La pido prestada para compartirla

Cuando contemplamos la belleza, nos relaja o nos sobrecoge. Nunca nos deja indiferente. Viendo la televisión, pocas veces un comercial te atrapa, y cuando lo hace, lo normal es que te deje suspendido en el aire; es cuando la belleza toma posesión de tus sentidos. Pero los comerciales tiene tasado el tiempo, y cuando la belleza los impregnan, el resultado es una especie de angustia ante el vacío que sigue. Me ha pasado viendo un anuncio de Chanel. «Quiero más», me digo frustrado cuando termina como soplo de aire perfumado. Pero no hay más, otro anuncio rompe la magia. «No, no puedo quedarme así, es preciso que encuentre la fuente de donde mana esta belleza». Y la encuentro. He aquí una canción, un video que, o yo soy un hipersensible , algo enfermizo, y tiene razón de ser lo que he sentido al verlo, al escucharlo, o para los demás es simplemente una bonita canción de Beyoncé con una puesta en escena espectacular. Prefiero ser raro.

Raquel y el cielo deseado


I

Un ángel se hizo hombre y habitó entre nosotros. De ángel sólo le quedaron las plumas y un gusto por el amor  etéreo, que él, para hacerlo perceptible a los sentidos humanos, lo configuró en la forma de una mujer, mujer de figura anémica, probablemente sifilítica, seguramente tuberculosa. El ángel, nada experto en amores carnales, la colmaba de flores, de versos, de suspiros. La mujer estaba encantada; le quedaba tan poca carne, que no tenía deseos libidinosos y, por tanto, no echaba en falta retozar, cuerpo a cuerpo, con aquel hombre, nunca mejor dicho, llovido del cielo. Se llevaba las flores que le ofrecía a su pecho para arropar a su corazón cansado y frío; escuchaba sus versos como el que oye complacido caer la lluvia en primavera y se deja mojar para sentir su caricia; y los suspiros, ¡ay, los suspiros!, ella los hacía suyos como transfusiones de sangre vivificadora que le permitían inspirar un aire demasiado denso para ella. Hablaban, siempre hablaban. No comían ni bebían. Él le hablaba de paraísos, de cielos, del Padre Celestial, de ángeles, de praderas infinitas donde la tierra era una nube blanca como el algodón cardado, cubierta de margaritas. Ella, arrobada, dejaba volar su imaginación y comenzaba a danzar un vals, casi levitando del suelo, mientras le decía:” amor, amor que me haces transportar a los cielos, antes ignotos, pero ahora perceptibles. ¿Cuándo será el momento en que me lleves allí? Ya nada me retiene en la tierra, donde sólo te piden que te confundas con los cuerpos de los hombres para sentir esos cielos de que me hablas. Nunca supe de ellos. Los hombres me rechazaron siempre por mis pocas gracias.  Dadme esta oportunidad, ángel de amor, que ninguna mujer debe morir en sí misma para sólo ser pasto de los gusanos». Y el ángel hecho hombre,  llevado de su condición de ángel, la tomó en sus brazos, desplegó las alas ocultas y con ella voló.

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Dedicado a Vesta, en el recuerdo

Vesta, hija de Saturno
Dios del tiempo que devora
De su miedo te libraste
En Cibeles engendrado.

Calor de hogar divino
En el ara de los sacrificios
Era el alma del Universo
Guardada en vasos de bronce
Por la pureza de seis jóvenes.
Hasta que se fueron mirando
En los espejos ustorios
Cuando el sol dormía.
Y se vieron poseídas
Por los hombres mortales
Y asesinos de los dioses

Vesta, hoy ya tu fuego
Se extingue en mil pavesas
Con la pérdida de mil purezas.

Vesta, ahora tu Universo
Sólo es pasto de los hombres.
Y su alma recoge velas
Varada está por el tiempo
A merced de los carroñeros
Mientras se miran contentos
Los malditos agoreros.
(JDD 2001)

P.S. Qué ha cambiado, Vesta?

La mujer que no envejeció

I

Josefina, Fina en lo sucesivo, que tampoco es para exagerar, era una mujer solitaria; pocas relaciones, las imprescindibles.

Fina cumplió cuarenta años y se propuso no cumplir ni uno más. «¿Para qué están los cosméticos, los masajes, incluso las operaciones de cirugía?», se dijo. Fina vivía casi exclusivamente para detener los estragos de la edad. Cuarenta años era una edad ideal. Fina se encontraba en la plenitud, y como era huraña y no apetecía de la relación con los hombres y menos con las mujeres, pues todo consistía en verse ella misma en esa edad detenida y contemplarse satisfecha. Nadie, pues, podía recordarle: «Fina, que ya cumpliste cuarenta el año pasado», o peor aún: «Fina, hace dos, tres… años nos dijiste que tenías cuarenta», con lo que Fina, a pesar de tener la misma apariencia que cuando cumplió verdaderamente cuarenta años, tendría que admitir que envejecía y que se mantenía artificialmente, ya que es el único milagro en el que nadie cree.

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¡Todo sea por mi país!, por Elsa Levy

¡TODO SEA POR MI PAÍS!!

