Poemas

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Mujer, me pides amor
como si se fabricara
en algún lugar de mi cuerpo.
¿Por qué no me pides pasión
si es lo único que siento…?
Toma mi pasión si quieres
y llámalo amor si lo prefieres
(JDD. 20-6.2001)
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Y Dios dijo: Hágase la luz,
y se olvidó de las tinieblas.
Y Dios dijo: Hágase el hombre
a mi imagen y semejanza,
y se olvidó de maquillarse.
Y Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo,
y se olvidó de la mujer.
Y dios dijo: Se pueble la Tierra de animales,
y se olvidó del hombre.
Y Dios dijo: Crezcan plantas y flores,
y se olvidó del hombre.
Y Dios dijo: ¿Dije yo todo esto?
Sí; más te habría valido callarte.
(JDD. 30-6-2001)
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Agazapados en las sombras
parece que sonríen,
y sólo afilan sus colmillos.
La presa es apetitosa
y ellos tienen hambre.
Banquete de lujuria
se prometen.
Sólo necesitan emboscarse,
lanzar cánticos de sirena
hablando de paraísos,
de promesas.
No escuches esos cantos, niña.
Aléjate de ese mar
de aguas tranquilas, muertas,
y deslízate en el torbellino
de tu juventud
hasta crear tu propio remanso.
(JDD. 2000)
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Echadme una mano, viejos,
que no puedo con la aurora
que me trae esta chiquilla.
Testigos sois de que no puedo, ni quiero,
a solas estar con ella.
Y no es temor lo que lo impide;
es cariño paternal, o de abuelo la ternura.
¡ Maldita edad que no me da otra alternativa!
(JDD. 1999)
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Ya se acerca al mar el río
Se seca de sal y arena.
Atrás dejó la frondas.
Atrás los esquivos meandros.
Atrás los cantarines saltos.
Atrás los remansos de paz.
Atrás el torrente orgulloso.
Atrás el reflejo de luna.
en el espejo de sus olas inquietas.
Atrás los muertos confiados.
Atrás los campos engendrados.
Atrás las fuentes nutrientes.
Atrás el nuevo río que empuja.
Ya estás, río, en el mar.
Seco de sal y arena.
¡ Río, río, no puedes llorar tu pena!
Tienes lágrimas de cristal.
Lágrimas de sal y arena.
(JDD. 1999)
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El ángel San Gabriel anunció a María:
Vas quedar preñada
sin romperlo ni mancharlo.
Son cosas del Gran Padre
que habita en los cielos.
que disimule,
que será el padre putativo.
Y a las vecinas les cuentas
que fue una gran noche de amor.
Son mentiras celestiales
pa cubrir las apariencias
No vaya ser que alguien piense
que el hijo de Dios
es un hijo de puta.
Soy la esclava del Señor
Hágase en mí según tu palabra.
(JDD 2000)
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Que el viento te lleve mi virtual beso,
húmedo, cálido o frió.
Sólo tienes que acercarte a la pantalla
y besar mi nombre.
Es tu opción. También puedes escupirlo.
Pero has de decírmelo
para que yo, acercándome a mía,
pueda sentirte húmeda, cálida o fría
(JDD. Junio 2001)
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Un viejo es un viejo
moribundo de soledad.
Un viejo es un viejo
con lágrimas y no llora
Un viejo es un viejo
con la memoria marchita,
con la esperanza marchita
con el deseo marchito.
Un viejo es tan poca cosa…
Tan inútil es un viejo…
(JDD. Junio 2001)
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DI QUÉ TE PASA, MUJER
QUE HOY ME HUELES A ROSAS
Y A CLAVELES AYER
PUES ES A MI PARECER
QUE SI ME HUELES ASI
NO TE PUEDO CONOCER.
(JDD. Junio 2001)
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A una poeta querida
¡ Ah, las metáforas; siempre llenan el alma de incertidumbre!
¿ Qué contienen tus metáforas, niña? ¿Son presagios?
¿ Qué dice tu mensaje, lleno de ambiguos significados?
Ahora tu amor ausente estará llorando, queriendo comprenderte.
Sólo ha entendido que no está en tu esperanza, sólo en tus sueños, y eso es poco.
El quisiera tenerte en sus brazos despiertos, estar en donde tú estás,
ocupando el mismo espacio.
Despierta o dormida, él sólo necesita contemplarte de cerca, sentir tu
aliento.
Y luego dejarte, despierta o dormida, con la promesa de su amor eterno.
E irse por el camino que tu pintas de flores, en busca del nuevo firmamento.
Y allí encontrar una nueva estrella vacía que sea vuestra morada eterna.
Pero…. puede que tu amor esté diciendo:
Ah, los sueños, las mentiras, las metáforas.
¡ Malditos seáis, malditas sean!
Que nos permitís vivir una apariencia de vida hermosa.
Hasta despertar.
Y conocer la amarga verdad.
Y con ella vivir hasta la muerte.
Sin otro sueño, sin otra mentira.
Ven ya, muerte, no te demores
Que del tiempo pasado y vivido
Entre sueños y mentiras.
Nada quiero recordar.
(JDD. 1999)
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Aviva ya el alma, que se te duerme,
y llévala a un mar tempestuoso.
Dile que esperé allí en actitud inerme
la caricia del viento incestuoso.
Mientras ella se fecunda de pecados
verás alma y cuerpo embellecidos.
Alma y cuerpo de virtudes sobrados
y de marchitos amores renacidos.
(JDD. 2000)
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Salmos por un cuadro

