La rebelion de los otros

PRELUDIO
En inicio de los tiempos, la Tierra fecunda se pobló de seres vivos que amaban y respetaban su casa. ¿Fueron siempre así? No todos, al menos desde el pasado que recuerdo. Hoy a ésos los llamamos evolucionados, privilegiados de la creación. Se han convertido exclusivamente en seres del presente, que no miran atrás ni adelante. Yo soy uno de ellos. Somos los humanos.

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Y porque no

Capítulo 1
Vio el Señor de todas las cosas creadas que no todo había sido bueno, como él, allá en el principio de los tiempos, previó lo que constituiría su divina obra. Y no estando satisfecho de sí mismo, torció el gesto, mientras pensaba en las causas que habían llevado a que sus previsiones no se hubiesen cumplido. 
Allá, en los confines del universo, quiso que un pequeño planeta fuese la matriz de posteriores colonizaciones por los seres vivos que habría de engendrar. Y en ese planeta, el hombre, según su designio la obra más amada de su creación, sin embargo había evolucionado sin su control a formas que, a todas luces, degradaban el destino fijado para él. Bajo los efectos de su enojo, se propuso castigarlo sin destruirlo.

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Cosas que pensé

Ayer, cuando ya no esperaba tener que exclamar “¿por qué?”, recibo tu postal. Un paisaje en otoño. Bello, sin duda. ¡Qué hermosa primavera debió haber en aquel lugar! ¿Lo pensaste bien antes de elegirlo? En ese paisaje encontré un no sé qué de expresiva nostalgia; todos los otoños hermosos son nostalgia de aún más hermosas primaveras, de exultantes primaveras llenas de oferta. Sin embargo, no tenía que ver con nosotros, y bien que lo siento. Quizá no fue tu propósito simbolizar otra cosa que lo que pudo ser y no fue. Sí, así es. Nosotros no tuvimos primavera, o no tuvimos una primavera que hiciera honor a su nombre. Lo nuestro fue una primavera atípica, como esas en las que nada florece a su tiempo por las bajas temperaturas, por las tormentas que se suceden, porque la tierra no estaba bien abonada. En esas primaveras, que no sé cómo llamarlas con propiedad, no nacen los tallos que anuncian el esplendor previsible de las auténticas primaveras. En nuestra atípica primavera, nada brotó y floreció para embellecer nuestro tiempo; no recogimos ningún fruto con el que mitigar nuestro hambre; no preparamos ningún otoño bello y nostálgico, como el de tu postal. Y me pregunté por qué. Pero cuando nada de lo que he deseado sucedió, invariablemente me contesto: Y yo qué sé. Y yo qué sé, por qué no pudimos tener una hermosa primavera y esperar un bello otoño. Ahora, refugiado de mi invierno, sólo miro por la ventana la llegada de una nueva primavera. ¿Llegará? ¡Ay, dios! Y yo qué sé, querida, y yo qué sé.
(JDD2002)

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Desde dentro

“Desde dentro” pretende ser una introspectiva del autor. La retrospectiva, la perspectiva, el mirar hacia atrás o de frente, puede, en todo caso,  activar los terminales de los sentidos y crear bellas o feas imágenes que se pueden describir dependiendo del cúmulo de experiencias vividas hasta el presente o de la circunstancia actual. Sin duda, esta forma de interpretar el pasado partiendo del presente, o el presente partiendo del pasado, lleva al escritor a forzar el uso de las herramientas que ha ido acumulando en su oficio. Y podrá, si es hábil, crear imágenes literarias de gran altura plástica. ¿Se puede llamar a eso lirismo? Pienso que no. Lirismo es la expresión plástica de la intimidad del autor en estado seminconsciente, imposible metafísico a través de la retrospectiva o de la observación. Para que se entienda, pensemos en una roca. Observamos esa roca y la describimos de mil formas, incluso glorificando su estructura, su forma, su belleza plástica. Y lo podemos hacer bien en prosa barroca o en un poema lleno de bellas metáforas. Nunca eso  será lírico. Tomemos ahora esa roca y situémosla en nuestro interior y desde allí démosle vida, una vida de roca, naturalmente, pues no se trata de fabular. Pensemos, por ejemplo, en el significado de su existencia, en su quietud o movimiento pendiente abajo, en el calor que acumula expuesta al sol y cómo lo desprende cuando llega la noche, en fin, en si esa roca hablara, qué diría. Esto sería lirismo. Pero mejor comenzar, en un momento en el que me siento especialmente lírico, o así lo siento desde mi interior.

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No aseguro que volvi

PRIMERA PARTE

De las cosas son como son.
Le quedan minutos, segundos… Dios le acoja en su seno. Sal, alma cristiana, de este mundo…Dios misericordioso… perdonad sus culpas y mirad con benignidad a este tu siervo…Os encomendamos, Señor, el alma de vuestro siervo…Y os suplicamos….Reconoced esta obra vuestra. Perdonad sus pecados de juventud y acordaos en vuestra clarísima gloria. Abranse los cielos y alégrense con él los ángeles. La clementísima Virgen, por su maternal intercesión,… penetre en la deseada mansión…San José, Patrono de los moribundos, os encomiendo el alma de vuestro siervo…líbralo de la muerte perpetua y que merezca el gozo eterno….Que los ángeles te lleven al Paraíso; que los mártires te salgan al encuentro y te conduzcan a la ciudad santa del Cielo….Yo soy la resurrección y la vida; quien cree en Mí, aunque haya muerto, vivirá; y todos los que en Mí crean, no morirán eternamente….. 
Amen. Amen. Amen, me pareció escuchar en mi caída libre al vacio.

