la mirada y nada se mueve. ¿Dónde has ido, vida, vengo en tu ayuda? Sin esperanza de volver a verla, tiro la miga en el suelo y me voy.

En otro momento del día el water me llama. ¿Qué hay de nuevo? Es impresionante. Una legión de hormigas minúsculas tapan literalmente lo que supongo es la miga. Otra fila sin fin de hormigas van y vienen de alguna parte a la miga. El origen primario de la vida era aquella pequeña hormiga solitaria, luego vino la explosión de vida que contemplo.

Ahora ya sé cual es el significado de la vida: vivir. ¿Sabré entenderlo así para mí mismo?

Have You Ever See The Rain

Ni importa. No es preciso que el mensaje te diga algo que comprendas. Es el conjunto de voces y sonidos musicales los que forman una pieza única. La escuchas una y otra vez, y eres tú el que se figura la historia. No es tu historia, si lo fuese, probablemente, no le llegaría al corazón de nadie, ni siquiera al tuyo. Por eso decía que perdía el tiempo con mis historias. A nuestro alcance hay infinitas que te arrancan una lágrima, un suspiro, una nostalgia de algo nunca vivido, pero que una canción te hace sentirla.

De la banda sonora Little big lies. extraigo ésta con la que finaliza la serie. Otras versiones, la de Rod Stewart es, igualmente, motivadora. Yo prefiero ésta

Have You Ever Seen the Rain (feat. Paula Nelson) | Big Little Lies: Season 2 OST – YouTube

Michael Kiwanuka

Pocos lo conocen, quizá sí su música, si han visto Big Little líes, una serie que abre sus capítulos con una de sus canciones, Cold Little Herart. La serie es buena, la banda sonora es extraordinaria. Pero esta canción es especial, porque te atrapa, te sosiega, te envuelve en otra historia en la que te sientes flotar. Hay videos en Youtube con diversas versiones, alguna con subtítulos en Castellano. Y ahí voy. Porque el relato que hace la canción es todo menos un modelo de comprensión literaria. Vale como lamentos, que en la voz de Kiwanuka suenan desgarradores. Uno empatiza con su dolor, sin saber bien qué le aflige. Y sientes un dolor placentero, parecido a un orgasmo que se repite y repite hasta vaciarte.

Bueno, pues hoy comparto con vosotros mis sensaciones. Aquí os dejo Cold Little Heert, de Michael Kiwanuka.

Michael Kiwanuka – Cold Little Heart – YouTube

Estoy empezando a pensar que pierdo el tiempo que me queda metido en mis propias historias.

¡Que viene el lobo!

“Alaska, el lugar más bonito del mundo, Se nota que el aumento de la temperatura de las aguas está cambiando los peces que hay allí. Y eso está afectando a las migraciones de los pájaros que comían esos peces. El permafrost [la capa de tierra que permanece congelada continuamente] se está derritiendo y quemando y liberando el metano, hay incendios porque está muy seco. La temperatura está subiendo mucho, se está derritiendo el hielo y los osos polares no tienen dónde vivir. Y en poco tiempo el deshielo de los glaciares va a ser mucho más fuerte. Los sistemas marinos están perdiendo la capacidad de absorber CO2 y producir oxígeno, y los vertidos y emisiones de la industria contaminan el agua y la comida. Ahora el cambio climático no es una idea abstracta de futuro para otras generaciones. Está empezando ya la transformación. Ya estamos en un colapso climático y con este rumbo vamos al desastre. Por eso tenemos que actuar urgentemente y por eso estamos en crisis”.

El que dice esas cosas es el capitán del Rainbow Warrior, Joel Stewart, el barco insignia de «Greanpeace». Un ecologista al que se le debe haber fundido la cabeza, y desvaría.

¿Quién le manda meterse en camisa de once varas con soflamas de ese tenor? Pero supongamos que está en lo cierto y no exagera. ¿Qué coños me importa a mí que se fundan los polos, que los osos pasen a ser los mamuts de la era actual, que suban las aguas equis centímetros o metros y aneguen las costas, que tengamos olas de calor insoportables, sequías que desertizan vastas zonas otrora vergeles, que se extingan especies que no saben soportar los cambios, que aparezcan nuevas enfermedades, que desaparezcan los glaciares que yo n nunca visité ni me importan, que se declaren guerras por la posesión de los escasos recursos, que la economía sea un caos, que el ecosistema se vaya a la mierda, etc.?