Elsa Levy

Romualdo reunió a su familia en el salón de proyecciones de Los Pinos. Hizo preparar bandejas de bocadillos apetitosos y descorchar botellas de champaña. Son las nueve de la noche, Azucena, Romualdo “junior”,Teresa y Andrea, se preparan bulliciosos para ver en la TV la primera aparición oficial de su esposo y padre que, con aire de triunfador departe con ellos.

―¡Silencio!―ordena Romualdo en voz alta ―El programa va a comenzar.

Todos se remolonean en sus asientos y prestan atención a la enorme pantalla incrustada en el muro central del salón.

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Viaje a la vagina de Ariadna

Textura de la vagina microbservada

Superhombre o semidiós, esta pasada noche visité la vagina. No, no fue una grosera visita de entrar y salir para sólo captar de ella que es acojedora por cierto tiempo. No entré en ella a ciegas de mi deseo. Estaba soñando y podía hacerlo: penetrar en su misterio. Los misterios, en general y para el hombre mortal, dejan de serlo cuando se abren a los sentidos. En lo sueños los sentidos sólo aprecian el misterio, sin querer comprenderlo, porque saben que nunca podrán hacerlo. Era Ariadna y era su vagina la que visité en mis sueños. Una vez en su vagina, el misterio se mostró cual era. Mi subconsciente quiso esta vez que fuera Ariadna, quizá porque su leyenda permitía que yo la poseyera si soñaba con ella.

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Imaginando una playa en el año 2118

 La playa, como todos los veranos, están atestada de gentes venidas de todos los puntos cardinales de la vieja Europa. Las playas siguen siendo el mejor lugar para procurarse un bronceado integral. Pocos recuerdan cómo se comportaban las personas cien años atrás. Algunos han asistido al proceso de cambio a partir del 2050, que culmina ahora en unos comportamientos generalizados, absolutamente normalizados para todos. Por ejemplo,  ya nadie usa ninguna prenda para taparse una zona concreta de su cuerpo. El culto al cuerpo de décadas anteriores, que inevitablemente inducía a establecer diferencias vergonzantes, ha dejado paso a un concepto nuevo de entender el aspecto físico y tratarlo convenientemente. Se procura por todos seguir dietas correctoras  hipocalóricas y otras de mantenimiento, bien mediante procedimientos físicos o químicos; hay máquinas que esculpen el cuerpo,  pastillas y brebajes para todo propósito y nadie tiene que avergonzarse de su imagen. Incluso la vejez se atenúa evitando degradaciones de otros tiempos, como la gordura, la flacidez, las arrugas, la piel hirsuta, etc.

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No siempre es lo mismo

Bajé una foto de la RED. Era de una mujer desnuda. La foto, con alta resolución, parecía en tres dimensiones. Si no fuera por su miniaturización y de haberla podido contemplar completa de tamaño natural,  habría causado estragos en mí . Creo que la baje  por sus formas prodigiosas, todas unos centímetros más de lo que señalan los cánones de la belleza femenina, precisamente esos centímetros de más que hacen de la mujer ser objeto de deseo, superando la simple contemplación admirativa. No niego que sentí una incipiente convulsión, y pensé en mis posibilidades. La sometí a todos los aumentos que me permitía mi programa de visión de imágenes, hasta que su resolución se perdía en puntos dispersos. Desafortunadamente, a cada aumento se ocultaba un sector de su cuerpo, y debía pasearla por mi pantalla para encontrarme, de nuevo y aumentado, el sector perdido. Algunos sectores fueron especialmente atendidos por mi lujuriosa mirada.

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La manzana no era la solución

Ella no quería manzanas; no le gustaban las manzanas, de ninguna variedad, ni crudas ni confitadas. Odiaba las manzanas desde muy pequeña, desde que le dieron el primer puré de manzanas como postre o como complemento alimenticio y tuvo nauseas. Las odiaba más porque sus padres insistían en que comiera manzanas, sólo manzanas. A ella le hubiese apetecido comer otra fruta, y lloraba a su madre para que no se las diera. Pero su madre insistía en la bondad de las manzanas: vitaminas, limpiaban la dentadura, regulaba el intestino, y hasta, para animarla, le decía que eran fuente de belleza, que se le pondría piel de manzana, la piel más bonita que una niña podía exhibir con orgullo, o, por lo contrario, su piel sería arrugada si  comía manzanas. Nada de esto la convencía e insistía en que las manzanas le daban náuseas. La madre, preocupada por la carencia de vitaminas que su niña padecía, consultó a un médico. Obviamente el médico le aconsejó que le diera más verdura y otras frutas que le gustaran a la niña.

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A mi pensamiento lo mueven las pulgas

La paloma no vuela, tiene las alas rotas, remendadas,  y son de plata con reflejos de luna. Ella quiere volar y levanta una pata,luego la otra sin bajar la primera. Por un instante se siente suspendida en el aire. Desde esa posición forzada, susurra, grita, reclama  libertad, la libertad que le daba el vuelo sobre la mar negra, esa mar que se interpone entre el amor y el  firme suelo.

Si sus alas fuesen de oro, al menos podría oscurecer al sol, y aun varada en la firme tierra, podría tener el consuelo de ser un Ícaro pequeño.

No hay amores en libertad. Libertad implica el egoísmo de amarse a uno mismo y siempre querer volar, aunque sea sobre el  abismo donde se refugia el dragón de la soledad.

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