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Poemas en prosa

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Mujer, me pides amor
como si se fabricara
en algún lugar de mi cuerpo.
¿Por qué no me pides pasión
si es lo único que siento…?
Toma mi pasión si quieres
y llámalo amor si lo prefieres
(JDD. 20-6.2001)
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Y Dios dijo: Hágase la luz,
y se olvidó de las tinieblas.
Y Dios dijo: Hágase el hombre
a mi imagen y semejanza,
y se olvidó de maquillarse.
Y Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo,
y se olvidó de la mujer.
Y dios dijo: Se pueble la Tierra de animales,
y se olvidó del hombre.
Y Dios dijo: Crezcan plantas y flores,
y se olvidó del hombre.
Y Dios dijo: ¿Dije yo todo esto?
Sí; más te habría valido callarte.
(JDD. 30-6-2001)

Agazapados en las sombras
parece que sonríen,
y sólo afilan sus colmillos.
La presa es apetitosa
y ellos tienen hambre.
Banquete de lujuria
se prometen.
Sólo necesitan emboscarse,
lanzar cánticos de sirena
hablando de paraísos,
de promesas.
No escuches esos cantos, niña.
Aléjate de ese mar
de aguas tranquilas, muertas,
y deslízate en el torbellino
de tu juventud
hasta crear tu propio remanso.
(JDD. 2000)

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Salmos por un cuadro

 

 

 

 

EPÍLOGO  (fragmento)

¡Al diablo con las promesas! ¿Cómo ocultar los sentimientos que me atenazan el alma? Veo el desprecio que  le dispensáis y no puedo menos de gritar:
 ¡Dejadla! 
¡Dejadla sola alcanzar la sima por la que se precipite!
 ¡Que nadie pretenda dañarla con miradas de desprecio, que ya su alma está muerta! 
¡Que su cuerpo ya está derrotado y ni siquiera sus vencedores encuentran ya botines de guerra!
 ¡Que nadie intente castigar la carroña!
 ¡Dejadla que se lleve su miseria a la tierra, que en ella hay siembra de mariposas!
 No, Raquel. No consentiré que la sombra robe el brillo de tu recuerdo. Yo puedo acabar con tu dolor y con la miseria que exhibes, bien a su pesar, o a su desprecio.
  
  
Y el viento se levanta en huracán furioso, llevando espumas corrosivas. Ahí estoy yo, alimentándolo… no puedo evitarlo.
  
  
Altera mi sangre el verte
 desecho humano. Continuar leyendo “Salmos por un cuadro”

Dos Días y Medio

Ha pasado mucho tiempo desde aquellos dos días y medio que pasé con Miguel.

El tiempo ha curado mis heridas, desgraciadamente no las de Miguel; escribo esto cuando ya ha muerto. Escuchando las cintas una y otra vez, un día decidí hacer un libro. No tuve éxito. Lo he reescrito  con ellas como base, y con la inevitable preocupación de que iba a pecar de un estilo microfónico censurable que nadie me perdonaría,  se me ocurrió añadir a los diálogos alguna reflexión íntima que me sugirieron las situaciones y pensamientos que Miguel y yo compartimos. Probablemente el resultado iba a ser desequilibrado, pues yo podía introducir matices a la complejidad de los sentimientos, en este caso de los míos, pero quedarían los de Miguel excesivamente literales, ya que no me atreví a imaginarlos. Sin obviar, en esta ocasión, un proceso de destilación obligada de  los diálogos, me temo que casi todos los encontré importantes y para nada subordinados a mi propia narrativa, y es que, —usted, lector, juzgará— a mi juicio, lo que Miguel y yo hablamos no podría ser considerado una conversación convencional, pero tampoco forzada. En mis añadidos personales, puse todo mi empeño en ser sincera; al fin y al cabo pretendí ser coherente, de lo contrario habría parecido un desahogo miserable y, por supuesto, falso. También me impuse el no utilizar un lenguaje metafórico,  de retórica barroca y presuntuosamente literario; debería ser lo que fue en el recuerdo y lo que sentí al escucharlo. Y es que me niego a pensar que las cosas pudieron ser de otro modo. Pilar.

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Agazapados en las Sombras

Agazapados en las sombras
parece que sonríen,
y sólo afilan sus colmillos.
La presa es apetitosa
y ellos tienen hambre.
Banquete de lujuria
se prometen.
Sólo necesitan emboscarse,
lanzar cánticos de sirena
hablando de paraísos,
de promesas.
No escuches esos cantos, niña.
Aléjate de ese mar
de aguas tranquilas, muertas,
y deslízate en el torbellino
de tu juventud
hasta crear tu propio remanso.