Todo lo anterior forma parte del pensamiento único de la humanidad, salvo raras excepciones, así que yo no voy a ser menos, si para cuando eso suceda ya podremos vivir en Marte.

Para qué preocuparse, si hay infinitos lugares a donde ir. La Tierra ya es una puta gastada, de tanto joderla.


¡Oh, soy humano!

Me creía algo fuera de lo común. Según iba perfilando mi obra de enlosado, veía en ella la partitura de una ópera prima; ahora, una vez terminada y tiempo contemplándola, observo unos acordes que desentonan. Vi, también, esa obra literaria que aparece bien construida en su conjunto, pero que entrando en el detalle, tiene notables faltas de ortografía. En algunos casos, en el lienzo se aprecia la sustitución del fino pincel por trazos de brocha gorda, impropios de una obra pictórica excelsa. Imposible corregir los defectos, tendré con conformarme con que mi hija no me llame chapuzas.

Ahora tendré que pensar en ser genial en otra cosa, porque la dedicación a enlosar el jardín de mi hija ya no me invita mirarme el ombligo.

Y el tiempo corre en mi contra. Ser genial no se improvisa, no es de nacimiento. Si así fuese, ya hubiese tenido ocasiones de mostrarlo, y no ha sido así. Y no es porque las buscara y no las encontré, es, sencillamente, que siempre lo dejé para otra ocasión, como si de un momento de inspiración se tratase. Y ahora, ante esta ocasión fallida, me queda poco tiempo para que, mirarme al ombligo, sea un premio de consolación. Paca, querida, es que mi ombligo sigue siendo bonito, y algo es algo, ¿no crees?

En estas estoy, mirándome el ombligo

Si en algún caso mereciera la pena mirarme el ombligo, no sería por tener una lectora en Japón, o en Uganda, Ucrania, Uzbekistan o China, por señalar algunos lugares exóticos que no hablan mi lengua; el resto es, aún, menos meritorio, por lo que ni siquiera me desnudo para mirármelo.


Ser un magnífico escritor, un gran músico, un excelente pintor no fue la gracia con la que me adornó el destino.

Tampoco sería motivo considerarme un buen constructor de casas, que lo fuí tiempo ha.

Ni por ser guapo, un buen amante, inteligente.

Es en esta manifestación, la de albañil de ocasión que sólo tiene que colocar una losa de barro a continuación de otra, usar el nivel, sufrir que mi hija siempre encuentra algún defecto, en la que me miro el ombligo y me digo: «José, siéntete orgulloso, esto que haces es un poema excelso, una novela excelente, una sinfonía maravillosa, una obra maestra se mire como se mire». Lo siento, mi querida Paca, pero tengo motivos para mirarme el ombligo. Sólo por esto.

LGTBI y otras cosas lógicas

Los chicos, chicas y algunos carrozones y carrozonas homosexuales, gays, etc., tuvieron ayer su día grande, El Orgullo. La calle se vistió de colores, creo de arco iris, y ellos y ellas y todo lo contrario se exhibieron tal cual. Las teles les dieron imagen, difusión de eslóganes y fueron portada de todos los medios de difusión. Pues muy bien, nada que objetar. Parto de que la libertad es un bien superior, superior incluso al buen gusto, la estética y cualquier opinión que ponga en tela de juicio el derecho a ser lo que se quiera ser. Pero desde este lado también la libertad me ampara, me exige un posicionamiento ante el acontecimiento. Y si para ellos es continua la lucha por la libertad, para nosotros, para mí, también es una lucha. ¿En qué sentido? Cuando un hetero quiere opinar, le tiemblan las piernas. Es muy probable que cualquier opinión que raye en la crítica será considerada fascismo puro y duro o homofobia en su término más blando. Y se cuidará de tener una opinión pública, su libertad no da para esos desahogos.

Que yo no apago la tele porque se dé in extenso el recorrido por las calles del Orgullo, es natural en mí. Que no escupo cuando dos hombres o dos mujeres se besan en publico, es natural en mí. Que veo sin desagrado videos homo-porno, de vez en cuando, como veo otras cosas que chocan con mi concepción de la vida equilibrada, es natural en mí.