Primera edición papel: Marzo 1997  (Agotada)
  
Segunda edición digital: 2001 www.librosenred.net
EPÍLOGO  (fragmento)
  
  
¡Al diablo con las promesas! ¿Cómo ocultar los sentimientos que me atenazan el alma? Veo el desprecio que  le dispensáis y no puedo menos de gritar:
¡Dejadla!
¡Dejadla sola alcanzar la sima por la que se precipite!
¡Que nadie pretenda dañarla con miradas de desprecio, que ya su alma está muerta!
¡Que su cuerpo ya está derrotado y ni siquiera sus vencedores encuentran ya botines de guerra!
¡Que nadie intente castigar la carroña!
¡Dejadla que se lleve su miseria a la tierra, que en ella hay siembra de mariposas!
No, Raquel. No consentiré que la sombra robe el brillo de tu recuerdo. Yo puedo acabar con tu dolor y con la miseria que exhibes, bien a su pesar, o a su desprecio.
  
  
Y el viento se levanta en huracán furioso, llevando espumas corrosivas. Ahí estoy yo, alimentándolo… no puedo evitarlo.
  
  
Altera mi sangre el verte
desecho humano. Continuar leyendo “Salmos por un cuadro”

Dos Días y Medio

Ha pasado mucho tiempo desde aquellos dos días y medio que pasé con Miguel.

El tiempo ha curado mis heridas, desgraciadamente no las de Miguel; escribo esto cuando ya ha muerto. Escuchando las cintas una y otra vez, un día decidí hacer un libro. No tuve éxito. Lo he reescrito  con ellas como base, y con la inevitable preocupación de que iba a pecar de un estilo microfónico censurable que nadie me perdonaría,  se me ocurrió añadir a los diálogos alguna reflexión íntima que me sugirieron las situaciones y pensamientos que Miguel y yo compartimos. Probablemente el resultado iba a ser desequilibrado, pues yo podía introducir matices a la complejidad de los sentimientos, en este caso de los míos, pero quedarían los de Miguel excesivamente literales, ya que no me atreví a imaginarlos. Sin obviar, en esta ocasión, un proceso de destilación obligada de  los diálogos, me temo que casi todos los encontré importantes y para nada subordinados a mi propia narrativa, y es que, —usted, lector, juzgará— a mi juicio, lo que Miguel y yo hablamos no podría ser considerado una conversación convencional, pero tampoco forzada. En mis añadidos personales, puse todo mi empeño en ser sincera; al fin y al cabo pretendí ser coherente, de lo contrario habría parecido un desahogo miserable y, por supuesto, falso. También me impuse el no utilizar un lenguaje metafórico,  de retórica barroca y presuntuosamente literario; debería ser lo que fue en el recuerdo y lo que sentí al escucharlo. Y es que me niego a pensar que las cosas pudieron ser de otro modo. Pilar.

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Agazapados en las Sombras

Agazapados en las sombras
parece que sonríen,
y sólo afilan sus colmillos.
La presa es apetitosa
y ellos tienen hambre.
Banquete de lujuria
se prometen.
Sólo necesitan emboscarse,
lanzar cánticos de sirena
hablando de paraísos,
de promesas.
No escuches esos cantos, niña.
Aléjate de ese mar
de aguas tranquilas, muertas,
y deslízate en el torbellino
de tu juventud
hasta crear tu propio remanso.