Pero estoy en mi derecho o reclamo la libertad de poder salir del armario que la constriñe, por temor a ser demonizado si no estoy al día en la complacencia ante ciertas realidades, forzadas o no.

La antropología, «esa ciencia que estudia al ser humano en su forma integral, de sus características físicas como animales y de su cultura, que es el rasgo único no biológico (WP)», no excluye, por definición, la manifestación homosexual en el ser humano. Salvo cuando es utilizada con fines perversos, como cuando, desde la política, se pretende la pureza de la raza humana, entendida como tal pureza la manifestación unívoca de los comportamientos «naturales». Y por vía de eliminación se extirpa cualquier desvivió de esa conducta.

¿Dónde estoy yo? En mi condición de heterosexual puro, aún no me atrevo a salir de mi armario; eso sí, estoy deseando salir. Ahora, sería temerario.

Canto fúnebre por mis tres rosas

vi cómo la vida se apagaba

vi vuestros pétalos marchitos

olí la fragancia ausente

recordé la belleza efímera

uno, dos, tres riegos extras

alimentación asistida

el soplo de mi aliento

ánimo, pequeñas, no desfallezcáis

aún os quedan días de gloria

todo fue en vano

Vivaldi tocó otra sonata


¿dónde van las rosas muertas?

para qué querer ir al cielo

si allí no han de estar mis tres rosas

yo os daré una segunda oportunidad

Viviréis en mi recuerdo.

con todo mi amor, pequeñas.

¡Y van tres!

Mi rosal ha tenido un parto múltiple. De su exiguo porte ya fue un milagro la rosa que glosé hace un par de días. Me sigue sorprendiendo. Hoy fui al rosal, presintiendo que la flor que había parido mi rosal púber ya habría empezado a languidecer. Hace mucho calor, estas y otras plantas que se cultivan en invernaderos, tardan en aclimatarse cuando se trasplantan al aire libre. Pero mi rosal no cumple con las leyes, no ha esperado a dejar atrás la pubertad, hacerse adulta responsable, tener un cuerpo capaz de engendrar descendencia sin poner en peligro su existencia y la de sus hijos. Mi rosal tenía prisa en demostrar que a ella estas cosas como que no le afectan. Y no una, sino dos criaturas más en 24 horas. ¿Qué puedo hacer por ella para compensarla de tanta generosidad? Si tuviese a mi alcance los medios necesarios para preservar a sus hijos de una muerte prematura, nada en estos momentos me podría satisfacer más. Tanta belleza sin explicación me hace pensar que, al menos para mi rosal, la muerte prematura de sus hijos es injusta. Durarán vivas y lozanas lo que su madre consiga para ellas. Por supuesto que por mi mente no ha pasado la idea de separarlas de su madre y aplicarles esa incubadora que llamamos florero.

Habrá otras flores por ahi, incluso más bellas, pero sólo estas tienen que ver conmigo.

Mi ombligo

¿Y de que escribo hoy? ¿De mi quejumbroso esqueleto, martirizado durante siete horas, 30 grados a la sombra, cuatro litros de agua, cambio dos veces de camisa, una precisa máquina que se rompe, de mi hija que, como es habitual, cuestiona detalles de lo que estoy haciendo? ¿A quién le importa esta historia.

El caso es que esta historia sólo es el principio. Si vivo para contarlo, podré presumir de algo bien hecho, otra vez. Será entonces que la historia sea asumida por mis lectores. O no.

Quizá sólo sea, una vez más, mirarme que mi ombligo es el más hermoso, algo que me reprocha una amiga, no porque lo ponga en duda, sino por ese afán mío de contemplarlo. Pero es que mi amiga no ha visto mi ombligo. Un ombligo, en sí, es algo insignificante, pero si con ochenta años mi ombligo no ha desaparecido en los pliegues grasientos de mi barriga. Si mi ombligo al tocarlo mantiene su estructura tersa y el dedo no huele a podrido. Si mi ombligo lo elevo a la categoría de la firma que certifica que nací de madre, entonces mi ombligo es esa primera cicatriz que forma parte de mi historia, y eso ya es importante. ¿Qué sólo me interesa a mí? Puede. Pero lo escrito, escrito queda. Y hoy no tengo otra historia.

P.S. Se me olvidó decir que otra amiga dijo de mi ombligo que era sexi, pero esto no debo tenerlo en cuenta porque sólo lo imaginó.